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La felicidad es azul

El club, con los pies en el suelo, considera que la victoria dará tranquilidad tras el mal inicio "Soñabais con jugar un derbi", dice Christian a los jóvenes en plena euforia por superar al Sporting

Por la izquierda, en primera filia, Mossa y Christian, Leschuk y Nahuel; detrás, Edgar, Tejera, Obeng (tapado), Javi Mier y Lucas, durante el entrenamiento de ayer en El Requexón.

Por la izquierda, en primera filia, Mossa y Christian, Leschuk y Nahuel; detrás, Edgar, Tejera, Obeng (tapado), Javi Mier y Lucas, durante el entrenamiento de ayer en El Requexón. CAROLINA DÍAZ

Como casi siempre sucede en la industria del fútbol, las sensaciones de un vestuario poco tienen que ver con las de un despacho. Se demuestra en los entresijos del Oviedo, que sigue paladeando la victoria al Sporting en el derbi (1-0) del domingo, el primer bingo del curso tras un inicio titubeante en resultados. La resaca del partido en el bando azul empezó ayer bien pronto en El Requexón. Y se dividió en dos frentes: la tranquilidad de los directivos entre bambalinas y la euforia que todavía estaba muy presente entre la plantilla.

Varios cánticos y gritos procedentes del interior de El Requexón retumbaron ayer de lo lindo en la ciudad deportiva antes de que los jugadores azules saltasen al campo para empezar el entrenamiento. El regusto de otro derbi ganado continuaba. Pasadas las 11.30 horas, los jugadores salieron a ejercitarse en un ambiente de felicidad total. Llevaba la batuta de la mañana bromista Christian Fernández, titular ante el Sporting por primera vez en la temporada. "¡Soñabais con jugar un derbi, eh!", dijo en alto en el calentamiento dirigiéndose a los más jóvenes, entre los que estaban futbolistas recién llegados a la casa como Cedric, Obeng o Nahuel. El comentario de Christian, el más veterano de la plantilla tras Diegui, que debutó en esta campaña ante el Sporting, resume buena parte del desarrollo de la semana en El Requexón.

No hubo más ejercicios motivacionales, pero fueron los jugadores con más años en el club los que se ocuparon de explicar a los más novatos lo que significa un derbi. Algunos lo entendieron al dedillo. "Antes de salir al campo tenía la piel de gallina, está claro que no es un partido más", explicaba un jugador del Oviedo con pocos derbis a la espalda horas después de la disputada del encuentro. "De una forma u otra ganar un derbi es entrar a formar parte de la historia de esos partidos de rivalidad. Y eso impresiona", finaliza.

De la euforia del vestuario, al sosiego de la directiva. En los despachos donde se toman las decisiones del Oviedo, la palabra que más se repetía tras la victoria era la de "tranquilidad". El club considera que el triunfo ante el eterno rival es el perfecto espaldarazo a un buen inicio en juego que no se tradujo en los puntos necesarios. Piensan en la entidad que el éxito en el derbi generará más confianza en el trabajo desarrollado, que consideran va en la línea correcta. Pero hasta aquí el subidón. El objetivo del Oviedo es más ambicioso, sostienen, y el derbi es solo un partido más dentro del calendario de 42 jornadas que se disputan en Segunda.

Para la directiva azul otro motivo de alegría fue que el presidente, Jorge Menéndez Vallina, pudiese ver in situ el derbi en el Tartiere. En el estadio azul también estuvo Federico González, de vuelta en Oviedo tras haber estado varios días en México solucionando los trámites de la ampliación de capital que está en marcha.

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