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El análisis del momento azul: el Oviedo más dominador suma alternativas

En Lugo, los azules se desquitaron de las malas sensaciones ante Fuenlabrada con su choque más dominador del curso: 58% de la posesión

Nahuel remata de cabeza en presencia de Edgar, Obeng, Arribas y Tejera. | LOF

Nahuel remata de cabeza en presencia de Edgar, Obeng, Arribas y Tejera. | LOF

Cuestionado sobre el cambio de estilo del Oviedo, más mandón sobre el terreno de juego del Anxo Carro que de costumbre, el Cuco Ziganda argumentó la evolución en una cuestión de anímica, de confianza. Explicó el entrenador que el equipo se había ido del choque ante el Fuenlabrada con malas sensaciones y que el objetivo era acabar en Lugo con mayor satisfacción por el trabajo hecho. El balón como generador de autoestima. También tuvo que ver el rol de un Lugo cómodo detrás del balón: los de Nafti son el equipo de Segunda que menos tienen el balón en su poder (el 40% del tiempo). El caso es que el Oviedo, el segundo que menos disfruta de la posesión (44%), se plantó sobre el césped del Anxo Carro en la versión más autoritaria de la temporada, con un 58% del tiempo teniendo la pelota, aunque las ocasiones solo llegaron en la segunda parte. Con todo, a Ziganda le sirvió la prueba para añadir nuevos registros a su equipo.

Un conjunto camaleónico. En sus primeros meses en Oviedo, el Cuco se enfrentó a una misión de supervivencia. Se trataba de superar cada semana, tratando de estirar el cuello en la zona pantanosa. Las urgencias clasificatorias evitaban cualquier plan a medio plazo y al equipo le fue bien. Cerró atrás las fugas, se ordenó y sacó réditos del talento arriba. El plan llevó al Oviedo a presentar unos de los mejores números del campeonato en la recta final.

Tejera da un pase presionado por Hugo Rama.. | LOF

La nueva campaña presentaba un nuevo escenario para el técnico. Un proyecto no afectado por la inmediatez de los resultados. Y en esas está Ziganda, tratando de construir un equipo con varios registros. Capaz de dañar cuando el rival expone y deja espacios a su espalda (seguramente la versión más efectiva), que pueda morder en el campo del rival y que, novedad esta en Lugo, no rehúya el protagonismo con la pelota. Se trata, en fin, de que el equipo tenga armas suficientes para transitar por una competición extenuante.

Dominador aunque sin chispa. Da la sensación de que en Lugo se jugó a lo que quería el Oviedo. Que el Cuco había previsto ese partido. Todo pasaba por aprovechar algún chispazo de los hombres de arriba. Pero esa capacidad para saltarse el guion y sacar petróleo de la nada fue lo que les faltó a los azules. Sin Nahuel y Borja en el campo, los improvisadores, todo se volvió un poco más previsible. El Lugo pudo marcar en la primera parte aprovechando algún desajuste atrás que se corrigió en el descanso. El Oviedo pudo hacerlo en el segundo acto, en el que merodeó más veces el área lucense. Pero en general, la sensación es que ni Lugo ni Oviedo habían hecho méritos para llevarse más que los tres puntos.

Un paso adelante de la segunda unidad. Uno de los temores en las últimas semanas es la aparente falta de confianza de Ziganda en alguno de los efectivos de su plantilla. Mujica y Riki siguen en el ostracismo, pero la situación puede cambiar ahora para Cedric, recuperado para la causa. Sacado del olvido para hacerse con la banda izquierda, actuó con profundidad y criterio. Una pieza que puede aportar en el futuro. Como Javi Mier, que nunca defrauda. Quizás le queden kilómetros en la élite para hacerse un hueco y falta por definir su posición, pero el canterano siempre cumple a rajatabla con los mandatos del entrenador. Y en Lugo, especialmente en la primera parte, brilló entre líneas, aportando soluciones con la pelota.

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