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El máster de Héctor Nespral en el Oviedo: triunfa en Unionistas tras aquel año en blanco con Hierro

El ovetense llegó al primer equipo en 2016

Héctor Nespral

Héctor Nespral

Héctor Nespral (Oviedo, 1992) era solo un alevín cuando el Oviedo pasaba por el peor momento de su historia. El infausto año 2003. Jugaba en el Astur, era central, y el club azul le llamó para hacerse con sus servicios. Estaba todo hecho. O casi.

“Lafuente (presidente por aquel entonces) anunció que todos los equipos ‘b’ se suprimirían y me tuve que quedar en el Astur un año más. Me dio pena, pero era lo que había”, dice el mediocentro, que ahora juega en las filas de Unionistas, en Segunda B, y se recupera en su domicilio tras contagiarse de covid. “Estoy bien, sin prácticamente síntomas, pero he perdido el gusto y el olfato”.

El máster de Héctor Nespral

Nespral, ingeniero de Minas con un máster recién concluido, pasa revista a una vida en las categorías inferiores del Oviedo. Su persistencia le llevó a convertirse con pleno derecho en jugador del primer equipo en 2016. Antes pasó por todas las categorías del club. “Cuando llegué la entidad estaba en un momento malísimo. Casi no había medios para entrenar. El Requexón era un desastre y todavía me acuerdo de un generador que utilizaban para que hubiese luz. No era suficiente y la gente llevaba los coches y alumbraba con los faros”.

Las condiciones adversas no fueron impedimento para la ilusión de un grupo de chavales oviedistas. “Yo siempre estuve genial. Ganábamos casi todos los partidos y éramos una piña”. Siendo cadete, a Nespral le llega un momento clave: pasa de central a mediocentro. “Mi carrera cambió ahí, claro. Recuerdo que formaba pareja de central con Coutado y él ahora es mediapunta en el Caudal”.

Christian Fernández defiende a Héctor Nespral, con el balón, en una sesión en El Requexón.

Pasó a juveniles y el cambio ya fue total. “Pichi Lucas me llamó para entrenar y con Pacheta jugué algún amistoso. Si ahora lo pienso es cierto que estábamos en Segunda B, pero para mí era un éxito estar ahí”. Nespral compitió cinco años con el Vetusta. Hubo un momento de muchas dudas y un paso atrás. El técnico era Iván Palacios.

“No contaba conmigo y quise salir. Volví al Astur, que estaba en Preferente. No se me cayeron los anillos por hacerlo y al año siguiente regresé y jugué casi todo con el mismo entrenador. El fútbol tiene muchas cosas que no se explican”, dice Nespral.

Con Iván Ania como técnico del Vetusta, Nespral mostró su mejor versión. Y las primeras oportunidades con el primer equipo llegaron. Su debut se produjo en la última jornada de la temporada 2015/2016 ante Osasuna, sin nada en juego para el Oviedo. Todavía tenía ficha del filial. Meses después, en la pretemporada, llegó su gran momento.

“Llegué a El Requexón por la mañana y un par de compañeros me dijeron nada más verme: ‘Hoy te cambias en el vestuario con nosotros’. Los jugadores del filial solíamos ducharnos en otro aparte. Entrené con la mosca detrás de la oreja y Ángel (Martín González, secretario técnico) me llamó y me dijo que fuese a las oficinas para firmar el nuevo contrato. Faltaban dos días para finalizar el mercado”, recuerda el ovetense.

Nada parecía indicar en ese momento que el prometedor canterano se pasase el siguiente año prácticamente en blanco, con Hierro al frente. “No me esperaba para nada vivir esa situación, pero me puse el reto de no dejarme ir en los entrenamientos. Entrenaba lo mejor que podía por mí y nadie se pudo quejar nunca de eso”, recuerda.

Nespral aprendió a relativizar. “Pasarse un año en blanco es duro, pero de todas las situaciones se aprenden. Me hizo ser más fuerte mentalmente y me ayudó a valorar las cosas más importantes. Hay problemas peores”, recalca. Solo jugó siete minutos en la última cita de la Liga, ante el Elche.

Al ovetense le tocó buscar suerte lejos del Oviedo. Estuvo en el Langreo y en el Barakaldo y ahora triunfa en Unionistas, con el asturiano Hernán Pérez de entrenador. Son los líderes de su grupo en Segunda B. “Estoy feliz y contento. En Salamanca hay mucha rivalidad y se vive mucho el fútbol”. Nespral no descarta dedicarse en un futuro a la ingeniería. “Lo positivo es que puedo elegir lo que quiero. No dependo del fútbol”.

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