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El gran día de Bingen sustituyendo al Cuco: calma sin soltar la gorra

El vasco sustituyó a Ziganda, aislado, y fue un remanso de paz durante todo el partido

Real Oviedo - Albacete, en imágenes

Real Oviedo - Albacete, en imágenes

Esta vez Bingen Arostegi no pudo cantar su segunda victoria dirigiendo al Oviedo. El técnico vasco, mano derecha de Ziganda, se sentó ayer en el banquillo del Tartiere como entrenador principal por la baja del Cuco (aislado tras un contacto estrecho con un contagiado de covid). Fue su primer día en el estadio azul. Bingen, gorra, chándal y acreditación de La Liga bien visible, fue la extensión del navarro mientras este teletrabajaba y, como suele hacer en El Requexón, su seña de identidad fue la calma. Intentó animar a sus jugadores, pero no más de lo debido, y no se perdió en hacer demasiadas indicaciones.

Paseos cortos, de lado a lado en la zona técnica, manos en los bolsillos o en su inseparable gorra, el segundo entrenador fue un remanso de paz mientras el Oviedo firmaba uno de los peores partidos del año. Arostegi se lamentó por el estado del césped en varias ocasiones y luego no tuvo problema en decirlo públicamente cuando por primera vez se sentó en la sala de prensa del Tartiere.

Metido en faena, se centró en dar indicaciones a los jugadores que pilló por su zona: especialmente a Nieto en la primera parte y a Borja Valle y a Nahuel en la segunda. Su interlocutor principal en el banquillo fue Dani Bautista, delegado, y todas las decisiones las consensuó con el Cuco, bien atento desde casa a todo lo que sucedía en el terreno de juego y en comunicación constante con su ayudante. En la primera parte no calentó ningún jugador azul y en la segunda Lucas, Edgar y Borja Valle fueron los primeros en prepararse para saltar al terreno de juego. En el minuto 57 llegó el peor momento para Arostegi: gol del Albacete y mirada hacia el banquillo.

Pocos minutos después, luz verde de Ziganda desde el sofá y Valle y Edgar al campo. Obeng y Borja Sánchez empezaron a calentar poco después. El canterano, tras un momento de confusión, acudió raudo a la llamada de Bingen: fue el único instante en el que al vasco se le vio tenso. Con el pitido del árbitro enfiló a vestuarios y apoyó a varios de sus jugadores. Luego, se presentó en la sala de prensa sin soltar la gorra y, aparte de analizar el partido, valoró su semana más extraña, con el Cuco conectado desde casa. “El míster ha estado al pie del cañón y la gente está muy implicada. Quiero agradecer a toda la gente del club que ha sabido echar un capote y apoyar. Hemos podido tener al míster entrenando desde casa en todo momento. No se ha notado su ausencia”, recalcó.

Esta mañana tendrá que dirigir al Oviedo otra vez en El Requexón. El Cuco seguirá ausente.

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