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Históricos perdidos en la zona gris: las razones por las que Oviedo y Las Palmas no despegan

“Las prisas pesan mucho”, dice Orlando Quintana, portero de ambos clubes y testigo del primer partido de Liga en el nuevo Tartiere

Orlando Quintana, durante un partido con el Oviedo. | LNE

Orlando Quintana, durante un partido con el Oviedo. | LNE

Podría parecer lo contrario, pero el Oviedo y Las Palmas tienen muchísimo en común. A bote pronto, hay tres similitudes de calado. Asturianos y canarios son dos clásicos del fútbol español: el club azul marcha en la 22.ª posición en la clasificación histórica de Primera División y el amarillo en la 23.ª. A los dos les vino fatal cambiar de estadio para sus marchas deportivas. El Oviedo inauguró el Carlos Tartiere en la temporada 2000-2001, en Primera División, y hasta la fecha, época del barro mediante, esa es la última campaña en la que ha tocado la élite. Las Palmas, por su parte, dejó el Estadio Insular en mayo de 2003 y un año después descendió a Segunda B.

De eso han pasado casi veinte años. Y hoy y ahora los dos equipos, que se ven las caras este sábado en el Tartiere (16.00 horas, Movistar), transitan en la gris zona media de Segunda División. Partieron en verano con el objetivo del ascenso y de momento están anclados en la nada. El Oviedo, 14.º con 39 puntos, mira más hacia abajo, con el descenso a cinco puntos. Las Palmas, el 11.º con 44 puntos, todavía alberga alguna esperanza de colarse en el pelotón de arriba, pero vive una campaña decepcionante. “Son dos clubes con urgencias que tienen buenas plantillas. Muchas veces, en los equipos históricos pesan mucho las prisas y la desesperación general”.

Lo dice un exjugador, ya retirado, que atesoró experiencia en ambos clubes. Orlando Quintana (Las Palmas de Gran Canaria, 1993) fue portero de Las Palmas y del Oviedo en diferentes etapas de su carrera y analiza a distancia el gris momento de dos equipos que conoce bien. “El Oviedo tiene un muy buen equipo, pero creo que muchas veces le falta confianza. Le sucedió en el inicio ante el Alcorcón y en la segunda parte contra el Castellón. No es peor que su rival, pero no gana, y al final se queda ni para arriba ni para abajo y con el descenso muy cerca”, explica. En Las Palmas, a juicio del ex meta, la explicación al mal momento es algo distinta. “Llevan años en Segunda y han hecho buenas plantillas, pero a la hora de la verdad no arrancan. Esta temporada han dejado de reforzar posiciones básicas, pero aún así tienen buen equipo y no dan el salto”. La relación de Orlando con Las Palmas y con el Oviedo tiene miga.

Curiosamente, estuvo presente en el primer partido de Liga que se disputó en el estadio Carlos Tartiere tras la mudanza desde Buenavista. Él era el portero suplente de Las Palmas ante el Oviedo de Antic. “Quedamos 2-2. Fue hace mucho tiempo, pero recuerdo que el estadio era espectacular para la época. ¡Era un campo de locos! Lo que sucedió después en el Oviedo fue tremendo y guarda paralelismo con Las Palmas. Mi padre me decía: ‘campo que se inaugura y equipo que desciende’”, explica Orlando desde Las Palmas, donde reside desde que dejó el Oviedo.

Ahora trabaja en una empresa dedicada a la construcción que el mismo fundó tras retirarse del fútbol en el Villa Santa Brígida, de la Tercera División canaria, en 2015. Catorce años antes, en la campaña 2001-2002, debutó en Primera con Las Palmas tras llegar desde la Universidad de Las Palmas, que en ese momento era su filial. Allí estuvo tres temporadas y tuvo una salida abrupta. “Acabé mal con los dirigentes. Me dijeron que mi contrato era inasumible tras el descenso, pero nadie me dio la opción a seguir. Ni bajándome el sueldo. Salió la opción del Celta gracias a Sabino López, que sería el que luego me ficharía para el Oviedo”, rememora. Tras pasar por el Lorca, Mérida, Pontevedra y Ponferradina llegó al Oviedo en el mercado de invierno del 2012, pocos meses después de la ampliación de capital en la que entró el Grupo Carso. Orlando jugó una temporadas y media en el Oviedo. “La primera temporada no fue mala a nivel general, aunque yo tuve varias lesiones. Jugamos el play-off en Segunda B y nos eliminó el Eibar, que era un equipazo. La segunda fue un desastre, un horror. Yo tuve alguna mala experiencia con la afición, pero son cosas que van en la nómina de un futbolista”. Ahora, dice, solo guarda buenos recuerdos de la ciudad y sus excompañeros y seguirá muy atento a la evolución de ambos clubes que, de momento, siguen perdidos en la zona gris.

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