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La increíble vida de un histórico del Oviedo: Campos tenía sangre azul

El centrocampista azul de los 40 en realidad se llamaba Lucio Marqueta y descendía de los Marqueses de las Navas

Lucio Marqueta, con su libro

Lucio Marqueta, con su libro Miki López

Pedro Marqueta ha evitado que una historia que merece ser contada sea borrada por el olvido. Un relato que le fue desgranando su padre, un conocido jugador del Oviedo de los años 40, noche tras noche y que ahora ha quedado fijado para siempre en las páginas de “Largas noches. Marqués de La Alpargata”, un libro que se ha autoeditado él y que cuenta un cuento que pasó de verdad. En él hay nobles, villanos, héroes, algunas victorias y bastantes derrotas.

Lucio Campos fue un futbolista que llegó al Oviedo en 1940. Era un reputado centrocampista de Zaragoza que se había hecho importante en el Espanyol de antes de la Guerra Civil. Con el conjunto barcelonés llegó a ganar la primera Copa del Generalísimo justo antes de fichar por un Oviedo que vivía por entonces una de sus etapas más doradas, siempre entre los equipos punteros de Primera División. Campos se terminó asentando en el Oviedo y en Oviedo, donde nacieron sus hijos y donde formó una familia. También en Oviedo cerró el círculo de su propio biografía.

El Oviedo de Campos: en la fila de arriba, por la izquierda, Sirio, Llorente, Emilín, Chas, Pena y Herrerita; agachados, Román, Campos y Antón. LNE

Y es que Lucio Campos en realidad se llamaba Lucio Marqueta Navasa, nombre que le puso su abuela biológica, la Marquesa de Las Navas, y con el que se hacía constar que Lucio en realidad era descendiente de esta familia de la alta nobleza. La madre de Lucio, Margarita, se quedó embarazada de él cuando trabajaba como doncella en el Palacio de los Marqueses de las Navas, en Ávila. Al poco de nacer, fue separado de su madre y trasladado al Hogar Pignatelli, en Zaragoza, donde se le dio en acogida a una familia de la que tomó sus nuevos apellidos, Campos Sanz. Era una familia humilde, que regentaba un colmado y que para Lucio siempre fue su verdadera familia. De hecho, lo de “Marqués de la Alpargata” le viene de su padre adoptivo, Pedro, que era alpargatero y que le enseñó el oficio.

Fue jugando en las calles de Zaragoza donde un ojeador lo vio y se lo ofreció al Zaragoza, que lo rechazó. No así el Espanyol, donde se fue a probar y donde en poco tiempo se hizo un hueco. Corría el año 1932 y todo fue bien hasta que estalló la Guerra Civil y le llamaron a filas para defender al legítimo Gobierno de la República ante los sublevados. Estando en el frente le llamaron para jugar con la selección española en Francia y en ese viaje todo el equipo fue detenido por el ejército Nacional. Lució acabó en un campo de concentración en la plaza de toros de Santander con otras 10.000 personas. Los fusilamientos eran el pan de cada día. “Estuvo más de un año allí, una vez se libró de ser fusilado porque un soldado de los nacionales le reconoció”, explica su hijo.

El 1 de abril de 1939 acabó la guerra y Lucio fue liberado, volvió a jugar con el Espanyol, con el que ganó la Copa, y después aceptó una oferta del Oviedo. “Era la época dorada del Oviedo, con Carlos Tartiere de presidente; él fue el principal causante de que fichara aquí”, explica Pedro Marqueta. Una época en la que no era extraño ver al Oviedo golear al Madrid o al Barcelona. Sucedió que, cuando fichó por el Oviedo, le pidieron la partida de nacimiento y en el Hogar Pignatelli se la dieron: su nombre era Lucio Marqueta Navasa. Él sabía que había algo extraño pero no el porqué.

Un tiempo después entró en escena Cristina, hermana de Margarita, la madre biológica, que vivía en Oviedo y que un día se encontró con Lucio y le dijo que probablemente fuera su sobrino. Las piezas del puzle se fueron uniendo y Margarita vino a conocer a su hijo. Ella había rehecho su vida con un gallego que había amasado dinero y se instalaron en Somió, en Gijón. “Me acuerdo de verlos llegar, ella con su marido, fue muy emocionante el encuentro. Después recuerdo también ir de vez en cuando a su casa en Gijón, pero mi padre siempre fue un poco reticente”. Él era hijo de Demetria y Pedro, un alpargatero de Zaragoza.

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