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Carlos Hernández se despide del oviedismo: “Me da mucha pena irme del Oviedo, he sido muy feliz aquí”

“Anquela es el mejor entrenador que he tenido en el club azul, a nivel deportivo y personal; conoce bien la categoría y estudia mucho al rival”

Carlos Hernández. |

Carlos Hernández. | Luisma Murias

Carlos Hernández llegó al Oviedo sin hacer mucho ruido, procedente del Lugo, y pronto empezó a llamar la atención por ser un central con mucho gol. En su primera campaña de azul, la 2017-18, marcó seis tantos y se convirtió en uno de los centrales fijos en el once partido tras partido. El que acaba de terminar ha sido el curso en el que menos ha jugado. Su conclusión es que es momento de poner punto final a su paso por el Oviedo: “He cumplido una etapa”.

–¿Qué va a hacer?

–Acabo contrato con el Oviedo y ya me despedí del club. Ahora me voy de vacaciones y quiero desconectar del fútbol. Luego hablaré con mi agente y me reuniré con él para evaluar opciones.

–¿Qué le dijo al club?

–Me despedí de la gente y ya está. En el Oviedo ya he cumplido una etapa. Me agradecieron mi compromiso y mi trabajo.

–¿Fue duro decir adiós?

–Sí, mucho. En Oviedo estuve muy bien y ha sido el sitio del que más me ha costado irme. Me da mucha pena porque fueron cuatro años. Espero volver algún día porque he hecho grandes amistades más allá del fútbol. Tuve aquí a mis dos perros (“Leo” y “Mio”, de la raza chow chow) y gracias a ello conocí a mucha gente e hice muchos amigos por el barrio de Montecerrao. Nos da pena irnos, tanto a mi pareja como a mí, y se me hace duro pensar en que habrá gente a la que casi no vuelva a ver. Volveré de visita, eso seguro.

–Llegó en 2017 y era prácticamente un desconocido.

–Sin duda. ¡Y acabé jugando 38 partidos! Me acuerdo de que incluso recibí el premio a mejor jugador de la Liga en diciembre. Fue un año bueno, con Anquela, en lo individual y en lo colectivo.

–¿Cuánto le debe a Anquela?

–Mucho. Cuando llegué no lo conocía de nada, aunque los dos somos de Jaén, y acabé teniendo un trato buenísimo. Nos tenemos mucho cariño. Me hizo fácil mi llegada y adaptación a un equipo tan grande como el Oviedo, que era difícil para mí. Me llamaba cada día y hablaba mucho con él.

–¿Es complicado ser futbolista del Oviedo?

–Sí, y lo sabía antes de llegar. Llamas a antiguos compañeros y todos te dicen lo mismo: ciudad bonita, club bueno y afición exigente. Pero eso es lo bonito del fútbol. Yo viví las dos caras. La buena: ser un jugador importante y estar cerca de play-off. Y la mala, jugar mucho menos y estar muy cerca del descenso.

–¿Se ha sentido valorado?

–Mucho. La afición nunca me ha tratado mal. No puedo hablar mal de ella, ni de la ciudad ni de la prensa. En los peores momentos me he sentido valorado.

–Usted fue perdiendo protagonismo con el paso de las temporadas, ¿por qué?

–Quizá me fui metiendo más presión con el paso del tiempo, pero en mi segundo año tuve una lesión que me mató. Fue una buena temporada, pero no recuperé totalmente el nivel físico. Este año me tocó el covid y no pude hacer una buena pretemporada. Cuando fui titular, ante Las Palmas, me volví a lesionar y me costó más entrar. El entrenador no me dio la confianza de antes y perdí nivel competitivo.

–¿Qué ha pasado estas dos últimas temporadas? De luchar por el play-off a pelear por la salvación.

–Hace dos, la 2019-2020, fue un sufrimiento para todos. La que acaba de terminar no fue buena, pero viniendo de lo anterior... La verdad es que hace dos años lo pasamos realmente mal. No se hace una idea. Mi familia y mi pareja lo acabaron pagando. Vimos el descenso muy cerca, pero nos agarramos a la categoría y tuvimos la suerte de tener un gran vestuario.

–De los cuatro entrenadores que tuvo en el Oviedo... ¿se queda con Anquela?

–Es el mejor que he tenido en el Oviedo, a nivel deportivo y personal. Conoce bien la categoría y estudia mucho al rival. Y futbolísticamente acertó. El cambio de sistema nos vino muy bien como equipo y a mí como jugador.

–¿Cómo era Egea?

–Totalmente opuesto a Anquela, en el sentido de conocer la categoría y los jugadores. Era muy buena persona y no puedo decir cosas malas como entrenador, pero tampoco buenas.

–¿Qué nos dice de Rozada?

–Javi vino con muchas ganas, pero creo que le mató ser más aficionado del Oviedo que entrenador. Lo vivía con mucha pasión y eso no le ayudó a la hora de tomar decisiones. Es un tío de fútbol, que analizaba bien los partidos, pero creo que falló en eso.

–¿Por qué dice que le mató ser aficionado?

–Por todo. Sus amigos son de Oviedo, por ejemplo, e igual le metían caña, él se ponía muy nervioso y eso no puede ser. Creo que a veces se dejó influenciar. Pero, insisto, no me parece mal entrenador y le veo futuro.

–¿Y Ziganda?

–Es un currante del fútbol que hace los deberes. No he tenido mucha suerte con él, pero no puedo decir nada malo. Sí es cierto que en algunos momentos eché de menos jugar. Cuando perdimos en casa contra el Albacete me quedé en el banquillo y es el día que más rabia tuve.

–¿Cuál fue su mejor momento en cuatro años en Oviedo?

–Facilísimo: los derbis. Brutal. Nunca lo olvidaré. Sobre todo, el primero en casa (2-1). La previa, el ambiente en el hotel, la semana… Fue una locura y me di cuenta de lo que significaba el Oviedo. No creo que vuelva a vivir una situación así en mi carrera. Y, aunque no es para celebrarlo, también me quedo con la salvación del año pasado. Fue una liberación tremenda después de todo lo que había pasado. Me acordé de Anquela y sus famosos 50 puntos.

–¿Cómo se recupera un vestuario de un palo tan duro como la muerte de Arnau?

–Es algo que nadie se espera y un palo durísimo. Nos hizo reflexionar sobre la vida y poner en la balanza los problemas de verdad. Nadie se esperaba que pudiese pasar algo así y nos dejó muy fastidiados. Arnau era un tipo cercano. Yo no jugaba mucho y se preocupaba siempre por mí, me apoyaba a muerte. Le tengo que estar agradecido.

–¿Qué necesita el Oviedo para optar a ascender?

–Cuatro cosas. Lo primero, un buen vestuario en la parte humana. Lo segundo, una plantilla amplia y competitiva, que tenga muchos jugadores, porque la Liga es larga. Después, tener 3 o 4 jugadores determinantes para marcar la diferencia. Y, por último, un delantero que meta veinte goles. Pero lo más importante es tener un buen vestuario.

–¿Quiere despedirse de la afición?

–Solo quiero decirles que gracias, que se he sido muy feliz y que el Oviedo es el mejor club en el que he estado. Siempre lo llevaré en mi corazón y desde hoy soy un aficionado más. Espero verlo pronto en Primera, que es donde debe estar.

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