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El Oviedo gana en Ponferrada y Ziganda coge aire: la crónica del partido

Obeng y Borja Bastón anotaron los goles azules, que ponen fin a una racha de seis semanas sin ganar

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Las imágenes del partido del Oviedo Área 11

Borja Sánchez juega y Borja Bastón golpea. El primero se expresa en contacto con la pelota, con un estilo inconfundible, cabeza erguida y conducción elegante. El segundo representa la versión más práctica; siempre busca el camino más corto entre el balón y la red. Y lo suele encontrar. Ayer, un chispazo entre ambos, a diez minutos del final, cuando el choque se encaminaba a otro empate, sirvió para desatascar todo. Entre los Borjas cogieron el boleto ganador, un tesoro en el casi inexpugnable Toralín, para borrar de un plumazo, o de un derechazo, la peor racha de los azules, ayer de rosa, en la categoría. El 1-2 cierra la dinámica de seis jornadas sin ganar y le manda una vida extra a Ziganda. La necesitaba.

El Cuco es el principal reforzado del triunfo de ayer. Porque de no haber acabado así la tarde, quién sabe si podría haber sido su último capítulo en el banquillo azul. No es que el triunfo elimine todos los males del equipo, ni mucho menos: durante muchos minutos el Oviedo fue muy inferior a su rival.

 En su hoja de méritos, no salirse nunca del partido, agarrarse a una tabla en medio de la tormenta y esperar su momento. Llegó con la varita de Borja Sánchez, en un tramo final que sí da motivos para el optimismo.

Femenías

APROBADO

No pudo hacer nada en el gol de la Ponfe, desviado el tiro en la cabeza de Costas.

Isaac

APROBADO

Empezó muy frío, encarado

en su banda, pero se fue entonando con el paso

de los minutos.

Costas

NOTABLE

Queda la duda de si Femenías hubiera podido parar el remate de Ríos Reina de no tocarlo. Pero estuvo firme.

Arribas

NOTABLE

Primera titularidad del año, apagó bastantes incendios, pero fue sustituido por problemas musculares.

Mossa

NOTABLE

Cumplió su papel en la banda, en un choque que no era sencillo por el juego local.

Sangalli

APROBADO

Aún le faltan minutos para encontrar su mejor versión.

Jimmy

NOTABLE

Correcto siempre y ayudando al equipo en la presión.

Brugman

APROBADO

Siempre intenta dar soluciones con el balón, cosa que se agradece.

Viti

APROBADO

Solo se vio una vez, pero sirvió para servir a Obeng el gol inicial del Oviedo.

Bastón

NOTABLE

Está de dulce y su trabajo impagable está sumando goles. El de ayer, decisivo.

Obeng

NOTABLE

A pesar de malograr dos opciones claras fue un quebradero de cabeza.

Pombo

APROBADO

Parte del mejor momento

del Oviedo en el partido.

Jirka

APROBADO

Intentó abrir el campo.

Calvo

APROBADO

Cumplió al final.

Lo primero fue la versión menos excelsa. La de un Oviedo dubitativo ante una Ponferradina que tenías las cosas muy claras. Ziganda introdujo cambios en todas las líneas, con Isaac debutando, pero el asunto de primeras no parecía funcionar.

Pero, novedad importante, tuvo el Oviedo ese golpe de suerte que le había faltado en otras ocasiones: a la primera que pisó tierra enemiga, dio el golpe. Sucedió a los 12 minutos. Viti ganó a su par tirando de cilindrada, centró con la zurda y el balón se convirtió en caramelito al toque con un defensa. Obeng, que seguía con interés la jugada, remató de cabeza a la red. La jugada se había iniciado en un saque de banda.

El 0-1 sentó como un cumplido a un equipo con la autoestima por los suelos. Una invitación a pensar que esta sí podía ser una buena tarde. Creció la moral, aunque no el juego del Oviedo. La Ponferradina llegaba con cierta facilidad a las inmediaciones de Femenías, pero la zaga se mostró contundente. Costas acudió al rescate cuando Yuri iba a engatillar y Arribas despejó un chut de Ojeda. El muro azul se tambaleaba, pero seguía erguido. Más que una batalla futbolística, el Oviedo se había embarcado en batalla de fe. Donde el juego no llegaba, alcanzó el orgullo.

Y a pesar de que la Ponfe mandaba, la más clara fue visitante. Obeng amagó y se llevó a su par al espacio, pero cuando encaraba a Amir se echó en falta su versión más egoísta, la que buscara directamente el gol. Porque a la versión altruista le faltó precisión en el pase a Bastón. Amo despejó antes de que rematar el nueve.

Tras el descanso siguió mandando la Ponfe pero ya no era el agobio de la primera mitad. Pero como el fútbol tiene estas cosas, fue entonces cuando acertaron los locales. Ríos Reina, un incordio, recortó hacia dentro y tiró con la derecha y la pelota se fue a la escuadra tras rozar en Costas. Ahí sí tembló el Oviedo como un castillo de naipes. El poste rechazó el intento de Saverio en unos momentos, minuto 58, en que el equipo parecía grogui.

A los 64 salió Borja Sánchez. Al equipo le cambió la cara. Y, como pueden suponer, no fue casualidad: una cosa llevó a la otra. La Ponfe bajó intensidad con el paso de los minutos y a Borja le dieron espacio, justo lo que más disfruta. Bastón, de chilena, pudo hacer el segundo, aunque más clara fue la de Obeng, a pase de Brugman, que estrelló en Amir.

Ya estaban Pombo y Jirka, más madera, sobre el campo cuando el Oviedo gritó de liberación. Mossa encontró a Borja y este, con el periscopio, a Bastón, que estaba donde tenía que estar y que hizo lo que tenía que hacer: rematar a la red. La jugada había empezado, adivinen, de un saque de banda. Un detalle que enfureció a Bolo, técnico local, que entendía las jugadas de los goles evitables.

Murió el partido en el área del Oviedo, lógico, colgado el equipo en su área, con un muro de hormigón que ningún ataque de Yuri y los suyos pudo resquebrajar. Respiró aliviado Ziganda y sonríe otra vez el Oviedo: el equipo no se había olvidado de ganar.

Lo que el ojo no ve

Como sucede habitualmente, los jugadores suplentes elegidos por Ziganda salieron al césped de El Toralín una hora antes del choque mientras los titulares se preparaban para la batalla. Tiempo para pisar al campo y diseccionar mentalmente el partido. Y para repartir mensajes.

Rubén Reyes estuvo con los suplentes dialogando un buen rato en el banquillo. Muy expresivo, el director deportivo explicaba algo con vehemencia a algunos jugadores: Joni Montiel, Cornud o Pombo estaban en la charla con el jefe en lo deportivo. Minutos antes, el asturiano había cruzado un cambio de impresiones con José Ángel Ziganda que, como es habitual, no se dejó ver mucho sobre el césped en la previa.

A unos cinco metros de los suplentes y Reyes, otro grupo, este de representación del club, con Federico González, máximo responsable de Carso en el Oviedo charlando sosegadamente con David Alonso Mata, gerente y confidente del mexicano.

Después, González cambió de interlocutor y habló con Bingen Arostegi, segundo técnico de Ziganda. En todas las conversaciones a ras de césped se palpaba el ambiente algo tenso, de partido importante.

Apenas había bromas, ni gestos cariñosos. Rictus serio. El Oviedo se jugaba mucho.

También se percibió en el palco. Amplia representación asturiana, con el presidente Jorge Menéndez Vallina formando parte de la comitiva. Junto a él, Manolo Paredes, otro que no falla. Solo el final del partido alivió, un poco, el gesto serio de los presentes.

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