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Segunda División | Los equipos asturianos

Dani Calvo, el muro del Oviedo: el defensa que pegó el estirón con 16 años

El aragonés, líder silencioso de la defensa, crece en el sistema de Ziganda | El zaguero fue entrenado por su padre de pequeño hasta que el Numancia lo fichó para juveniles y Anquela lo lanzó a la élite

A la izquierda, Blanca Calvo, Leyre Ballesteros, Ramón Calvo, Blanca San Román, Dani Calvo y Laura Calvo. En el centro, Dani en alevines. A la derecha, con su hijo Lucas. | | R. C. / REAL OVIEDO

Hubo un momento en la vida de Dani Calvo (Huesca, 1994) en el que el deporte se colaba en casa y los asuntos domésticos en el deporte. Las líneas divisorias no estaban claras. El ahora férreo central del Oviedo despuntaba en tres deportes cuando era niño: fútbol, natación y tenis. Su padre, el exfutbolista profesional Ramón Calvo, le entrenó desde los 5 a los 12 años solo interrumpido en un par de temporadas y forjó las condiciones de un, por entonces, prometedor centrocampista. Su madre, Blanca San Román, monitora en el club J10, le instruía en la piscina. “Había algunas cuestiones futbolísticas que se colaban en casa, sí”, reconoce Ramón Calvo al otro lado del teléfono. Finalmente, el fútbol se impuso a la natación y al tenis, y hoy el Real Oviedo disfruta en su zaga de uno de los defensas más graníticos del campeonato. Un muro de 1,93 metros.

Blanca Calvo, Leyre Ballesteros, Ramón Calvo, Blanca San Román, Dani Calvo y Laura Calvo. R. C.

Y eso que su ventaja de altura no siempre le acompañó. “Dani tardó en crecer. Fue con 16 años más o menos cuando pegó el estirón. Antes estaba en la media, incluso un poco por debajo”, recuerda su padre que fue defensa del Huesca, Deportivo y Valladolid en los 80. Cuando Ramón empezó a cincelar a Dani en el terreno de juego, de primeras pensó en un centrocampista. “No se le daba mal, actuaba por delante de la defensa, más posicional”, relata.

Dani Calvo, en alevines con el Peñas Oscenses. R. C.

El chico empezó a sobresalir en conjuntos locales de Huesca, en el Escuela de Fútbol Oscense (EFO) hasta alevines y en el Peñas Oscenses después. Y como a todo futbolista, le llegó el momento de tomar una decisión. “La decisión” que podía cambiar su camino a la élite.

“Dani había estado muy bien en su segundo año de juveniles con el Peñas Oscenses y quería jugar su último año en la categoría en División de Honor. Tuvimos opciones en equipos aragoneses, también el Huesca se interesó por él, pero estaba en Liga Nacional. Y apareció el Numancia”, cuenta Ramón Calvo.

Dani superó una prueba y con 18 años se mudó a Soria para jugar en la máxima categoría de juveniles. Se emancipó en busca de su sueño, ser futbolista. De ahí al filial, con una progresión destacada. Para entonces, ya era un tallo que sobrepasaba los 1,90 metros y se había asentado en la defensa, un puesto que parece casar con sus condiciones. Y como en toda historia de un futbolista en busca de la cima, el zaguero necesitó del impulso de un padrino. En su caso fue el entrenador del primer equipo del Numancia. “Anquela fue decisivo en la carrera de Dani”, dice Ramón sin rodeos.

Dani Calvo, con su hijo Lucas. R. O.

“¿Que qué le vi?”, se pregunta Anquela cuando le cuestiona por el zaguero, “más que ver, adiviné. Adiviné lo que podía ser, lo que es hoy en día: un central que se coloca bien, que con el balón sabe, que va de cabeza y es ordenado”. El extécnico del Oviedo se había sorprendido en los partidillos que jugaban en el filial y lo reclutó con los mayores. Con 19 años, jugó un encuentro en la 2013-14. Al año siguiente, 14 partidos, incluido el sprint final, con el Numancia, donde se asentaría en el fútbol profesional.

Pacheta supo exprimir su juego en Elche, con el que tocó la Primera División. Y en la máxima categoría fue decisivo en el tramo final para asegurar la permanencia. A muchos les sorprendió que con esa hoja reciente de servicios acabara en Segunda, pero Rubén Reyes estuvo rápido en la operación. “El Oviedo nunca es un paso atrás. Nunca”, subraya Anquela.

Reservado, callado, aunque competitivo en el campo, Calvo, el segundo de tres hermanos y con el grado de maestro en educación infantil, es hoy por hoy uno de los líderes silenciosos de este Oviedo que trata de construir una candidatura desde la defensa. Forma junto a David Costas una de las parejas más eficientes de la categoría.

“No me extraña lo que está viviendo en Oviedo. Es un pedazo de defensa. No hace ruido, pero es cien por cien efectividad”, proclama Anquela, que traza su perfil humano: “Es una persona excepcional. Humilde, callado, con una buena familia detrás. Alejado de lo que se ve por ahí, porque el fútbol a veces deforma a las personas. Dani es muy centrado y educado”.

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