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El presidente de las peñas del Oviedo hace balance: "Fue una gran responsabilidad"

Javier Pérez, en la parada de taxis ubicada frente al Ayuntamiento de Llanera, con una bufanda del Oviedo. | Irma Collín

Javier Pérez (Avilés, 1986) empezó como taxista prácticamente a la vez que llegó a la presidencia de la Asociación de Peñas del Oviedo (APARO). Era diciembre de 2017. Hoy, en noviembre de 2021, su mandato llega a su fin: acaba en quince días y no se presentará a la reelección. “Fue un orgullo y una gran responsabilidad ocupar el puesto”, dice en esta charla con LA NUEVA ESPAÑA, en la que hace balance de cuatro años intensos y complejos para las peñas azules, con una pandemia que llegó a dejar a cero la actividad y con los ingresos mermamos por la desaparición del tradicional chiringuito de San Mateo debido al cambio de modelo que realizó el Ayuntamiento carbayón. Pérez empieza desde el principio. Pasó de ser un peñista más a ocupar el cargo de vicepresidente. “Yo estaba en la peña Iris y Miguel Vicente (en ese momento presidente de la APARO) me dijo que hacía falta gente. Era un cargo de responsabilidad y sabía que tenía que involucrarme más”. Era la temporada 2016/2017.

“Lo primero que me tocó fue organizar los aniversarios de las peñas y también ocuparme de las inauguraciones”. No era sencillo. El momento social del Oviedo tras decir adiós al barro en 2015 era óptimo y muchos aficionados se lanzaron a crear asociaciones de hinchas. “Fue un auténtico boom que nos tocó gestionar como pudimos. Prácticamente salíamos a peña por semana”, recuerda el avilesino. En septiembre de 2017, Miguel Vicente dimitió como presidente de las peñas y Pérez se puso al mando de una comisión gestora antes de asumir la presidencia de pleno derecho. “Implicó tener más visibilidad y además era la época en la que LaLiga era cada vez más exigente con los aficionados. Para organizar cualquier viaje había que mandar no sé cuántos datos y al principio se nos hacía difícil. Otro tema clave era la organización del chiringuito de San Mateo, algo que era vital para nuestros ingresos”, dice Pérez. Pese a la pérdida del chiringuito y también la caída de ingresos por otras actividades que se cancelaron debido a la pandemia, la APARO registró un balance positivo en las cuentas de las dos últimas temporadas.

Pérez hace énfasis en valorar a las personas que le han acompañado en estos cuatro años. Su vicepresidente es todavía Jaime Campillo, un hincha muy popular y conocido en el oviedismo al que siempre se le ha atribuido mucho poder en las peñas. Pérez dice que forma parte de la leyenda urbana.

“Campillo lleva muchos años aquí y sabe dónde pisa. Es voluntarioso y moriría por el Oviedo, para mí es un amigo y su supuesto poder es algo que se vende desde fuera y no es la realidad. No hace lo que quiere y siempre lo consulta todo”, dice el todavía presidente. Según él, las peñas no tienen el poder de influencia en el club que podría parecer. “Hay colaboración, pero no poder. Siempre hemos tenido buen trato con el club y nos permiten llegar hasta donde pueden”, dice Pérez, que se muestra especialmente orgulloso de haber contribuido a acercar al equipo a los aficionados durante su mandato. “El ambiente estaba un poco frío cuando llegamos y conseguimos darle la vuelta”. Lo peor de su etapa, opina, ha sido el “maltrato” a los aficionados azules en varios viajes. “El aficionado está en un segundo plano y el negocio es un monstruo imparable”, asume Pérez, que el 15 de diciembre dejará el cargo a una directiva muy continuista, con más presencia femenina y en la que la líder podría ser una mujer.

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