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De héroe del ascenso a trabajar en el campo: así es la nueva vida de Sergio Egea

El entrenador, que medita su retirada, se ha ido a vivir con sus tíos a La Dulce, pueblo argentino de 2.000 habitantes, y ayuda con los cultivos y la ganadería. “Me va esta vida de ermitaño porque siempre he dicho que yo soy un pueblerino”, dice el técnico que devolvió al Oviedo al fútbol profesional

Sergio Egea, en la finca de La Dulce, con el ganado de fondo. | S. E.

La conversación, que debía tratar sobre la pelota, vira rápido hacia el agua. “Verás, aquí es agricultura de secano, así que dependemos del agua”, proclama Sergio Egea Rueda (Laferrari, Argentina, 1957). “Nos pasamos el día mirando al cielo. ¡Si no llueve, estamos jodidos!”. De héroe del último gran ascenso del Real Oviedo a una vida pausada en el campo. El cambio de guion en su vida es llamativo.

–¿Por qué el cambio?

–Me apetecía volver. Salí de casa con 15 años, he pasado más tiempo en España que en Argentina. Y me gusta esta rutina, de campo, de tranquilidad. Me va esta vida de ermitaño porque siempre he dicho que yo soy un pueblerino.

–¿Y el fútbol?

–(Se piensa la respuesta). La edad influye, y cada vez va a apareciendo chavales jóvenes más preparados. No sé… Solo si hay una oferta interesante, un proyecto sólido, me animaría. No me vuelvo loco por entrenar. La vida sigue.

Egea, junto a su primo Manuel Rueda, ante un campo de girasoles. S. E.

La Dulce, provincia de Buenos Aires, es el escenario de este retiro espiritual. Un pueblo de apenas 2.000 habitantes que en su día recibió una significativa llegada de daneses, con una economía basada en la agricultura y la ganadería. Está a 15 kilómetros de Laferrari, donde nació Egea, y a 60 de Necochea, donde se crio. “Aquí trabajaban mis papás, ya fallecidos, y tengo un campo, de unas 600 hectáreas, que alquilo a mis familiares”, aclara el entrenador, que es hijo único.

Allí en La Dulce, Egea se ha instalado con sus tíos, Horacio Rueda, de 77 años, al que califica como “mi ídolo”, y su esposa Nora. También residen allí otros dos tíos y cinco primos, con sus sobrinos. Su esposa, Felicidad, irá próximamente. Sus hijos siguen en España.

La vida sencilla, sin alardes, que retrató Antonio Mercero en los 70 en “Crónicas de un pueblo” es la que se agarra ahora un entrenador que hace no tanto no podía pasear por Oviedo sin que le pararan para charlar de fútbol.

–¿Cómo es su día a día?

–Aquí madrugamos, desayunamos juntos y después echo una mano en lo que haga falta. Recorro el campo con mi tío. También acompaño a mis primos Manuel y Gastón. Sobre todo, me encargo del ganado, de que no les falte de nada.

–¿No le ha costado cambiar el chip?

–Esta siempre ha sido la vida de mi familia. Yo me arreglo, aunque no me meto en asuntos más complicados. Estoy con el ganado en los campos de pastoreo, me preocupo de que no tengan infecciones o heridas. De vez en cuando me paso por los molinos de viento para comprobar que funcionan como deben.

Egea, con Arturo Elías celebrando el ascenso de Cádiz.

–¿Le reconocen?

–No, no. Y lo prefiero así: nunca me ha gustado el protagonismo. Yo siempre he sido educado con todo el mundo pero solo me gusta pararme a hablar con alguien si este me cae muy bien. Además, he hecho toda mi vida fuera de Argentina. Aquí me quedan solo un par de amigos. Y no se hace vida social como en España. Los planes consisten en reunirnos en familia en una casa y tomar unas empanadas.

Allí, en ese ambiente tan diferente a un campo de fútbol, Egea ayuda a la familia Rueda, apellido heredado de su madre, en lo que pueda. Hay dos cosechas importantes en el año, explica. La primera, entre diciembre y enero, de cebada y trigo. La segunda, en la que trabajan ahora, de soja, girasol y maíz.

Y está el ganado, su tarea. “Mis papás decidieron en su momento vender el ganado y se quedaron con el cereal. Las reses son de mis tíos”, aclara. “Aquí tienen hereford (raza bovina de piel roja y cabeza blanca muy común en Argentina). Están siempre al aire libre, nunca quietos. No se les encierra. Lo más importante es que no les falte agua, porque ahora beben más que comen. El otro día llegamos a los 43 grados”, cuenta. “La carne que sale de aquí es deliciosa. Ya sabes lo que se dice de la carne argentina”, corona.

"Vendí mal mi imagen. Creo que ahí podría haber mirado más para mí, haberme aprovechado más"

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–¿No echa de menos los banquillos?

–Son muchos años, he vivido grandes experiencias, pero también es una vida sacrificada, de mudarte cada poco. Echando la vista atrás estoy satisfecho, pero creo que me han quedado cosas en el tintero.

–¿Cuáles?

–Vendí mal mi imagen. Creo que ahí podría haber mirado más para mí, haberme aprovechado más.

–Oviedo.

–Lo que más echo de menos. Es el lugar donde me he sentido más querido. Nunca he visto una ciudad tan pasional con su equipo. Nunca. Cuando perdíamos no salía de casa por no ver la desilusión de la gente. Marcó mi carrera, con sus momentos buenos y malos. Con todo.

–¿Ha vuelto a ver las imágenes del ascenso de Cádiz?

–¡Claro! Mis hijos tienen recopiladas las fotos y los videos en un “pendrive” y de vez en cuando, alguna tarde, los vuelvo a ver y me levanta el ánimo. Lo veo y se me caen las lágrimas.

Egea tocó el cielo en mayo de 2015. Él guiaba al equipo que devolvió al Oviedo al fútbol profesional con aquella recordada eliminatoria en el Carranza. “Yo solo tenía que gestionar la plantilla, que no saliera la vena de entrenador. ¡Mamita querida qué plantilla teníamos!”, expresa quitándose importancia.

También dirigía al conjunto azul al curso siguiente (15/16). Los azules estaban en play-off cuando todo estalló por los aires. Un enfrentamiento en un entrenamiento con algunos futbolistas, una reunión posterior en el vestuario y una dimisión irrevocable.

Egea, el día de su primera despedida. I. Collín

–¿Cómo ve en la distancia aquel episodio?

–Me arrepiento y siempre me arrepentiré de la decisión que tomé. No sé si hubiéramos subido, pero hubiéramos jugado el play-off seguro. Hubo una discusión innecesaria, seguida de una reunión en caliente innecesaria. Y una decisión desacertada por mi parte. Los que llevaban la voz cantante cuestionaban mis formar, pensé que estorbaba y que si me quitaba de en medio se podía ir el problema. Lo hice pensando en el grupo, pero me equivoqué: debí pensar más en mí.

Ha dicho Generelo a LA NUEVA ESPAÑA que viéndolo con perspectiva él no era la mejor opción para ser entrenador.

–David, que es buena gente, seguramente se habrá dado cuenta que lo que se cuenta en la teoría no se parece a la práctica. No es fácil tomar decisiones sobre jugadores que haca nada eran tus amigos.

–¿Habló con él después de aquello?

–No. Sí mantengo contacto con Esteban. Y alguna vez he hablado con Johannesson, Jonathan Vila, Toché, Cerveró (lo sigue pronunciando acentuado en la “o”)…

–Su despedida, con miles de aficionados ovacionándole en el Tartiere, siempre será recordada.

–Me emociono recordándolo. Era impensable para mí, no me esperaba aquella despedida. Ver a toda esa gente reunida solo para darme el adiós es tan bonito como cualquier triunfo que se pueda lograr.

"Me arrepiento y siempre me arrepentiré de la decisión de dimitir en 2016. No sé si hubiéramos subido, pero hubiéramos jugado el play-off seguro"

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Aquella primera experiencia, aunque de forma abrupta, se cierra con un gran sabor de boca. El que dan los resultados y una forma de ser que cuajó en el Tartiere. Incluso del enfrentamiento con algunos futbolistas sale una frase que sirve de lema, aquel “entrenen, compitan y cállense la boca”. El oviedismo adoró a Egea en su primera etapa.

Pero hay un segundo capítulo. Y este no fue exitoso. Carso recurre de nuevo a Egea para guiar la nave tras la destitución de Anquela en 2019. “Tenía la espinita clavada”. Intenta meter al Oviedo en play-off en las últimas jornadas, pero se queda corto. El peor momento llega al inicio de la 2019/20, cuando el club le despide con un solo punto en cinco jornadas.

Egea, el día de su despedida en El Requexón. IRMA COLLÍN

–¿Qué falló?

–Hicimos cosas mal, seguro, pero fíjate en cómo se dieron los partidos. En Coruña perdemos en el 94 después de igualar un 2-0. El Lugo nos empata en el añadido. En Miranda nos expulsan a Christian y nos ganan 2-1. El Fuenlabrada nos mete el 2-1 después del 90. Perdimos 5 puntos en el descuento, algunos por errores nuestros, claro. Pero así es imposible.

"Ziganda tiene un buen comportamiento. Ni la victoria ni la derrota cambia su forma de ser. Eso me gusta mucho"

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–¿Se sentía responsable de lo que pudiera pasar después? De un posible descenso, por ejemplo.

–No, porque al final yo dirigí al equipo en 5 jornadas, quedaban 37 en juego. No hubiera sido responsable del descenso. Eligieron a Rozada, oviedista, con energía, y el equipo pareció reaccionar, competía, aunque luego se estancó. Ziganda, que fue un gran futbolista en su época, aportó coherencia y sentido común.

–¿Le gusta Ziganda?

–Lo que veo en la distancia, sí. Tiene un buen comportamiento. Ni la victoria ni la derrota cambia su forma de ser. Eso me gusta mucho.

–¿Y el actual equipo?

–Hay un plantel muy interesante, con fondo de armario, y recursos para el 4-3-3, el 4-4-2 e incluso el 5-3-2. Está Bastón, que ha resucitado, los centrales son muy interesantes, me gusta lo que aporta Brugman, y el equipo es equilibrado, con una base de la casa. Si llega así a las últimas jornadas va a dar guerra.

–¿Los canteranos?

–Me alegro por Lucas, conmigo estuvo lesionado. Borja conmigo no contó mucho por la competencia. Creo que el Oviedo forzó la salida a Berjón para darle protagonismo a Borja. Jimmy siempre me gustó, pide la pelota, no se arruga. Y Viti sabía que si le respetan las lesiones era futbolista.

Egea ve al Oviedo, como al fútbol, en la lejanía. Sus éxitos en el banquillo son parte del recuerdo. O del “pen drive” que le alegra las tardes. En vez de mirar los resultados, ahora la vista se va al cielo. “No voy a poder hacer más fotos porque está diluviando”, explica en una nota de voz algunas horas después de la entrevista. Agua. Más importante que cualquier partido de fútbol.

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