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La crónica del Oviedo: empezó mal y acabó peor

Los azules pagan un pésimo inicio de partido y no fueron capaces de plantar cara a un rival de play-off

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Las imágenes del Tenerife-Oviedo

Ante el Eibar jugaron como nunca y empataron como (casi) siempre. Ayer ante el Tenerife, nada de nada. Ni juego, ni resultado, ni imagen. Todo lo contrario: goleada. Un sopapo isleño en solo quince minutos. 4-0 y una oportunidad ante uno de los gallitos, otra, perdida para al menos acechar el play-off y avisar de que el Oviedo va en serio. Intento nulo. Fue una pésima noche azul, con una alineación con mucho músculo y escaso talento en la que faltó –así se notó– Brugman. El equipo salió a no perder y cayó goleado. Pagó su timidez. 

 Una de las virtudes del Oviedo del Cuco, la de no perder nunca la cara a los partidos y no permitir a ningún rival pasarle por encima como una apisonadora, se quedó en Asturias y no subió al avión destino Tenerife. El 4-0 supone la mayor goleada para los azules desde que Ziganda es entrenador del Oviedo. El varapalo es mayúsculo para los carbayones solo una semana antes del partido ante el Almería. No hubo tiempo ni para aterrizar. El Oviedo salió dormido.

Perdido envuelto en la “sacavera” ante un alegre Tenerife, en su salsa desde el principio. Bermejo avisó nada más empezar el partido tras un buen centro de Corredera. Fue la antesala de lo que vino después por la banda derecha del Oviedo, un coladero en la primera parte. Pomares le ganó la espalda a Carlos Isaac, se internó en el área, puso un balón raso y el mal despeje de Calvo acabó en las piernas de Mollejo, que empujó a placer. Era el minuto 6 y el Oviedo ya pedía socorro, grogui por la presión alta de los canarios. El 2-0 pudo venir incluso antes. Carlos Isaac volvió a hacer agua en la derecha y una genial internada de Bermejo acabó en un remate al lateral de la red de Mollejo.

Dos minutos más tarde, no perdonó Elady tras un sensacional centro de Pomares, un martillo por la izquierda y una pesadilla para el flanco derecho azul que cerca estuvo de meter el gol de la jornada. Femenías, renacido, fue el mejor azul. El Oviedo intentó despertar, incapaz de superar la tela de araña de los de Ramis. Pulgada a pulgada, tuvo serias opciones de acortar la distancia.

Primero fue Luismi, con un peligroso remate de cabeza que se fue fuera por poco. Luego la tuvo Bastón, desaparecido, precisamente tras un pase sensacional del pivote. Pomares, omnipresente, metió la puntera lo justo para desviar el remate y chafar un mínimo rayo de esperanza. El Tenerife seguía pisando el área del Oviedo con peligro. Mollejo volvió a avisar de tacón y Mossa, activo en la izquierda, tuvo la más clara para el Oviedo justo antes del descanso tras gran jugada personal.

A Ziganda no le gustó nada lo que vio en la primera parte. Prueba es que tras el descanso hizo tres cambios de tacada. Borja Sánchez, Pombo y Lucas por Sangalli, Obeng y Mossa. El objetivo era juntar talento y a los pocos segundos fue Borja el que remató en el corazón del área un pase atrás de Pombo, ubicado de segundo punta y de los pocos que creó peligro real.

El Oviedo amagó con meterle una marcha más. Había más chispa e intención, aunque faltaba colmillo con el reloj corriendo a favor del Tenerife, que empezó a carburar y poco a poco recuperó la iniciativa. Jirka entró por Viti y Pomares seguía a lo suyo. Calvo, partido para olvidar, erró en una salida de balón y el tiro del ex azul Míchel lo detuvo Femenías. Un minuto después, Lucas perdonó una ocasión clarísima a banda cambiada tras una genialidad de Pombo. Soriano salió raudo y chafó el gol carbayón. Contestó Bermejo con una buena carrera y su tiro lo tapó Calvo, providencial aunque solo fuese en esa ocasión.

 El partido se rompía, con metros por delante para el Tenerife, feliz a la contra. Y se acabó definitivamente tras un error a la salida de una contra azul. Rubén Díaz la puso atrás y el exoviedista Míchel Herrero metió el 3-0 a falta de diez minutos. El Oviedo intentó tirar de casta, pero estaba todo perdido. Bermejo rozó el 4-0, que llegó a falta de dos minutos tras un zapatazo de Rubén.

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