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Crónica de medianoche en el Tartiere: euforia para recibir a los jugadores del Oviedo

Los hinchas persiguieron al coche de Ziganda mientras le agradecían ganar el derbi y los jugadores cantaron el "sí se puede"

VÍDEO: Así fue el recibimiento en Oviedo a la plantilla tras vencer en el derbi

VÍDEO: Así fue el recibimiento en Oviedo a la plantilla tras vencer en el derbi X. F.

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VÍDEO: Así fue el recibimiento en Oviedo a la plantilla tras vencer en el derbi Xuan Fernández

Fue un encuentro improvisado, fruto de la euforia de ganar el derbi. Unos mil seguidores del Oviedo acudieron a medianoche al Carlos Tartiere y esperaron en la rampa del parking a los jugadores del Oviedo, que llegaron en autobús directos de El Molinón. Los consejeros azules y César Martín, director de relaciones institucionales, estaban en la rampa, muchos de ellos departiendo con aficionados sobre lo sucedido al final del derbi y la agresión a Femenías. En la comitiva azul reinaba la incredulidad por lo que, juzgaban, como un "desquicio" de los jugadores del Sporting.

Los hinchas, con bengalas y petardos, hacían tiempo cantado mientras la Policía controlaba la zona. Alrededor de las doce, varios coches empezaron a desfilar por la rampa bajo vítores y cánticos. Y finalmente llegó el autobús. Fue un momento de locura, con Federico González, asesor de Carso, grabando la escenas y hablando con aficionados.

No se quedó ahí, ya que los jugadores salieron del autobús, subieron la rampa y empezaron a botar y a cantar con los aficionados. "Sí, se puede" y "vamos a ascender" fueron los cánticos más repetidos en medio del delirio general. También hubo cánticos dirigidos al Sporting y especialmente a Cristian Rivera, que le propinó un golpe en la cara a Femenías en el partido. El meta azul era ayer uno de los héroes del oviedismo. El otro, sin duda, era el Cuco Ziganda, jaleado por los hinchas.

Los jugadores estuvieron unos minutos en la rampa, se fotografiaron todos juntos y después salieron cada uno en su vehículo, tocando el claxon y cantando con los hinchas. Dani Calvo, por ejemplo, salió sentado en la ventanilla mientras cantaba y grababa con su teléfono móvil. El último en salir fue el entrenador del Oviedo, en medio de una euforia descontrolada. Los aficionados golpearon su coche mientras él alucinaba. Una vez pudo salir de la rampa, muchos le persiguieron, corriendo, mientras les daban las gracias por ganar el derbi. El Cuco, que iba hablando por teléfono con su mujer, no se lo creía. Luego, la noche en Oviedo fue bien larga. Y azul.

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