Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El encuentro entre Ziganda y Lezkano: La ilusión de Oviedo está en sus manos

Los entrenadores del Real Oviedo y del OCB avanzan con cautela hacia el play-off pero perciben el optimismo generado: “Se nota el entusiasmo de la gente”

Ziganda y Lezkano, ayer en la plaza del Carbayón IRMA COLLIN

–Ziganda: Pues pienso ir a veros a Pumarín. Y si lo digo es que voy, ¿eh?

–Lezkano: Pero solo te quedan dos partidos de Liga…

–Z: No, no. Yo voy al play-off.

–L: Bueno, bueno… Primero hay que clasificarse….

La jefa de prensa del Real Oviedo, Laura González-Manjoya, que asiste a la escena organizada por LA NUEVA ESPAÑA, estalla en una carcajada: “¡Sois tal para cual!”.

José Ángel Ziganda tiene 55 años, es navarro aunque hizo carrera en Bilbao y aterrizó en Oviedo en febrero de 2020 para encargarse del banquillo del Real Oviedo. Profesión de riesgo. Natxo Lezkano nació hace 49 años en Portugalete, Vizcaya, aunque se instaló bien joven en Vitoria: llegó a la capital asturiana en marzo de 2020, un mes después que el Cuco, con la misión de sacar al Oviedo Club Baloncesto de la UVI.

Han pasado 2 años de sus llegadas y el panorama no puede ser más ilusionante. Ziganda tiene al Real Oviedo sexto a falta de cinco fechas. El play-off, la tierra prometida. Lezkano navega con el OCB también en la sexta plaza, con cuatro jornadas para el final. Dirigen dos naves ilusionantes y tienen a tiro el play-off de ascenso a la máxima categoría de los equipos más representativos en estos momentos de la Asturias futbolera y baloncestista. Pero piden calma. Cautela. Va con su estilo.

Lezkano y Ziganda, en la plaza del Carbayón, con un balón de baloncesto y otro de fútbol, delante de las letras de la ciudad. | Irma Collín

“No nos conocíamos, nunca habíamos coincidido en ningún acto, pero del Cuco me acuerdo de verle jugar en San Mamés”. Lezkano tiende el primer puente. Se confiesa seguidor del Athletic, su primer regalo fue una equipación rojiblanca, y en La Catedral de San Mamés, Ziganda es uno de sus santos: un astuto goleador en los 90 y un técnico que alcanzó el primer equipo este siglo. A partir del Athletic, todo fluye entre ellos.

El encuentro tiene lugar en el parque de San Francisco, petición de Ziganda, con el El Escorialín como “meeting point”. La lluvia concede un receso en una tarde encapotada. Pasean y conversan ágilmente. No tarda en surgir más conexiones. Lezkano se crio en Portugalete. Y allí, en el colegio Santa María, se forjaba talento para el Athletic. “Los hermanos Guerrero iban a mi colegio. Y Roberto Ríos. Julen es dos años más pequeño que yo, pero ya de pequeño era un espectáculo en el recreo”, recuerda Lezkano, que se fue a estudiar INEF a Vitoria. De allí surgen más conexiones, como la de Josean Lekue, profesor de anatomía de Lezkano y jefe de los servicios médicos del Athletic. Las coincidencias parecen agilizar el diálogo. Los dos conectan.

–Ziganda: ¿Cómo lo tenéis vosotros?

–Lezkano: Nos quedan cuatro partidos. Ganando dos creo que saldrían las cuentas.

–Z: En basket es diferente que en el fútbol, ¿no? Que si eres mejor que el rival le ganas seguro. ¿O no?

–L: Buf... Hay mucha igualdad. No hay grandes diferencias de presupuesto como en otras categorías y eso iguala todo en la cancha.

–Z: Sí, en Segunda es parecido…

Ziganda y Lezkano, entrenadores del Oviedo y del OCB. IRMA COLLIN

Los entrenadores hablan de sus campañas. Lo hacen con ilusión en el rostro, contagiados de lo que se respira en la calle. De los dos equipos de Oviedo que rozan el play-off. Cuando detectan al periodista, rebajan el tono, llevan la prudencia por norma. Por ejemplo, ninguno de los dos se atreve a pronunciar la palabra ascenso. Está prohibido en sus libros de estilo. Pero es inevitable que se mencione, aunque sea de pasada, los objetivos más ambiciosos. “Se nota la ilusión de la gente de Oviedo. Te lo transmiten por la calle”, coinciden los dos. Es el máximo síntoma de euforia dentro de sus discursos contenidos, sujetos con arnés al suelo para evitar cualquier exceso.

“Se nota la ilusión de la gente de Oviedo. Te lo transmiten por la calle”

decoration

Otra coincidencia, los dos aseguran estar encantados en Oviedo. La adaptación es total después de dos años en la capital del Principado. A Lezkano le recuerda a Vitoria, en una versión menos costosa. Ziganda adora las zonas verdes, un recurso para sus exigentes entrenamientos, mitad deporte, mitad desconexión. El Cuco corre a ritmos alegres por la senda de Fuso y se dedica a la bici un par de días a la semana. El del OCB echa de menos su bicicleta de montaña, pero no falla un día con el ejercicio: tiene una estática en su casa y, cuando tiene tiempo, coge la tabla. “El surf ya me gustaba de antes. Pero aquí le he cogido aún más afición. Suelo ir a Salinas y San Juan, alguna vez también a Gijón”, explica. El Naranco es otro de sus destinos habituales. Hacia su escarpada ladera se dirige con “Jarry”, un galgo que le acompaña al paseo diario.

Ziganda y Lezkano, entrenadores del Oviedo y del OCB. IRMA COLLIN

El Cuco le comenta a su homólogo en el banquillo del OCB que la última vez que fue una cancha de basket fue en el ascenso del Bilbao a la ACB. “¡Hay que ver la que tenían montada allí! Un espectáculo. ¿Vosotros también tenéis ese ambiente?”, se interesa el Cuco. Y Lezkano, que conoce Miribilla perfectamente, le advierte de la diferencia entre pabellones, aunque ensalza la magia de Pumarín. “Pero mejor que te pases tú a comprobarlo”, le contesta. Ahí es donde se cierra la próxima visita, play-off mediante, del entrenador del Real Oviedo a la casa del OCB.

La cita llega, a paso ligero, hasta las letras de la ciudad, en la plaza del Carbayón. Simbolismo puro: es Oviedo, el lema del cartel, lo que ha propiciado que Ziganda y Lezkano se hayan conocido. Nueva ronda de fotos, el Cuco bromea con sus problemas para los posados y el de Portugalete advierte a su colega de un mal precedente. “Cuando estaba en Lugo (entrenó al Breogán), en 2016, hice un reportaje parecido con Luis César Sampedro, entrenador del equipo de fútbol en la muralla de la ciudad”, recuerda el vasco. “El problema es que a él le echaron poco después...”, remata. Ziganda responde a bote pronto, provocando la carcajada: “¡A mí que me dejen que la niña acabe el curso en el colegio!”.

Para acabar, una promesa. En caso de doble ascenso, la cita se repetirá. Pero esta vez, Ziganda pone las condiciones: “Con una fabada y sidra”. Lezkano acepta encantado. Pero los dos advierten: aún queda mucho por remar. “Mirandés…”, repite el Cuco. “Palma…”, le sigue Lezkano. Tal para cual.

Compartir el artículo

stats