Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

De Uruguay a Oviedo, un canto por el ascenso azul: la historia de Brugman y el tenor Martín Nusspaumer

El artista se reencuentra en el Campoamor con el jugador azul, que le regaló una camiseta con su nombre

7

Las imágenes del reencuentro de Brugman y Nusspaumer

Esta es la historia de dos tipos uruguayos que muy jóvenes salieron de su país para triunfar. Uno de ellos canta. El otro corre y da pases. A ambos, nacidos en la región de Colonia, les ha ido realmente bien y sin comerlo ni beberlo se reencuentran en Oviedo, a casi diez mil kilómetros de distancia de donde todo empezó. “El titular de esto podría ser de Colonia a Oviedo, ¿o no?”, bromea Martín Nusspaumer (Juan Lacaze, Uruguay, 1980), un consolidado tenor que ayer cantó en “Katiuska”, la zarzuela de Pablo Sorozábal que se estrenó en el teatro Campoamor dentro de la temporada de Teatro Lírico Español de Oviedo.

Entre el público, un invitado especial. Un viejo amigo de Nusspaumer: Gastón Brugman (Rosario, Uruguay, 1992), el mediocentro del Oviedo, uno de los jugadores más importantes del equipo. Zarzuela y fútbol, dos elementos identitarios de Oviedo, unidos en un enclave mágico como el Campoamor por Uruguay.

Nusspaumer y Brugman se encontraron en el imponente escenario del Campoamor minutos antes del gran día del tenor, bien vestido y maquillado para el concierto.

Brugman le regaló una camiseta del Oviedo con su nombre y dorsal. Los dos posaron, con la camiseta y la bufanda de los azules para LA NUEVA ESPAÑA. Una foto de continente a continente.

“Canto por el ascenso del Oviedo”, explica entre risas Nusspaumer, ya un hincha azul. Atrás quedan los viejos tiempos en Uruguay. Los charrúas no crecieron juntos. No pudieron. Brugman cambió Rosario por Montevideo con 14 años para triunfar en el fútbol. Nusspaumer, que vivía a 20 kilómetros de Rosario, en un pequeño pueblo obrero llamado Juan Lacaze, donde nació la mujer de Brugman, Marcela Sanguinetti, tardó algo más. A ambos los unió una casualidad y un deporte de raqueta: el tenis de mesa. “Mi entrenador, Hiram Dotta, era el tío de Gastón. Luego también conocí a su padre, Lolo”, explica el cantante, un tipo polifacético que además de tenor es programador, estudió Ingeniería electrónica, aunque no lo acabó por el canto, e incluso dirigió un programa de televisión en Uruguay. “Vengo de una familia muy musical, siempre me apoyaron”. Nusspaumer se tomó muy en serio su carrera. En 2006 se trasladó a Estados Unidos con su mujer, la mezzosoprano María Antúnez.

Antes había estado estudiando en una escuela de música en Montevideo. Estuvo en Miami, ciudad donde reside actualmente, y también en Washington. Poco a poco fue triunfando. El año 2014 significó para él un antes y un después: “Canté en el Florida Grand Opera y eso cambió mi carrera”. Casualidades de la vida, ese mismo año su compatriota Brugman estuvo cerca de dar un gran salto y fichar por el Atlético de Madrid del Cholo Simeone tras un año espectacular en el Empoli italiano. Una grave lesión de rodilla cambió todos los planes. Sin esa lesión, quién sabe, probablemente Brugman y Nusspaumer no se hubiesen reencontrado ayer en Oviedo. El futbolista pudo ver y escuchar cantar al tenor, pero la cosa no se dará al revés. El Oviedo juega el lunes ante el Zaragoza y Nusspaumer se marcha el domingo. “Es una pena”, dice el cantante, muy futbolero, que sigue los partidos del conjunto carbayón y la actualidad azul.

“Yo creo que se meten en play-off y que pueden ascender a Primera, los veo muy bien. Y a Gastón lo veo fenomenal, es un futbolista muy completo y tiene mucha cabeza. Está motivadísimo para poder jugar el play-off”, dice su compatriota, que no pudo ver un partido del Oviedo, pero sí estuvo presente en el ascenso del Vetusta ante el Colunga, un encuentro celebrado en el estadio azul. “El Tartiere me pareció espectacular, me impresionó muchísimo”, explica Nusspaumer, un enamorado de la ciudad, en la que cantó ayer por segunda vez en su carrera. La anterior fue en 2018.

El tenor no descarta instalarse en la capital asturiana en un futuro y valora de Oviedo su limpieza, sus servicios y su tranquilidad, además de la oferta cultural. Ahora, por Brugman, también admira otro símbolo de la ciudad: el Real Oviedo.

Compartir el artículo

stats