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El día que el Oviedo añoró a Carrete: una visión sobre la derrota azul en Las Palmas

La petición de marcajes al hombre para secar a Viera, las sidras en un restaurante cubano, el canario guardián de la historia azul y el “efecto Lugo” para aferrarse al play-off

Los jugadores del Oviedo celebran su gol | Grabiel Jiménez

-¿Partido? Sí, creo que hoy juega la UD, pero no sé, no sigo mucho el fútbol. He leído por ahí que les quedan unos cuántos para subir. Poco más.

Nueve de la mañana del sábado. La conversación tiene lugar en un taxi grancanario camino del centro de Las Palmas desde el aeropuerto. Cosas del fútbol. El día en el que Mbappé deja plantado al Real Madrid y la UD y el Oviedo se juegan la promoción hay gente con otras preocupaciones. Posiblemente mejores y más importantes.

Ya en destino, las nubes acumuladas en la panza de burro isleña y la brisa permiten que antes del mediodía el calor sea soportable. “Esta temperatura le viene bien al Oviedo. Veremos por la noche”, analizan los primeros oviedistas que se dejan ver por el paseo de la playa de las Canteras. En una jornada tan importante para la casa azul cualquier detalle cuenta.

Unos metros más allá, cuatro productos de El Requexón por los que ha apostado Ziganda –Borja Sánchez, Javi Mier, Viti y Jimmy– hacen tiempo hasta la hora de comer viendo un torneo de pádel-playa. Saludos de rigor y unas frases de cortesía. Poco hay más hay que decir. Las cuentas están claras: el Oviedo necesita empatar para llegar a la última jornada frente al Ibiza en el Tartiere con el destino en sus manos.

Todavía es pronto, pero ya asoman más camisetas azules. La mayoría son seguidores del Oviedo que llevan unos días en la isla aprovechando el partido para disfrutar de unas minivacaciones. A ellos se unen miembros de la colonia asturiana en Las Palmas: militares, funcionarios, hosteleros… Hay un poco de todo. Aparecen banderas asturianas, bufandas del Oviedo... Es la hora del vermú y hay que tomar algo. El local elegido es de temática cubana, pero de la nada aparecen botellas de sidra. La receta para ahogar la morriña pasa por Trabanco y Viuda de Angelón.

Como no, la conversación gira en torno al Oviedo. Pero también del precio de los billetes de avión subvencionados en un 75 por ciento para los residentes – “nos sale más caro el taxi que el avión”, reconocen–, el próximo viaje organizado a la Descarga de Cangas o lo bien que se vive en la isla. “Me vale el empate”, se escucha, “pero hay que parar a Viera. Había que ponerle a uno encima para que lo secara, como en los tiempos de Carrete”. Al que apodan “Romario” y “El Mago” lleva marcando cuatro jornadas consecutivas goles que han permitido a los amarillos sumar diez puntos. A pesar de todo, el optimismo es de color azul.

El pasado, la historia del club ovetense, también está representado en Las Palmas. De ello se encarga Ramón Reguero. Isleño de pura cepa, pero con raíces en Tapia de Casariego, es una especie de historiador local y coleccionista de todo lo que tenga que ver con el Oviedo. Por encima de todo idolatra a la figura de Antón. Cuando se le pregunta por un resultado mira con gesto pícaro y tira del “corazón divido”, aunque el decorado indica que no le importaría un X2.

Se acerca el partido, y aunque son las seis de la tarde y quedan tres horas para su inicio –siempre siempre siempre hora canaria– desde la una ya circulan vídeos con la afición “pío pío” acampada a las puertas del campo. El lleno anunciado toma cuerpo cuando se vislumbra el Estadio Gran Canaria. Los taxistas descargan a los clientes donde pueden. Llegar a pie de obra es imposible. Y andando cuesta moverse sin apretar pechito contra pechito. Todo son cánticos: una mezcla del mojo picón local con algo de las hinchadas argentinas. Conga calle arriba, conga calle abajo. Hay mensajitos para Tenerife y el mundial y sin derechos de autor “sí se puede”.

Con más de treinta mil tipos haciendo fotos, vídeos y subiéndolos al Instagram, Twitter y demás familia, la red colapsa. Hasta mandar un whatsapp es imposible. Incluso el wifi que Las Palmas “presta” a la prensa va a pedales. Hay quien dice que la clave la tiene media isla. Todo es posible. Peligran las crónicas.

Y empieza el partido. Por momentos, el Oviedo es matemáticamente equipo de promoción gracias al gol de Borja Sánchez y la derrota de la Ponferradina. El problema es que aparece Jonathan Viera. Los “Carretes” azules son incapaces de pararlo. Marca el gol de la victoria y desata la locura. La celebración de los canarios, aún con un partido por disputarse, es de saberse en play-off. A Viera, como no, le alcanzan un megáfono y dirige la fiesta todavía sobre el césped. Se avecina una noche larga.

Fuera del estadio bares y restaurantes, sobre todo los del entorno de Gran Canaria, alargan el horario de cierre. “Normalmente bajamos la persiana a las doce”, cuenta Willy, que regenta un bar de picoteo en la zona, “y mira ahora”, dice señalando a la sala principal, a tope de camisetas amarillas empezando a cenar. La conversación salta del fútbol al precio de la luz y el aceite para la freidora. Cambian los personajes y el escenario, pero no el discurso.

Lo que más se ve entre la afición son hombros encogidos: “Se hizo lo que se pudo”. Pocas pegas al resultado, aunque alguna aficionada se queja del “Sporting, Sporting” cantado por los “pío pío”. La rivalidad no se va de vacaciones; no descansa, se contagia.

Mientras, y con la conexión de los móviles desatascada, comienzan a arder los grupos de Whatsapp oviedistas. Bajón generalizado. Los más optimistas sacan fuerzas. Es la hora de hacer cuentas. Que si el goal-average, que si un triple empate, que si el Burgos de Berjón tiene que echar una mano ante el Girona, que si el “efecto Lugo”, que si el Sporting está de vacaciones… Los demás ya piensan en quién seguirá y quién se irá, ya diseñan el próximo proyecto. Cada uno gestiona la decepción a su manera. Queda una jornada y 90 minutos en este fútbol son molto longo, pero sin Carrete…

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