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Atilano, el héroe que dio un ascenso al Oviedo en 1979: “Hay que creer hasta el último minuto”

“El Oviedo necesita uno como yo”, dice el sierense, que se convirtió en un héroe inesperado para el oviedismo: “Los aficionados iban a la puerta de mi casa a darme las gracias por el gol”

Atilano, exjugador del Langreo, que le dio un ascenso al Real Oviedo en 1979, ayer en Pola de Siero ANGEL GONZALEZ

Haría rematadamente mal el Oviedo en no creer hasta el último minuto en el play-off de ascenso. La empresa es complicada: el equipo azul necesita ganar el domingo al Ibiza y que o el Girona o Las Palmas pierdan ante el Burgos o el Sporting. Un tipo sonriente y afable analiza las posibilidades de los azules mientras apura un café en un bar de Pola de Siero. Sabe bien de lo que habla. “A los jugadores del Oviedo les diría que crean, que crean hasta el último minuto y que se acuerden de aquello que nos pasó”.

Aquello que les pasó es lo que sucedió en un inolvidable 17 de junio de 1979, un día en el que los aficionados del Oviedo abandonaron tristes el viejo Tartiere tras vencer al Pegaso y llegaron eufóricos a sus casas tras escuchar por la radio en los exteriores del estadio lo siguiente: “¡Gooool de Atilano en Miranda!”. Ese tanto del Langreo en el último minuto ante el Mirandés dio el ascenso al Oviedo a Segunda, después de militar en Segunda B. Lo metió Atilano Agüeria, “Tilano” en La Pola (Muncó, Siero, 1953), que entre sorbo y sorbo hace memoria del capítulo de su vida en el que se convirtió en ídolo del oviedismo. Les dio un ascenso y pasó a ser un héroe carbayón sin siquiera vestir la camiseta azul. En la época se rumoreó incluso que el Oviedo le ficharía para agradecerle los servicios prestados.

“Al día siguiente estaba yo en el jardín delante de casa de mis abuelos. No se me olvidará nunca. Un amigu míu, de unos dos o tres años más que yo, aparcó el coche delante de casa y tirose encima mío a dame besos y abrazos”, recuerda Atilano, que lleva tres años jubilado tras trabajar más de 40 en el Ayuntamiento de Siero después de retirarse del fútbol en la Piloñesa. Antes jugó cuatro temporadas en el Langreo y hasta hace bien poco estuvo vinculado al fútbol, como entrenador en varios equipos de Asturias.

El capítulo de Miranda sucedió en su tercer curso en el Langreo. El conjunto asturiano había cumplido y llegaba salvado a la última jornada en Miranda. El Mirandés se jugaba el ascenso y el Oviedo, como ahora, necesitaba que perdiese ante los asturianos para así poder abandonar Segunda B tras un año convulso. “El Mirandés tenía preparada la fiesta y sentíamos una presión tremenda del público. Nos achuchaban la de dios. Además, empezaron ganando 1-0. Pero luego empató Manzano y empezaron los nervios”.

También los había en el Tartiere, con el Oviedo empatando ante el Pegaso, que ya estaba descendido. En el minuto 70 se cantó gol en el Tartiere: Herbera anotaba el 1-0. No era suficiente. Se necesitaba un gol en Miranda del Langreo que no acababa de llegar. Hasta que en el último minuto...“Yo era un delantero reconvertido a lateral derecho, subí por la banda, me metí por dentro y me cayó un balón desde fuera del área y la metí”. El oviedismo, pendiente del transistor, entró en estado de locura. Volvían a Segunda. Y el Langreo en el pánico. “En ese momento pensábamos que nos iban a sacar a gorrazos del campo, pero no nos dijeron nada. A ellos los tuvo que sacar la Policía”, recuerda nítidamente Atilano.

Esa tarde cambió la vida del sierense casi para siempre. “Los aficionados del Oviedo venían a verme a mi casa y darme las gracias y la expectación mediática fue tremenda”. Atilano niega que el Langreo estuviese primado por el Oviedo, aunque sus vecinos le siguen haciendo bromas. “Que diga cuánto dinero le debe todavía el Oviedo...”, le dice el dueño del bar desde la barra. El exjugador es claro. “Teníamos la prima del Langreo habitual por ganar fuera, nada más”, sentencia. Sí hubo después un amistoso entre el Oviedo y el Langreo, además de una espicha de los dos equipos en un conocido llagar de Colloto.

Han pasado 43 años de aquel milagro y Atilano, que dice no ser fanático de ningún equipo, aunque admite que sus hijas son más del Sporting, da la fórmula con guasa. “El Oviedo tiene que buscar otro Atilano”, bromea en referencia a la última jornada. Luego habla en serio. “Tienen que salir con todo ante el Ibiza, y que luego pase lo que tenga que pasar”, advierte un exjugador que puede fardar de haber jugado un amistoso vistiendo la camiseta del Oviedo y otros dos con la del Sporting. Y tiene miga. Vistiendo de azul fue ante los rojiblancos, en un partido benéfico en Navidad para recaudar fondos para los más necesitados. Siendo rojiblanco fueron un par de encuentros. Uno ante el Racing de Santander en Asturias y otro en Burgos, ante uno de los equipos de los que depende el Oviedo. “Qué casualidad”. Por eso insiste: “Hay que creer”.

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