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Crónica del Oviedo-Levante: orgullo, valor y punto de garra

Los azules, guiados por un genial Koba, dominaron al conjunto granota con personalidad, pero un error defensivo les privó de la victoria

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Real Oviedo - Levante, en imágenes LUISMA MURIAS

Bolo prometió alegría y fútbol ofensivo. Se trataba de romper con el modelo anterior. En las primeras tres jornadas sumó 6 puntos de 9 con un fútbol titubeante. Ayer, ante el poderoso Levante (1-1), la apuesta por la valentía fue total. El botín –un punto ante un grande– parece escaso visto los méritos, pero quedó la sensación palpable en un Tartiere entregado de que éste es el Oviedo que quiere Bolo y que engancha a la afición. A lomos de un genial Koba, con un novedoso esquema (4-4-2), Montoro de organizador y Enrich de parachoques, los azules dejaron una notable primera mitad y solo un despiste defensivo en la segunda parte, más floja que la anterior, les privó de la victoria. Los de casa acabaron el partido en área contraria, tras estar con un hombre de más en el último tramo.

Para mejorar: las concesiones atrás. El gol del Levante fue evitable, pero también hubo algún otro susto. Quizá faltó al final algo de físico, también saber jugar con un hombre más, pero lo que no faltaron fueron las ganas de ganar. El Oviedo comenzó con la presión muy alta, marcando un ritmo elevado ante el conjunto con la plantilla más cara de la Liga. El Levante buscó el balón, quería ser protagonista, pero no había manera: en frente había un muro. Había atrevimiento carbayón, descaro, pero también garra. Cada segunda jugada era una lucha. El pack completo para enganchar al Tartiere. Estaban los azules muy seguros, convencidos del plan, aunque un mal entendimiento en defensa entre Tomeu, Tarín y Calvo casi cuesta un gol en contra.

Fue el único susto para los carbayones en una primera mitad casi perfecta. El Oviedo iba de menos a más, con Tarín cerrando espacios, Koba de agitador, Montoro de organizador y Enrich de delantero-obrero, peleando balones en cada esquina. Con Mustafi lesionado, empezaron a llegar las ocasiones para el Oviedo. Vezo taponó el remate cuando Bastón lo tenía todo a favor. Fue un aviso de lo que venía. A los quince minutos llegó el primer tanto de jugada de los azules esta temporada.

Se hizo esperar, pero mereció la pena. Koba, noche brillante, dejó sentado a Iborra con una maniobra de calidad y combinó con Borja, que la puso a la carrera de Lucas. El lateral centró forzado y Cárdenas despejó en error garrafal al centro de su propia área. Enrich, con instinto asesino, la clavó en el fondo de la red provocando el estallido general. 1-0. Buen resultado, sí. También buenas sensaciones. El Oviedo fue incluso a más tras el gol, metiendo aún más revoluciones. El Levante, que iba a lo suyo, mostraba cierto peligro cuando combinaba el exazul Montiel y entraba en juego Campaña. En el tramo final de la primera parte el Oviedo pudo ampliar su ventaja.

Borja se pegó una cabalgada casi de campo a campo en una contra y acabó buscando la escuadra de la portería de Cárdenas. Estuvo a centímetros de meter el gol de la noche. El descanso llegó tras un descuento de seis minutos y con el Tartiere en efervescencia. Nafti no esperó para agitar la coctelera y sacó a De Frutos. Bolo decidió esperar. Normal. A los dos minutos el Oviedo demostró seguir enchufado. Borja robó un balón, se la puso larga a Sangalli y el remate de Bastón se fue arriba.

Susto para los granotas y activación del Tartiere. El Levante intentaba crecer con el balón y se encontró con el gol del empate casi sin querer tras una jugada evitable que vino tras un saque de banda en largo. Wesley ganó la disputa y el balón dividido le cayó a Iborra, que se quitó de encima a Aceves con mucha facilidad y remató suave a gol de cabeza tras la mala salida de Tomeu. El Levante no pudo haber hecho más con menos. El guion del partido, pues, cambiaba radicalmente para el Oviedo, tocado tras el empate. Decidido a animarse, los azules metieron miedo al Levante con el balón parado. También a base de mirar hacia adelante. La duda era si mantener el ritmo tan alto era viable durante toda la segunda parte.

El Levante parecía apostar por contemporizar y el Tartiere metía presión al árbitro en cada acción dudosa. El partido estaba abierto con todo por disputarse. El Oviedo sufrió toda la segunda parte con balones colgados al área, pese a la seguridad general que mostró en defensa. Bolo movió el banquillo y a falta de más de veinte minutos llamó a Obeng, que entró por un cansado Enrich, y a Rama, que suplió a Sangalli como improvisado extremo derecho. Bolo pedía que siguiesen presionando arriba. En el minuto 70 el partido dio un nuevo giro de guion: Pepelu vio la segunda amarilla tras saltar con el brazo por delante en una acción con Borja. El Oviedo tenía por delante veinte minutos con un hombre más ante un Levante mucho más encerrado que perdonó un gol clarísimo en una contra que pudo ser letal. Soldado cabeceó fuera y al Oviedo le entraban los nervios. El Tartiere, un volcán, apretaba y apretaba.

Hugo Rama rozó el gol tras una gran pared con Bastón. Su disparo, centrado, lo detuvo Cárdenas. El encuentro daba la sensación de estar roto por momentos. Un correcalles que al Oviedo, en superioridad numérica, no le convenía. Javi Mier entró por Koba y lanzó un misil que sacó Cárdenas. El partido estaba precioso, los azules animados y el Tartiere, de fiesta. Bastón peleó el gol tras una cabalgada, la enésima, de Lucas. Su acción no surtió efecto. Quedaban cinco minutos. Borja también probó suerte desde lejos y su disparo se fue rozando el poste. El árbitro añadió siete minutos y Bretones salió para activar la banda izquierda. El partido murió con empate, pero con el Oviedo buscando el área rival.

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