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La peña Bochum del Oviedo celebra su 35º. aniversario con varios hinchas llegados de la ciudad germana

"Nos encanta la ciudad, ya vinimos varias veces. A ver si este es el año del ascenso", asegura Pickel Detlef

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EN IMÁGENES: La peña Bochum del Oviedo celebra su 35º. aniversario Fernando Rodríguez

La pasión por el fútbol puede deparar a veces escenas curiosas. Ayer mismo, pocos minutos antes de que el Oviedo jugase –y aburriese– en Lugo, nueve alemanes gritaban y cantaban en el balcón de un céntrico hotel ovetense. "¡Eo, eo, eo, que vuelva San Mateo!" o "¡Vamos, vamos Oviedo!" eran algunos de los cánticos de Janine Wahlers, Barbara Boczek, Gabriele Koenig, Heiko Schmidt, Carmelo Scavone, Klaus-Dieter Stange, Matthias Osterloh, Marion Osterloh y Pickel Detlef. El oviedismo más internacional mientras el equipo buscaba rascar algo en Lugo.

La cosa tiene explicación: los germanos oviedistas son de Bochum, ciudad hermanada con la capital asturiana desde 1980. Y ayer la peña oviedista Bochum, una de las más clásicas del oviedismo, celebró su 35º. cumpleaños con una gran fiesta que no se quisieron perder los hinchas alemanes. La celebración no pudo ser completa porque no hubo victoria azul, pero fue una cita para el recuerdo. "Nos encanta la ciudad, ya vinimos varias veces. Y aunque no podemos ver todos los partidos del equipo porque en Alemania no se televisa la Segunda, estamos informados. A ver si este es el año del ascenso", explicaba Pickel Detlef, improvisado portavoz de los oviedistas de Bochum. El Bochum ascendió a la Bundesliga, la Primera alemana, la campaña pasada. "El Oviedo tiene que hacer lo propio", deseaba Detlef, integrante de una peña alemana que, como las ciudades, está hermanada con la ovetense.

La relación entre Oviedo y Bochum está llena de pequeñas historias. Las dos ciudades viven hermanadas desde 1980. No fue hasta dos años después, en 1982, cuando Choni Marrón puso a andar en Oviedo el bar Bochum, que se convirtió en un templo del oviedismo hasta que cerró sus puertas en 1997. "Fueron unos años guapísimos. De muchas risas y también de muchas borracheras", recuerda Marrón, echando la vista atrás y rememorando las visitas a su bar de los jugadores de aquella época, como Carlos o Paco Sanz. Casi a la vez que el bar nació la peña Bochum, que siguió adelante y goza de buena salud: unos 50 socios. "En esta peña hay gente de todo tipo: solo nos une el Oviedo y una relación que dura desde hace muchos años", explica Cristina Calvo, la presidenta. Cerca de ella atiende atenta Carmen González, que, aunque no le gusta especialmente el fútbol, disfruta con el Oviedo. Su historia tiene miga: su marido era alemán (ambos vivieron 10 años en Bochum) y fue el que se encargó, hace muchos años, de contactar con aficionados germanos cuando se enteró del hermanamiento entre las dos ciudades. Carmen, ovetense, es la presidenta de la Sociedad de Amigos de Bochum. También la única asturiana que habla alemán, por lo que ayer hacía de enlace entre los de Bochum y los de Oviedo. "Estos encuentros nos llenan de vida y son una gozada. La relación entre Bochum y Oviedo es eterna". Los alemanes, después de varios días en la ciudad, aprovecharon para hacer turismo en la región y también estuvieron en la Campana de Bochum, la escultura ovetense en honor al hermanamiento. Se irán contentos, pero sin victoria del Oviedo. Para la siguiente.

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