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Una sequía impropia en Bolo: la falta de gol que no se vio en sus anteriores equipos

El técnico se enfrenta al reto del gol: sus anteriores equipos promediaban a estas alturas más de 11 goles

Tito le acompañaba en el estrado, atento a sus palabras, de escudero en la presentación. Jon Pérez Bolo, el encargado de llevar el timón azul, encaró el micrófono y lanzó su consigna: «Intentaremos ilusionar a la gente siendo valientes, buscando al rival, presionando alto«. Aquella frase contrasta apenas tres meses después con la situación de su Oviedo, anclado en la tabla en una racha que le mantiene cinco semanas sin saborear la victoria. Y lo hace con una crisis evidente en el apartado ofensivo, justo el que se presumía que Bolo iba a afilar esta temporada.

Una de las razones que, de puertas hacia dentro, los defensores de la candidatura de Bolo esgrimían para su contratación era que el estilo del técnico casaría con el Tartiere. Que esa idea de ir hacia adelante colmaría las expectativas del siempre exigente aficionado azul. Aquel proceso de selección reunió dos perfiles sobre la mesa, el de Bolo y el de Julio Velázquez, nombre a propuesta de Tito. Finalmente, el vasco reunió más apoyos dentro del club y se hizo con el cargo.

La imagen del técnico como director de equipos de alma ofensiva se había forjado en las tres últimas campañas en Segunda, al frente de la Ponfe, un club que había abandonado su habitual rol de equipo ascensor para presentarse como una de las más serias alternativas a los puestos de play-off de ascenso. Lo hizo además con un estilo fresco.

En el Toralín, Bolo logró entrar en los campeonatos con facilidad para hacer gol. A estas alturas de Liga, rebasada la octava jornada, había anotado 12 (1,5 por encuentro) el año pasado, 9 en la 20/21 y otros 12 en la 19/20, las tres en Segunda División. En la 18/19, la primera en Ponferrada, también llevaba 12 dianas en las mismas fechas.

Aunque esa alma ofensiva vista en El Bierzo ya se había plasmado antes, en el Arenas de Getxo, su primera experiencia en el fútbol sénior. Tres campañas dirigió al conjunto vasco, en las que también mostró músculo ofensivo en los comienzos de temporada: 15 goles (1,9 por choque) en la 15/16, 12 en la 16/17 y 9 en la 17/18.

Los conjuntos de Bolo se habían caracterizado por unos inicios vigorosos en el campeonato. Le sucedió la temporada pasada en la Ponfe, como ejemplo más ilustrativo, cuando a estas alturas ya había saboreado el liderato en un par de jornadas. Sí le costó más los desenlaces, cuando el equipo tendía a perder fuelle respecto a lo visto el resto de curso.

Lo que le sucede esta campaña al Oviedo es un desmayo ofensivo de difícil explicación si se mira los antecedentes. La pretemporada ya dejó síntomas del deficiente funcionamiento del ataque, errores que se consideraban subsanables y que con el paso de las jornadas se han revelado como proféticos.

Le da vueltas a la libreta Bolo en busca de respuestas. Al técnico no se le puede acusar de no intentarlo, de cocinar fórmular que saquen a sus pupilos del atolladero. No lo ha logrado hasta la fecha.

El problema, en todo caso, no parece tanto del olfato de los atacantes como de la propuesta coral del equipo. El Oviedo aún no ha dado con la tecla que le convierta en un equipo que sepa qué hacer con la pelota. La acumulación de delanteros no ha funcionado. Tampoco el cambio de nombres en el medio. El 4-4-2, el 4-2-3-1 y el 4-3-3, los tres dibujos empleados de primeras hasta la fecha no han servido para que el equipo logre dejar sus miedos atrás en busca de su mejor versión.

Ahora, el técnico se refugia en el día a día en El Requexón para que Zaragoza suponga por fin la liberación de su Oviedo.

Los delanteros, los únicos en anotar

La cuenta anotadora de los azules esta temporada resulta fácil de explicar: Bastón como referencia y Enrich con una mínima aportación. Los 4 tantos logrados por el Oviedo hasta la fecha llevan la firma de sus dos delanteros. Bastón, aún lejos de su mejor momento, ya lleva 3, dos de ellos desde el punto de penalti, mientras que Enrich ha colaborado con el gol que le hizo al Levante. Echa en falta el equipo de Bolo la aportación de los centrocampistas con llegada.

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