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En manos del Almirante: Cervera quiere acabar con el gafe de los estrenos

El técnico debuta en el Tartiere buscando la misma suerte que Sergio Egea, el único entrenador desde 2015 que inició su etapa en el Oviedo con un triunfo

Javi Mier y Álvaro Cervera, en  El Requexón, a la salida de un  entrenamiento. | Irma Collín

Javi Mier y Álvaro Cervera, en El Requexón, a la salida de un entrenamiento. | Irma Collín / Nacho Azparren

Nacho Azparren

Nacho Azparren

Oviedo

Al expresivo David Vidal, genio y figura de los banquillos y que dirigió al nuevo dueño de la caseta azul, le corresponde el sobrenombre. "Dejen trabajar al ‘Almirante’ Cervera", señaló ayer en LA NUEVA ESPAÑA, en referencia al buque que perteneció a la Armada Española y que llevaba el nombre del Almirante Pascual Cervera y Topete. Y en manos del Almirante se queda un Oviedo que entró al campeonato con todas las garantías de llegar a buen puerto y que, sin embargo, no tardó en perder el rumbo. Ahora, se trata de capear el temporal y regresar a aguas tranquilas antes de plantearse metas más ambiciosas.

Álvaro Cervera es el mayor reclamo en el duelo de esta noche, 21.00 horas, en el Carlos Tartiere que reúne a Oviedo y Málaga, los que más méritos han hecho en este primer cuarto de campeonato para ser considerados el "equipo decepción del año". Ambos, azules y andaluces, lucían en el verano la vitola de serios aspirantes a las más altas cotas, pero no tardaron en mostrar que la realidad se alejaba de los sueños estivales.

Tan mal les han ido las cosas, que ambos equipos saben lo que es un relevo en el banquillo a estas alturas. Mel sucedió a Guede hace cinco jornadas, aunque sin mucho efecto: un solo triunfo, el de la semana pasada ante el Lugo, en los cinco enfrentamientos que ha dirigido. Ahora le toca hacer lo propio a Cervera.

El cántabro no lo tendrá fácil en su acto de bautismo en el Tartiere. A la situación liguera se une la plaga de bajas que condiciona el trabajo desde el primer día. Obstáculos de consideración para el intento del técnico por revertir la tendencia vista en los últimos años, que apunta que los relevos en el banquillo no son acompañados de un triunfo.

Desde 2015, cuando el equipo regresó al fútbol profesional, solo Sergio Egea sabe lo que es estrenarse con un regalo de tres puntos. Egea (que en 2014 ya había debutado en Segunda B con triunfo 3-1 ante el Sporting B), logró en 2019 un triunfo revitalizante en Almería, 0-1, gracias a un tanto de Tejera.

Aquello fue un oasis en el desierto de estrenos de entrenadores en la última etapa del Oviedo en el fútbol profesional. Ninguno del resto de protagonistas logró un paso de tres puntos para iniciar su marcha en el banquillo azul. David Generelo, que sucedió a Egea tras su renuncia, fracasó 1-0 en Santo Domingo el día que todos los focos le apuntaban a él.

Fernando Hierro tampoco tuvo suerte en Valladolid con un 1-0 que chafaba el primer día del malagueño en la oficina carbayona. Ni la experiencia de Anquela sirvió para cambiar la dinámica. El jienense vio desde la banda del Tartiere el 2-3 con el que el Rayo Vallecano truncaba su puesta en escena al comienzo de la 2017/18.

Tras el paréntesis de Egea, el Oviedo vivió un año movido en la 19/20. Rozada sucedió a Egea en la sexta jornada y empató ante el Extremadura, 1-1, en su primer día. Ziganda fue el elegido en el tramo final para salvar al equipo, pero su debut no fue afortunado: derrota 1-0 en Lugo.

El último en probar suerte, y no lograrla, fue Jon Pérez Bolo esta misma temporada. El Andorra de Sarabia conquistó el Tartiere, 0-1, en un aviso para navegantes.

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