Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Diez años de la salvación del Oviedo

Hugo López, sobre las penumbras del Oviedo: "Escribíamos cartas a la afición y no teníamos dinero ni para los sellos"

"Recuerdo al Alcalde jugando con una pelota y descorbatado, buscábamos una solución y apareció Toni Fidalgo", recuerda el asesor del consejo del Oviedo en 2012

Hugo López. MIKI LOPEZ

Hugo López (Oviedo, 1971) fue asesor del consejo del Oviedo en el año 2012, antes de la llegada salvadora del Grupo Carso. López era el presidente de la Asociación de Peñas Azules (Aparo) y tuvo un papel fundamental para movilizar a la afición. Diez años después, dice que el fútbol está "herido de muerte".

–¿Qué hace ahora?

–Desde que dejé las peñas del Oviedo me dedico mi trabajo y nada más. Estoy en una empresa de gases con sede en Gijón. Voy y vengo a Oviedo todos los días.

–¿En qué piensa si vuelve diez años atrás?

–En la situación tan caótica que había en el Oviedo, social y económica. Recuerdo bien aquella junta de accionistas en la que el que iba ser presidente se echó para atrás. Hubo mucho caos, teníamos que repetir la junta y no había ni consejo, había que buscarlo.

–¿Y qué hicieron?

–Me encerré en el Ayuntamiento con Agustín Caunedo, el alcalde, y con Rodolfo (Sánchez, el jefe de gabinete). Jaime Campillo también andaba por ahí. Nadie quería entrar en el consejo y recuerdo que estuvimos ahí metidos hasta las 11 de la noche.

–¿Cómo fue aquello?

–Recuerdo al Alcalde jugando con una pelota, descorbatado. Ya no había protocolo ni había nada. Se trataba de buscar una solución para el Oviedo. Y apareció Toni Fidalgo.

–¿Qué le dijo?

–Toni no preguntaba, lo daba por hecho directamente. Me dijo: "Vas a estar conmigo". Yo no puse ni un pero, le dije que iba con él al fin del mundo.

–¿Qué labor hacía la Asociación de Peñas (Aparo)?

–Hicimos de todo. Tuvimos que escribir cartas para sensibilizar a la gente y no teníamos ni dinero para sellos. Había voluntarios que iban buzoneando. Tuvimos que poner dinero de la Aparo para arrancar la tienda, les hacíamos un préstamo y cuando se vendían camisetas, Torla me lo devolvía. Campillo arregló las luces de El Requexón.

–¿Vieron cerca la desaparición?

–Ni lo pensábamos, teníamos tanta adrenalina que no parábamos. Cuando entramos el reto era poner a los trabajadores al día e ir viendo qué pasaba. Empezó a darse "el efecto llamada", la respuesta de los accionistas y luego el milagro mexicano.

–¿Cómo se entera que Slim está detrás?

–Yo me entere a la vez que todo el mundo. Jorge y Toni lo llevaban con mucho secretismo y no se lo reprocho, porque no se podía filtrar.

–¿Qué pensó?

–Tuve felicidad contenida. Pensé: esto ya está hecho y ya por fin lo dejamos. Nunca jamás nadie del consejo tuvo la pretensión de seguir en el club azul.

–¿Por qué saltó tan pronto por los aires la relación entre el consejo y Carso?

–Hubo unos bombardeos tan grandes como innecesarios, porque teníamos fecha de caducidad. Empezaron a envenenar por detrás.

–¿Quiénes?

–Los sabemos todos de sobra, no vamos a dar nombres. Periodistas, políticos y más gente. No entiendo el por qué y no voy a entrar.

–¿Qué sucedió en aquel acto que organizaban las peñas?

–Me dijeron que yo quería hacer un boicot a un acto de Arturo Elías. ¿Cómo voy a ser yo tan imbécil de boicotear un acto de la persona que salvó al Oviedo? El problema está en quién alimentó todo eso. La mayoría no dio la cara, pero yo tengo muy claro quienes fueron.

–¿Qué falló durante todos estos años?

–A Carso hay que agradecerle estar aquí, porque si no gran parte de la masa salarial no la tendríamos. La pena es que en todo este tiempo deportivamente nos estancamos, probablemente por gestionar un club en la distancia. Carso fue un décimo premiado, nos estancamos, y ahora se abre una etapa nueva y hay que desear suerte a Pachuca.

–¿Por qué se despegó del fútbol?

–Soy socio del Oviedo, aunque no voy al campo últimamente, pero sigo sufriendo como un perro. No lo puedo dejar. El otro día lo iba escuchando por la radio, lo puse al final, los últimos cinco minutos, y zas, gol de la Ponferradina. Soy muy del Oviedo, pero la deriva que tomó el futbol moderno no me gusta: horarios, trato al socio… Hay un distanciamiento de todo, de cómo se vivía el fútbol. Jugadores endiosados, partidos de peor calidad… El fútbol está herido de muerte.

Compartir el artículo

stats