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Bastón y un muro: el Oviedo derrota al Mirandés y coge aire (1-0)

Los azules acertaron en un córner, desaprovecharon las contras para sentenciar pero defendieron siempre con orden la renta

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EN IMÁGENES: El Oviedo gana en casa por 1-0 frente al Mirandés Miki López

Ante los problemas (más con el botiquín que con el juego), más de lo mismo. Coherencia ante todo. A Cervera le podrán quitar piezas, pero sigue empeñado en construir lo mismo. Una y otra vez. Un 4-4-2 rocoso, que invita al rival a entrar en su campo para ahí dinamitarle el juego. El mérito del Oviedo consiste en llevar el guion a las zonas que a él le conviene. Por eso no rechista cuando el rival toca en su campo. Por eso prefiere cederle las bandas cuando toca replegar. Lo que parece un dominio claro del rival es en realidad parte del plan que ha diseñado Cervera. Ante el Mirandés, eso mismo. Como aprovechó una de las que tuvo, Bastón y su olfato, y apenas concedió nada al rival se llevó un triunfo maravilloso que le aleja, ahora sí, de los problemas. El 1-0 como forma de vida.

Real Oviedo

Braat (1);

Lucas (2), Costas (2), Calvo (2), Bretones (2);

Flores (1), Jimmy (2), Luismi (3), Rama (3);

Bastón (2), Enrich (1).

Cambios:

Pomares (1) por Flores, min. 58.

Obeng (1) por Enrich, min. 66.

Borja Sánchez (2) por Bretones, min. 82.


Mirandés

Herrero (1);

Juanlu (1), Martín (1), Navas (1), Barbu (1), Salinas (1);

Prados (1), Rey (1);

Pinchi (1), Raúl (1), Gelabert (2).

Cambios:

Roberto López (1) por Prados, min. 58.

Marcos Paulo (1) por Pinchi y Manu García (1) por Barbu, min. 82.


Goles: 1-0, min. 23: Bastón.


Árbitro: Gálvez Rascón (madrileño). Amonestó a los locales Calvo, Luismi y al visitante Barbu.


Carlos Tartiere: ante 11.539 espectadores, según datos oficiales.

Hay momentos en los que el equipo sufre, por supuesto. Fases de achicar agua, con once gregarios remangados. Pero hasta en eso parece vislumbrarse una sonrisa en los futbolistas. Disfrutar en el sufrimiento, síntoma inmejorable de los equipos guerreros. Como este Oviedo de Cervera.

A pesar de las bajas, el técnico mantuvo el esqueleto, ese 4-4-2 que parece innegociable y situó sus hombres sanos en las posiciones que menos chirriaran. Poco más podía hacer. Apareció Flores en la derecha y Bretones mantuvo su puesto en el lateral. A poco que las cosas le vayan bien al asturiano, tiene plaza de funcionario por muchos años en el carril zurdo.

El Mirandés cerraba con cinco pero con los carrileros animados y tratando de tener la pelota. Ya se ha explicado que al Oviedo esto no le supone ningún problema. Brillaron desde el principio Jimmy y Luismi en la labor de contención. Leyeron lo que pedía el partido, robaron y jugaron con el mínimo de toques exigidos. Ellos equilibraron a los azules.

Rama había puesto un centro peligroso y Bretones había sembrado incertidumbre en unos primeros 20 minutos con poca chicha cuando las cosas se aceleraron. Primera fue en una llegada de Lucas, que disparó abajo, con saña. Alfonso Herrero mantuvo su manopla firme para despejar a córner.

Y desde la esquina llegó el zarparo. Centró Rama, medido, tocó Costas, autoritario, y embocó Bastón, mirada distraída, silbando, pasaba por allí, para anotar el primero y ensalzar la pizarra de Cervera, mente de estratega tras esas gafas. 

Ahí se apagó el partido. En parte porque el Oviedo replegó y en parte porque el Mirandés monopolizó la pelota. Sin ser un agobio, las cosas empezaron a suceder más cerca de Braat, pero sin apenas rasguños para la zaga azul. Solo Barbu, en un cabezazo franco a balón parado justo antes del descanso, se atrevió a inquietar el sosiego del Tartiere, que pudo disfrutar en la primera parte de un equipo reconocible. Con lagunas, claro, pero con una identidad definida. Y eso, en un equipo en apuros, supone un avance considerable.

El paso por los vestuarios solo fue un breve paréntesis, sin cambios drásticos en el frente, pues el Mirandés, como la final del primer acto. Siguió mandando. Avisó Enrich antes del minuto de regresar que el Oviedo se lanzaría a por cada espacio que cediera la zaga visitante. Pero lo cierto es que tampoco encontró el equipo de Cervera muchas vías.

El Mirandés siguió sobando la pelota y tratando de acelerar cuando encontraba los flancos. De un centro desde la derecha llegó una definición arriba de Gelabert en buena posición. De otro envío desde la misma banda, otro remate sin puntería de Pinchi. No es que sufriera en exceso el Oviedo, pero se echaba en falta su comodidad de la primera parte. Jimmy y Luismi ya no llegaban los primeros a todo y a Rama empezaba a escasearle la gasolina.

Por eso, Cervera movió el banquillo. Introdujo a Pomares para prescindir de Flores, que sigue perdiendo la batalla consigo mismo. Después, Obeng suplió a un agotado Enrich. Pero ya en la recta final, parecía claro que la propuesta del Oviedo era resistir atechado lo que restaba.

Borja calmó el juego

Pudo Bastón evitar un buen tramo de sufrimiento en dos ocasiones nítidas, de las que suele aprovechar para engordar su cuenta. A la primera, su cabezazo salió centrado. A la segunda, más clara esta, recibió de Obeng y quiso picar ante Herrero, pero el meta salió otra vez victorioso. Cerrar los partidos, esa asignatura pendiente para el Oviedo.

Dio aire al equipo Cervera con la entrada de Borja. Con un par de balones al pie pareció decirle a sus compañeros que sí, que lo defender juntitos estaba bien, pero que también podían anestesiar el choque manteniendo la posesión. El efecto fue inmediato, ya que el choque empezó a rodarse bastante más lejos de Braat.

Y no pasó nada más. Mérito incuestionable de este Oviedo, impecable en el trabajo, duro en la disputa y con las cosas claras. Y aunque el juego siga siendo mejorable, las cosas parecen mucho más bonitas cuando te alejas del pozo. 

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