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Manual de supervivencia azul: El Oviedo conquista Tenerife (0-1)

Costas anota a balón parado y una mayúscula defensa logra secar a un insistente equipo local

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En imágenes: así fue el Tenerife-Real Oviedo disputado en el Heliodoro Área 11/LaLiga

Atraviesa el Oviedo uno de esos momentos en los que todo le viene de cara. "Las dinámicas...", suelen mencionar los entrenador en voz bajita como si de brujería se tratara. El caso es que ahora mismo da la impresión de que a Cervera le dejas solo en mitad del monte con una navaja y en un pispás te construye un castillo. Es como si el Oviedo disfrutara desde el sufrimiento. En Tenerife se vio el ejemplo más nítido. Los locales fueron mejores. Porque dominaron el choque, el juego y las escenas de peligro, pero se dieron de bruces una y otra vez contra el bloque de hormigón que ha construido el Oviedo. Con fortuna, esta vez. La que faltó en tantas citas. Los azules acertaron en la suya, fue Costas, y desesperaron al Tenerife para imponerse en el Rodríguez López y conquistar un botín valiosísimo que le hace mirar arriba. Basta un dato: ahora mismo, el Oviedo está más cerca del play-off que del descenso.

Cervera se había quejado en la previa de la falta de tiempo para preparar el choque. “Está mal”, musitó un par de veces sin querer elevar mucho más su queja. Está la falta de margen de maniobra para estudiar el rival, pero también la necesidad de afrontar dos partidos seguidos con una plantilla diezmada por las bajas. Donde en los choques intersemanales otros encuentran una oportunidad para las rotaciones, Cervera solo ve otro test para su manual de supervivencia.

En esta ocasión, apenas tres matices en su equipo. Pomares volvió a la izquierda y Obeng relevó a Enrich como pareja de Bastón en la vanguardia. La principal novedad fue el estreno de Sesé, directo desde el Vetusta, en la banda derecha.

La puesta en escena fue más que pobre, con el Tenerife mandando desde el primer minuto. Aitor Sanz tenía un imán y Romero se camuflaba entre líneas para recibir siempre en ventaja. Como el Oviedo entró tibio al partido, las ocasiones no tardaron en sucederse. Por ejemplo, a los 50 segundos, Braat agarró un centro peligroso. Y a los 3, el portero despejó un chut fuerte de Romero. A los 4, Luismi despejó un balón suelto en el área y gesticuló hacia sus compañeros pidiendo más adrenalina.

Ni el Oviedo se encontraba, ni el Tenerife le dejaba hacerlo. Los azules se mostraban especialmente vulnerables en los flancos, con Lucas y Pomares débiles en el duelo. En el sinfín de llegadas locales, un pequeño oasis. Rama recibió en la banda, por fin con tiempo para diseñar algo aprovechable, se orientó hacia el centro y filtró un pase malicioso a la espalda de la defensa chicharrera, justo al lugar donde Bastón se había citado con el envío. El zurdazo del nueve se encontró sin embargo con la pierna de su marcador y la pelota salió rebotada a córner. Esa tímida acción, a los 11 minutos, fue lo más cerca que estuvo el Oviedo de rondar el gol en el primer acto.

Los 45 minutos de dominio local admiten un matiz. Los de Cervera sufrieron de lo lindo con el 4-4-2. A las jugadas ya descritas se sumó un despeje in extremis de Calvo con la testa, un latigazo de Waldo rozando el larguero, otra del extremo tras deshacerse de Costas que acabó en el lateral de la red, un remate a las nubes en posición franca de Garcés y una espléndida volea de zurda de Aitor Sanz que se fue besando el poste. Todo ello antes de la media hora.

Pero Cervera, analítico desde la banda, había detectado la fuga. El Oviedo, aunque cerrado atrás, no lograba cerrar vías entre líneas. Así que el técnico ordenó un par de movimientos sencillos para tratar de equilibrar la balanza. Obeng dejó la delantera para acoplarse a la izquierda y Rama se incrustó en el medio como un pivote más. A simple vista, parecía buscar Cervera un doble objetivo: cerrar los ataques enemigos por dentro y tratar de proponer algo con la pelota. Hubo un éxito inmediato en los primero y nada de los segundo. Suficiente, en todo caso, para llegar al descanso tambaleándose pero sin besar la lona. En el receso, al Oviedo le quedó al menos el gusto de saborear un resultado que no le daba la espalda. Que, visto lo visto, no era precisamente poco.

A Cervera tampoco le estaba encandilando lo que veía en el césped. Así que ordenó un relevo al descanso: Bretones por Sesé, inadvertido en su estreno. No era el escenario más sencillo para un debutante. Y asentó el técnico la idea del 4-3-3 que tratara de llenar el medio de minas ante los ataques tinerfeños.

Lucas se pegó un maratón en la derecha a los 49 para advertir que tras el descanso nacía otro partido. Y el Oviedo, este Oviedo que con poco logra mucho, logró lo que anhelaba. No necesitó gran cosa, tan solo un par de balones parados. En primero, tocó Calvo, pero despejó la zaga. En el segundo, bingo. Costas, el otro coloso de la defensa carbayona, acertó con la meta chicharrera.

El gol azul puso patas arriba el choque. Como se esperaba la reacción local, Cervera volvió a refrescar al equipo: Borja Sánchez y Enrich al verde. ¿La fórmula? La misma. resistir cerca del área, llenando de hormigón la frontal.

Lejos del vendaval del primer acto, el Tenerife siguió mandando y llegando con cierta asiduidad. Braat intervino un par de veces, una con las piernas a chut de Waldo y otra con una gran manopla ante el arranque de inspiración de Romero.

Para entonces, últimos quince minutos, Costas y Calvo ya se habían puesto el antifaz y la capa. El choque de ayer es el mejor recordatorio de la formidable pareja que formaron el año pasado. Rápidos al corte, concentrados, preparados para tapar cualquier fuga, incluso emergieron como pantalla para tapar un par de remates en el área. El Tenerife, insistente, se daba una y otra vez contra el muro.

Apretó el Tenerife hasta el final. Una y otra vez, encontrando más claridad en las alas que en centro. Y se multiplicó una defensa colosal, que apareció por cualquier rincón para frustrar las aspiraciones canarias. El Oviedo sonrió abiertamente con un botín que le dispara en la tabla. Toca olvidarse de las penurias y empezar a mirar hacia arriba.

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