Hola Oviedistas, mi nombre es Carlos Mena y mi padre es Benito Mena.

Os cuento algo muy brevemente porque las cosas largas aburren.

Mi padre es socio del Oviedo y el día 19 de Noviembre fue a ver al Real Oviedo a Ponferrada con la Peña Herrero. Por desgracia, mientras estaba en el campo, sufrió una hemorragia cerebral y tuvo que abandonar el campo del Ponferrada camino del hospital del Bierzo. Tras un scanner en el hospital determinaron que no podían hacer nada por él y enviaron el resultado al Hospital Universitario de León donde decidieron que se trasladara de urgencia a León.

Los resultados de la prueba médica indicaban que era muy complicado hacer algo por él, pero a pesar de ello los neurocirujanos de León decidieron meterse en el quirófano con mi padre. La operación era difícil, pero a pesar de ello el resultado fue satisfactorio. Era el momento de comenzar la recuperación y toda nuestra familia apoyábamos a mi padre con todas nuestras fuerzas.

Fueron dos semanas muy complicadas, dos semanas recibiendo las llamadas de los médicos de la UCI de León al mediodía, y después, por la tarde, algo menos de una hora de visita para cogerle la mano, acariciarle las piernas, darle besos y abrazos. Tanto mi hermana como yo hemos ido día tras día a León, después de nuestros trabajos para que nuestro padre nos oyese, nos sintiese, para darle ánimos, para contarle nuestro día a día, para hablarle de sus nietos. Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos, al menos en mi opinión, para “tirar” de mi padre y rescatarle de su coma, pero todos nuestros esfuerzos han sido baldíos. No me importa, lo volvería a hacer una y mil veces, quince días o quince años, porque lo que somos mi hermana (Mariam) y yo, lo somos gracias a mi padre y a mi madre (fallecida hace dos años).

Quiero agradecer, expresamente, el trato recibido por el doctor Raúl de la UCI, que nos ha informado puntualmente de forma cercana y nos ha apoyado y respaldado durante esta larga travesía. De igual forma al resto de los integrantes del equipo de la UCI del Hospital Universitario de León.

Durante todos estos días nos hemos sentido arropados por todos los miembros de mi familia, como entiendo que en cualquier familia sucede, pero por suerte para nosotros hemos tenido un apoyo extra. Y esto es lo que creo que es más interesante de estas palabras. Os cuento de qué se trata.

Desde el primer día tras el partido hemos estado en contacto con Jesús (jefe de seguridad del Real Oviedo). Nos ha preguntado día a día como iban las cosas, ofreciéndose tanto a nivel personal así como en nombre del Real Oviedo para ayudarnos en cualquier cosa que pudiésemos necesitar.

Otra cosa, ayer viernes, sonó mi teléfono cuando iba con mi hermana camino de León cuando sabíamos que el desenlace de mi padre ya era inminente. Cuando descolgué el teléfono la persona que estaba al otro lado era el Presidente del Real Oviedo. Me hizo sentirse reconfortado, me sentí protegido.

Esto no sucede en la vida real, estas cosas no suceden en el día a día, esto no da publicidad. Esta es una conversación privada, una conversación en la que una persona conocida hace una llamada a una persona anónima para preocuparse por el estado de su padre que ha tenido un problema médico. Ese tipo de personas son las personas que valen la pena

Porque animan a quienes tienen problemas sin que haya una cámara o un micrófono delante. Es por eso que escribo estas palabras para agradecer, de todo corazón, tanto a Jesús como al Presidente del Real Oviedo el apoyo y aliento recibido durante estas dos semanas muy complicadas.

Con personas así al frente de nuestro equipo, el futuro está garantizado. Nos esperan grandes triunfos y grandes logros. Aunque mi padre no pueda verlo desde su asiento del campo, podrá verlo donde quiera que esté. Un beso muy fuerte para mi padre y mi madre.

¡Hala Oviedo!