El Oviedo se cita con la gloria tras ganar al Eibar (0-2): jugará por el ascenso a Primera

Partido perfecto de los de Carrión, que superaron desde el principio al Eibar y le noquearon con goles de Alemão y Moyano

VÍDEO: Euforia entre los jugadores y la afición oviedista presente en Ipurua

Joaquín A. Cuesta

Nacho Azparren

Nacho Azparren

La obra perfecta del Oviedo de Carrión llegó en el lugar preciso y en el momento ideal. Un manual de supervivencia, un ejercicio de equipo campeón. Un partidazo. Rompió Ipurúa, primero con fútbol, después con solidez. Siempre, con personalidad. ¡Qué agallas las de este equipo! Ganó al Eibar, un señor equipo, en su campo, que parecía inquebrantable durante todo el curso. Pero a este Oviedo le va lo de superar cada obstáculo. Le noqueó desde el primer momento para desnaturalizarlo y mandarlo a la lona. La victoria no es una más. Ni mucho menos. Es la que le cita con la final por la Primera División. En la antesala de algo grande. De una de las páginas más esperadas en la longeva historia del club carbayón.

Eibar
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0 2
Real Oviedo
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0-1, min. 68: Alemão. 0-2, min. 79: Moyano.

Alineación Eibar

Luca Zidane (1);
Tejero (1), Berrocal (1), Arbilla (1), Cristian (1);
Nolaskoain (1), Matheus (1);
Aketxe (1), Soriano (2), Corpas (1);
Stoichkov (0).

CAMBIOS

Konrad (1) por Corpas, min. 62.
Sergio León (1) por Aketxe y Sergio por Nolaskoain, min. 72.
Qasmi (1) por Tejero, min. 80.

Alineación Real Oviedo

Leo Román (3);
Viti (2), Luengo (2), Calvo (3), Pomares (2);
Luismi (2), Colombatto (2);
Moyano (3), Seoane (3), Borja S. (2);
Alemão (3).

CAMBIOS

Paulino (2) por Borja S. y Bretones (3) por Pomares, min. 51.
Bastón (2) por Alemão, min. 76.
Homenchenko (1) por Seoane y Dubasin (1) por Moyano, min. 86.


Galech Aptezguia (comité navarro). Amonestó a los locales Aketxe y Qasmi y a los visitantes Seoane y Bretones.

Ipurúa ante 7.732 espectadores, con cerca de 500 oviedistas en la grada.

Es difícil elegir cuál de los muchos registros que el Oviedo puso en liza es la que debe recibir más elogios. Impactó de inicio ese aplomo con la pelota. Le quemaba al Eibar, la disfrutaba su rival. También sobresalió la versión que aceleró tras el descanso, apoyado en el carril que se construyó de inmediato Bretones. Y el que defendió cada pelota como si fuera la última en el mundo. Que ganó además cada disputa. Incluso hubo un Oviedo que mató a la contra. Lo tuvo todo el equipo de Carrión y nadie puede contradecir que es el justo vencedor de esta eliminatoria.

Quien esperara una salida en tromba del Eibar, por eso de ser local, no tardaría en darse cuenta de que nada de eso. De que el conjunto armero quería darle continuidad a lo visto en el Tartiere, mucho más reservón de lo que es su imagen habitual. En Oviedo le había servido para salir indemne y en Ipurúa repitió fórmula en busca de algún error en la salida de los azules, de rosa en esta ocasión.

Así que la pelota fue del Oviedo, y el equipo se sintió cómodo en territorio rival porque se jugaba a sus reglas. Los de Carrión, tratando de crecer en cada posesión, sin arriesgar más de la cuenta, conscientes de que la eliminatoria avanzaba por una cornisa. El Eibar trató de llegar por vía más directa, acelerando en los flancos.

Calvo despejó un par de centros iniciales que el conjunto armero usó de presentación en el choque. Más clara fue la de Stoichkov a la contra, pero su zurdazo salió muy centrado, fácil para Román.

Con algún susto puntual, el plan salía como lo había previsto Carrión. La clave era negarle el balón a Arbilla y Matheus e invitar a Berrocal a iniciar y a Nolaskoain a continuar la jugada. Con la pelota, mucho movimiento entre líneas y tratar de llevar rápido el balón a los costados. Nadie como Moyano entendió lo que pedía el partido. Bullicioso como siempre, sin lugar fijo, extremo nómada que la defensa armera nunca logró controlar. A Alemão le escapó un control tras una maniobra de Moyano que le hubiera dado cita con Zidane.

Estaba el Oviedo bien, sólido y atrevido con la pelota, pero el Eibar también tenía cosas que decir. Es un equipazo. Lo demostró a los 23 minutos, con una ágil combinación en la izquierda que aceleró Soriano y que Corpas trató de poner el broche asegurando el golpeo de interior. Leo Román se estiró abajo, brazos de Míster Elástico, para negarle al extremo el primer gol. Una de esas acciones que durante el curso pueden optar a parada de la jornada. Con el punto extra de todo lo que había en juego.

Esa sacudida parecí alterar los papeles. Le costó más al Oviedo entonces, y el Eibar lanzó un par de córners de esos que ponen un nudo en la garganta. Bien la zaga carbayona, en todo caso. Pero los de Carrión superaron esa fase, corta, en la que el Eibar parecía tomar el mando y volvieron a ponerse a tono con el balón.

Los últimos 10 minutos del primer acto volvieron a sonreír al Oviedo, instalado en campo rival. Una peinada pasada de fuerza de Alemão, un testarazo de Moyano y un centro sin socio de Pomares sirvieron para cerrar una primera mitad con buen sabor de boca en general para los de Carrión. Pero, como en la ida, seguía faltando esa chispa, ese detalle que rompiera la muralla eibarresa.

No cambió nada tras el paso por los vestuarios, así que Carrió debió intuir el momento de acelerar las cosas. Entró Bretones por Pomares y Paulino por un renqueante Borja. Seoane avisó desde la frontal pero su disparo chocó en Alemão. Era un Oviedo más valiente y eso conllevaba dejar más espacios atrás. Se encontró Aketxe con una falta rozando la línea del área que Román despejó con los puños. Habían pasado 10 minutos y estaba claro que el partido quería acelerarse.

Lo haría Bretones, en un centro exprés, sin tiempo al defensa para taparle, con rosca, exacto. Un envío de esos que buscan desesperadamente un amigo. Alemão se hizo más ancho aún para ganarse el espacio y tocar preciso con la cabeza. Bote y para dentro. El Oviedo lanzaba el tablero al suelo con un 0-1 magistral.

Ahí si que entró el partido en la coctelera. No le quedaba otra al Eibar. Soriano se quedó cerca del poste y el Oviedo respondió robando y corriendo: Bretones probó de lejos. El susto servía para avisar a los locales que los carbayones también sabían galopar.

Sufrió cuando tocó el Oviedo. Porque estaba claro que el Eibar reaccionaría. Y volvió a tomar aire tras ese impulso de diez minutos de los armeros. Rozó Paulino el segundo con la derecha desde la frontal. Pero había que seguir peleando cada pelota. Un pase a la final por el ascenso no se logra sin las convenientes dosis de sufrimiento.

La recta final acentuó los papeles, como no podía ser de otra forma. El Eibar plantó su campamento base en campo carbayón, y a los de Carrión, ya sin la posesión, les quedaron las contras. Vaya si les quedaban. Porque Arbilla, inusual esto, pifió un control y Bastón, que acababa de salir, se relamió. Controló, pisó área y centró al área. Allí llegó Moyano para empujar a la red y confirmar que sí, que era la noche del Oviedo. Que su actuación en Ipurúa sería recordada por mucho tiempo.

El Eibar siguió intentándolo más por orgullo que por convicción pero no había nada que hacer. Porque hacía tiempo que el partido era del Oviedo. Más o menos desde el saque inicial. Triunfó el Oviedo en el día que se le exigía y consigue un boleto de oro, uno inimaginado cuando Carrión se hizo cargo de la nave allá por la jornada sexta, para jugar la final por el ascenso. Espanyol o Sporting deben saber que este equipo va muy en serio.

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