El Oviedo toca el cielo: así fue el espectacular recibimiento en el Tartiere de madrugada tras meterse en la final del play-off de ascenso

Miles de personas esperan a la plantilla azul: "Que sí, que vamos a subir"

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Irma Collín/ Antonio Lorca

Antonio Lorca

Antonio Lorca

Dani Iglesias apenas durmió un par de horas después de ver al Real Oviedo ganar por 2-0 en el campo del Eibar. A eso de las 3.00 de la madrugada despertó a sus hijos, Noé y Mara, que a pesar de lo que contaban sus rostros negaban estar cansados, y a su mujer, Mari Gallego, también entera, y se fueron todos al Carlos Tartiere. Allí, como muchos más de un millar de oviedistas, esperaron con paciencia y buen ánimo la llegada de los jugadores tras la hazaña de colocar al equipo azul a dos partidos, una eliminatoria, de la Primera División. A las 7.30 el despertador le empezará a sonar a Dani para ir a trabajar a un almacén de construcción. Lo hará con sueño, pero contento. "Merece la pena", dice, convencido, con una sonrisa que la falta de horas de descanso no le va a borrar. Tampoco a su mujer ni a sus hijos, todos con la camiseta del Oviedo, todos con la ilusión de ver a su equipo, el que tanto ha sufrido durante demasiados años, otra vez entre los grandes.

Es una madrugada luminosa en la ciudad y el Tartiere un lugar de fiesta. Los cánticos no cesan, hay tiempo para todos, se celebra cada autobús que va llegando con los afortunados que se desplazaron a ver al equipo en Éibar y que actuaron como calentamiento para el momento que todos esperaban, rodeando el gentío la rampa por la que en unos minutos bajaría el autobús que traerá de vuelta a casa a un equipo que tiene a Oviedo en un puño, en una nube, enloquecido porque ahora ese cántico que se repetía una y otra vez está tan, tan cerca: "¡Volveremos, volveremos, volveremos a Primera, volveremos otra vez!", coreaban una y otra vez, tan convencidos como siempre, pero más cerca que nunca.

Noé , Mara y Dani Iglesias, y María Gallego, en la esplanada del Tartiere

Noé , Mara y Dani Iglesias, y María Gallego, en la explanada del Tartiere / Irma Collín

No hubo aviso y el autobús que todos deseaban ver llegó de sopetón, por sorpresa, y cuando la muchedumbre congregada en la explanada del Tartiere se dio cuenta fue como un latigazo, todo el mundo se dirigió hacía él, se encendieron las bengalas, se agrietaron las gargantas, se perdió el sentido del tiempo, se olvidó todo lo demás, que queda una eliminatoria, que mañana hay que trabajar. "¡Que sí, que vamos a subir!", les gritaban, convencidos, completamente seguros de que en esa frase había una verdad incuestionable.

Fue bajando el autobús por la rampa, la famosa rampa, y los oviedistas detrás. No hubo forma de evitar que junto al autobús entraran al parking interior del Tartiere cientos de aficionados que cantaban, que gritaban, que saltaban, que vitoreaban, que informaban al entrenador de algo que ya debe saber: "¡Carrión, te quiere, la gente del Tartiere!". Y el nombre de Cazorla, que no jugó, pero que les ha hecho felices, se coreaba como una canción más. Y es que, por si había alguna duda, cantaban también que "Oviedo es de Primera" y que el oviedismo es "un sentimiento", y que, ellos, los aficionados azules, "cada día" quieren más a su equipo.

Tanta gente había alrededor y tanto festejo que fue largo el tiempo que hubo que esperar para que los jugadores pudieran bajar del autobús. Y, cuando lo hicieron, aún había gente dentro que les abrazó, que les cantó y que les agradeció lo que están haciendo esta temporada. Eran casi las 4.30 cuando fueron saliendo cada uno en su coche, que tampoco esa salida fue rápida y que fue el momento de decirle a Viti: "¡Quédate!". Salieron los coches y algunos aún no tenían del todo claro que fuera ese el momento de marcharse a casa, pero la mayoría se fue retirando en la madrugada de un miércoles en que el oviedismo renunció a dormir con gusto. Las ojeras de hoy estarán acompañadas por una sonrisa y todo el tiempo que pase hasta el domingo los oviedistas de Asturias tendrán la mirada perdida en el infinito. Ese en el que está el ascenso más esperado.