Locura en las calles de Oviedo: la afición celebra a lo grande la clasificación azul para la final del play-off

La plaza de Pedro Miñor fue el epicentro donde se concentraron los oviedistas para compartir la alegría del triunfo ante el Eibar

VÍDEO: Locura en las calles de Oviedo para celebrar el pase a la final del play-off de ascenso a Primera

Antonio Lorca

Antonio Lorca

Antonio Lorca

Claudia Gómez cumplió 23 años ayer, el día en que el Oviedo se quedó a un paso, a una eliminatoria a ida y vuelta, de volver a Primera División. Lo celebró a lo grande con sus amigas en la plaza de Pedro Miñor, junto a un oviedismo feliz por lo que está haciendo su equipo esta inolvidable temporada. Dos días antes de que ella naciera, el 10 de junio de 2001, el Oviedo empató a un gol con el Real Madrid en el viejo Tartiere, lo que le daba opciones de mantenerse en la máxima categoría, pero el fin de semana siguiente una derrota en Mallorca envió al equipo azul a Segunda.

Como Claudia, un porcentaje muy alto de los aficionados que se congregaron ayer en la plaza de Pedro Miñor solo ha visto al Oviedo en un duro periplo desde los campos de barro de la Tercera asturiana hasta el momento actual, en el que se roza la gloria del ascenso. Ni antes ni ahora han dudado de ese sentimiento al que ayer cantaron y gritaron con todo lo que sus jóvenes gargantas les permitían. Otros, algo más mayores, tendían más a separarse del grupo y a tomar distancia para mirar con ojos de emoción, de incredulidad, lo que estaba sucediendo. Uno de ellos, Rubén Rodríguez, apasionado seguidor del Oviedo, "speaker" del Oviedo Baloncesto, mientras se batía en retirada aún se frotaba los ojos, como si todo fuera un sueño: "No me lo creo, es que todavía no me lo creo". Y miraba a la fuente de Pedro Miñor y escuchaba a la gente gritar "¡¡¡Que sí, joder, que vamos a ascender!!!" y el teléfono le sonaba advirtiéndole de que volviera a casa, que al día siguiente tocaba trabajar.

Pero muchos otros no, no volvieron a casa, quizás aún no hayan vuelto, una generación que ya ha terminado el curso y a la que ayer le tocaba vivir en primera persona una gloria que sus padres, incluso sus abuelos, les habían contado del equipo que ayer, sí, pueden decirlo alto y claro, dio el penúltimo paso para protagonizar el regreso más sonado del fútbol español.

Hasta la tarde había dado una tregua al oviedismo tras varios días de lluvia. Se estaba bien, a gusto, en ese ambiente azul que, aunque optimista, sabía que no iba a ser fácil derribar al Eibar. Carmen González, en una de las terrazas, acompañada de su grupo de amigos, todos de esa generación que nunca ha visto al Oviedo en Primera, lo tenía claro: "Va a tocar sufrir". De hecho, esperaba que Leo Román fuera el mejor de los azules. "Difícil, duro, pero no imposible", decían Noelia Arboleya, Giovanna Arboleya, Begoña Rodríguez y Carmen Fernández, éstas de algo mayores, de la que sí recuerdan al Oviedo recibiendo a los grandes en el antiguo Carlos Tartiere.

Que todo vuelve y el Oviedo aún más quedó claro ayer en la plaza de Pedro Miñor. Porque están cerca de lograrlo y porque la juventud azul está "loca por verles ganar".