El penúltimo paso a la gloria: un Oviedo de dulce afronta su primera batalla por el ascenso con una posible novedad en el once

El técnico azul mantendrá su apuesta por el 4-2-3-1 y Abel Bretones pugna por regresar al once en el lateral zurdo

Carrión, al fondo, tras Colombatto, Luismi y Alemão.

Carrión, al fondo, tras Colombatto, Luismi y Alemão. / Irma Collín

Nacho Azparren

Nacho Azparren

De solo pensarlo, al oviedismo se le pone la piel de gallina: el de hoy puede ser el último partido del Carlos Tartiere en Segunda División. El que pone fin a 23 años de travesía en el desierto. Pase lo que pase, quedará Cornellá para decidir una eliminatoria que se prevé competida. Pero es inevitable pensar en toda la carga simbólica que podría tener a la larga el duelo de esta tarde.

Oviedo y Espanyol se juegan el primero de los dos asaltos por el ascenso (18.30 horas) y lo primero que se viene a la cabeza es la diferente naturaleza del premio para los dos contendientes. Para los dos es lo máximo, sí: volver a Primera División. Pero es muy diferente el halo que rodea a ese premio. Porque el Espanyol, por ejemplo, nunca ha acumulado dos temporadas seguidas en Segunda, siempre que ha descendido, ha regresado al año siguiente. Queda por ver qué pasa ahora... De ahí que no ganar este duelo se clavaría en su currículum como una de las mayores decepciones en la historia perica.

Para el Oviedo sucede todo lo contrario: batir al Espanyol pondría fin a la peor etapa en la historia del club carbayón. Ganar por entrar en la historia (Real Oviedo) contra ganar por no entrar en la historia (Espanyol).

El oviedismo rebosa optimismo esta semana y aunque Carrión trata de aislar a sus hombres de esa ola, es imposible que no les salpique. Tampoco es que huya el entrenador encarecidamente de la euforia, pero trata de recordarles a sus muchachos que aún queda mucho por remar. Que no es tan sencillo como se respira en el ambiente. Que el Espanyol es un rival potentísimo, el más poderoso a priori de Segunda, aunque haya atravesado la campaña a volantazos. Solo hay que mirar a su plantilla, con el goleador Braithwaite a la cabeza: la mitad son futbolistas de Primera. Pero Ipurúa ha supuesto la liberación definitiva para un grupo dispuesto ahora a hacer historia. Ya iba en camino, con la mayor remontada en Segunda División desde 1952 (hizo algo similar entonces el España Industrial, pero se quedó a las puertas del ascenso), pero le falta una guinda que daría sentido a todo lo conquistado hasta ahora.

Y el choque en Éibar, contra el para muchos el mejor equipo de Segunda, en un escenario que parecía inexpugnable, con esa autoridad que solo ofrecen los conjuntos grandes, le ha dado al Oviedo motivos de sobra para comprobar que sí, que efectivamente este puede ser el año. El éxtasis está a dos partidos. ¡Pero qué dos partidos!

En una final tan equilibrada como la que se percibe ahora cualquier detalle puede ser definitivo y ahí entra en juego un Carlos Tartiere que hoy entrará en ebullición a partir de las seis y media. En realidad, desde mucho antes. Porque lo que se sentirá hoy solo será la continuidad a un estado de excitación palpable desde hace dos semanas. Una ciudad entregada, muestras continuas de amor desde toda Asturias y unas ganas irrefrenables por celebrar. Echarse a la calle y ondear las banderas.

La cuestión anímica parece engullir por completo el duelo, pero no nos engañemos, al final será una pelea futbolística. El carácter empuja, pero las piernas ganan partidos. Y ahí hay muchas claves que descifrar y a las que Carrión, dueño de cada pequeño ajuste los fines de semana, deberá estar atento más que nunca.

El 4-2-3-1 parece asentarse para esta tarde, tras el gran resultado que dio en Ipurúa, en un intento por reforzar una medular desde la que se quiere empezar a ganar el duelo ante el Espanyol. Con Seoane de media punta, aunque ayudando a la pareja de pivotes, el ariete será otra vez Alemão, que ha demostrado en los últimos meses que podría haber sido un delantero aún más importante en Segunda de haber gozado de más protagonismo.

Pocas dudas se vislumbran en el once. Bretones llama a la puerta tras su genial asistencia, y el partido completísimo, del miércoles. También es cierto que Pomares no ha dado motivos para prescindir de él y que el relevo en el carril zurdo según avance la segunda mitad también da ventajas. Pero Carrión siempre premia los estados de forma y este puede ser el del mejor Bretones. Con Moyano, la fórmula banquillo para recuperar y vuelta al once salió redonda.

Y está el estado de Borja Sánchez, algo tocado de un golpe el miércoles. Carrión ha dicho que verá su estado antes de decidir. Si el ovetense está en plenas condiciones, será el dueño en la izquierda.

Así, el once de esta tarde podría ser el formado por Leo Román; Viti, Luengo, Calvo, Bretones; Luismi, Colombatto; Moyano, Seoane, Borja Sánchez; Alemão. Regresa a la convocatoria Cazorla, aunque parece que aún le queda para poder jugar. Se caen Tarín, Costas y Mario. En el banquillo estarían: Braat, Lucas, Homenchenko, Pomares, Jimmy, Camarasa, Santi Cazorla, Masca, Paulino, Dubasin, Álex Millán y Borja Bastón.

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