El Oviedo defiende ante el Espanyol su renta de la ida en busca de regresar a Primera División 23 años después

Carrión promete un equipo ofensivo y las dudas se centran en la derecha, con Dubasin como posible novedad en el once

Luis Carrión, durante el entrenamiento de ayer en la ciudad deportiva del Real Oviedo.

Luis Carrión, durante el entrenamiento de ayer en la ciudad deportiva del Real Oviedo. / David Cabo

Nacho Azparren

Nacho Azparren

Ahí lo tiene el Oviedo. Tan cerca y tan lejos: a 90 minutos, pero con un rival temible. Como en el 88, como tantas veces se ha exigido a los equipos que quieren triunfar. La historia de los clubes está repleta de puntos de inflexión, de momento claves, de días D en los que todo cambió de rumbo. En los que un equipo dejó atrás un capítulo para escribir con letras doradas otro mucho más excitante. Y en esas está el oviedismo, consciente de que lo de esta tarde en Cornellá (18.30 horas) es algo más que un partido. Es algo más que el resultado de una temporada. Es la oportunidad de cerrar de sopetón la etapa más dura en la historia azul. Casi nada.

Juega el Oviedo contra el Espanyol y se enfrenta el club cara a cara a los fantasmas de su pasado más reciente. Como si no fuera solo Braithwaite la amenaza, como si junto al danés se alineara toda la lista de desgracias que han asolado al club carbayón desde 2001, en su último paseo por la élite. No. Definitivamente no es un partido más.

Es una cuestión de identidad. De reivindicación también. Han pasado demasiadas cosas mágicas este año como para que no acabe con el broche del ascenso. Todo empezó con el regreso de Cazorla, siguió con el optimismo que contagia de Carrión (aunque hubo que tragar sapos en las primeras seis jornadas), se batió el récord de abonados y se coloreó todo del color azul más intenso con lo vivido hace una semana: Melendi y más de 29.000 gargantas cantando el himno más sentido que se recuerda.

La previa del partido.

La previa del partido. / LNE

Nada de esto influye sobre el terreno de juego, por supuesto, pero es lo que en parte ha empujado a los de Carrión a estar a puertas de una remontada nunca vista en toda la historia de Segunda: el España Industrial cubrió un camino parecido en el 52 pero se quedó a las puertas de ascenso. Hasta en ese detalle la campaña sería diferente.

"Solo se trata de ser mejores que el rival". Luis Carrión ha intervenido en la previa para regar con dosis de realismo las horas que preceden a la final de finales. No trata el entrenador de contener la euforia del oviedismo, pero de puertas hacia dentro emplea un lenguaje más práctico. Ese ser mejores implica, por ejemplo, no encerrarse en el área, aunque el resultado pueda invitar a ello. No se verá un Oviedo rácano, insiste el entrenador. Y a cualquiera que haya visto a los azules esta temporada no le costará creérselo.

Una vacante en la derecha

En cuanto a los planes de Carrión, parece claro que mantendrá su apuesta por el 4-2-3-1: es el que mejor resultados le ha dado, como se ha visto en los dos últimos encuentros. Asumido el dibujo, queda por decidir lo nombres. Y aparece como duda más evidente el propietario del flanco diestro.

Paulino cayó lesionado la semana pasada y aunque ha tocado balón estos días en El Requexón parece imposible que pueda jugar de inicio. Se abre una vacante con alternativas de la más variada índole. El relevo natural es el de Borja Sánchez, como ya sucedió en Ipurúa, con Moyano mudándose de banda, pero las molestias del canterano desde aquel partido podrían reservarle un hueco para un periodo más corto, la segunda parte. Masca ya ha actuado en muchas ocasiones tirado a la derecha y cuenta con opciones. Pero está también Dubasin, relevo el domingo pasado de Paulino tras la lesión y que ofrece intensidad y trabajo, además de llegadas. El puesto podría ser para el ex del Albacete.

Pocas dudas ofrece el resto de puestos en el equipo carbayón. Funciona el equipo en el momento clave y no parece que Carrión vaya a tocar muchas teclas, a pesar de que ha dicho en la previa que podría mover algo su equipo buscando sorprender al Espanyol, un conjunto que saldrá a morder en campo contrario al Oviedo, fiel al estilo que ha impuesto Manolo desde su llegada al banquillo catalán.

Pendientes de Cazorla

Como ha sucedido a lo largo de toda la temporada, el Oviedo consume las horas previas a la final con la atención dividida en cómo se le puede meter mano al Espanyol y en el parte médico. Hay varias situaciones subrayadas por la duda, pero una por encima de todas: la de Santi Cazorla.

Cayó lesionado ante el Andorra, penúltima jornada, prometió volver si había un "uno por cierto de posibilidades" y desde entonces se machaca al margen del grupo para poder hacerlo posible. Esta semana ha tocado algo de balón sobre el césped y, aunque parece complicado que pueda ayudar, estará cerca de Carrión por si el guion le demanda.

Con todo, el once por el que puede apostar Carrión sería el formado por Leo Román; Viti, Luengo, Calvo, Pomares; Luismi, Colombatto; Dubasin, Seoane, Moyano; Alemão. El entrenador ha convocado a todos sus futbolistas, sanos y lesionados, y con la novedad segura de Costas en la lista, estarían en el banquillo: Braat, Lucas, Costas, Homenchenko, Bretones, Jimmy, Camarasa, Cazorla, Borja Sánchez, Masca, Millán y Bastón.

Esteban, una visita especial antes de partir hacia Barcelona

En la imagen, Esteban con Pomares. / David Cabo.

Esteban, una visita especial antes de partir hacia Barcelona

Antes de tomar el avión hacia Barcelona, el Real Oviedo entrenó, por última vez esta temporada, en los campos de El Requexón. La plantilla contó con una visita muy especial. El exguardameta y capitán azul Esteban se acercó a El Requexón a darle el último aliento al equipo antes de la vuelta en Cornellà. En la imagen, Esteban con Pomares.

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