El sueño del Real Oviedo muere en la orilla: el Espanyol remonta (2-0) y asciende a Primera

Puado acertó en dos minutos de desastre carbayón para chafar el ansiado regreso - Los de Carrión lo intentaron con más profundidad en la segunda parte, pero sin pólvora

Nacho Azparren

Nacho Azparren

Hay lágrimas porque es inevitable. Porque es natural. De rabia, de frustración. Un golpe con la realidad. Pero la tristeza tiene matices, porque las lágrimas tienen mil formas de deslizarse por el rostro. Que hoy el oviedismo acabaría con llorando estaba escrito de antemano. Quedaba por dilucidar si sería por alegría o por tristeza. Es por lo segundo, en la línea de desgracias que siempre ha acompañado al Real Oviedo a lo largo de su historia. El golpe es duro. De los más dolorosos que se recuerdan. En el momento más dulce, a las puertas del lujoso vecindario de la Primera División, con el pecho bien hinchado de orgullo por un equipo que juega como los ángeles y un sentimiento al que solo Melendi con 30.000 voces es capaz de ponerle banda sonora. Es duro, pero tiene un deje dulce. Ahora apenas se percibe, está escondido por una ola agitada de rabia, pero calará con el paso de los días, quizás semanas. Es orgullo. Porque esta temporada, la 23/24, acaba con la más profunda de las tristezas, enterrado el sueño en Cornellá en dos minutos de caída que condenan al equipo, pero también pasará a la historia como el año en el que oviedismo se sintió más orgulloso de sus símbolos.

Espanyol
alt text
2 0
Real Oviedo
alt text

1-0, min. 43 Puado. 2-0, min. 45+1: Puado.

Alineación Espanyol

Joan Gcía. (1);
El Hilali (2), Calero (2), Cabrera (2), Milla (2);
Jofre (1), Gragera (1), Bare (1), Melamed (1);
Braithwaite (1), Puado (3).

CAMBIOS

Oliván (1) por Milla, min. 68.
Aguado (1) por Melamed, Salvi (1) Jofre y Víctor (1) por Bare, min. 79.
Lozano (1) por Puado, min. 87.

Alineación Real Oviedo

Leo Román (1);
Viti (2), Luengo (1), Calvo (1), Pomares (1);
Luismi (1), Colombatto (1);
Dubasin (0), Seoane (0), Moyano (0);
Alemão (1).

CAMBIOS

Borja Sánchez (1) por Moyano y Bretones (2) por Pomares, min. 46.
Cazorla (1) por Luismi y Masca (1) por Dubasin, min. 62.
Bastón (1) por Seoane, min. 76.


Cordero Vega (comité cántabro). Amonestó a los locales Cabrera y Pere Milla y a los visitantes Moyano, Viti y Seoane.

Stage Front Stadium: 33.107 espectadores, con cerca de mil oviedistas en la grada.

Honor, a pesar de todo, a estos futbolistas que supieron recomponer el rumbo, evitar el precipicio y apuntar a las más altas cotas. Ellos pusieron de su parte para que todos salieran a la calle a lucir el escudo. Solventaron mil trampas en forma de crisis, lesiones y soplidos al pinganillo. Se impusieron a cada uno de los desafíos. Salvo al último. Al monstruo final.

También para un entrenador que supo dar con la tecla al poco de aterrizar. Que cayó de pie y convirtió la temporada en una oda al optimismo. Su mayor logro, la identificación de la afición con el equipo a una escala que pocas veces se ha visto. Para todos, la nota ha de ser alta, aunque ahora sea complicado valorar las cosas así. Porque duele mucho.

En cuanto al partido, es sencillo de explicar: Se le fue el sueño al Oviedo en dos minutos de zozobra. Un arrebato justo antes del descanso le sirvió al Espanyol para derretir la fortaleza azul, que hasta ese momento se había mantenido perfectamente erguida, aguatando la enorme carga emotiva que tenía el partido. Pero llegaron los minutos malditos, a partir del 43, y la esperanza se fue por el desagüe.

Salió el Oviedo bien plantado, intentando hacer el partido largo, consciente como era de esperar que el Espanyol se volcaría desde el principio. Salió arriba el equipo local pero al margen de un par de córners sin daños mayores no es que sometiera al conjunto de Carrión, que encontró en cada falta a favor un momento idóneo para arañar segundos al crono y, de paso, serenar los ánimos.

Hasta el desenlace del primer acto, el Oviedo no estuvo especialmente incómodo. Tampoco es que luciera la versión ofensiva habitual, pero mantuvo al menos el conjunto de Carrión algunas sanas costumbres, como inicial desde abajo siempre que pudo.

A los 9 minutos, llegó el primer amago local en un centro de Puado en la derecha que se acercaba peligrosamente a Jofre, que ya se relamía. Pero apareció Dubasin como un rayo para despejar a córner y chafar el final redondo de la escena catalana. La jugada sirvió como advertencia de los pericos: Puado tenía todos los explosivos.

Fue madurando el partido el Oviedo con posesiones algo más largas, pero dio la sensación de que el equipo dudó muchas veces qué hacer con la pelota: si tenerla para buscar su versión más habitual o tratar de explorar los espacios a toda velocidad. Combinó ambos estilos pero con una sensación común: le falta pausa. Ni Seoane ni Dubasin estaban especialmente finos en los controles, ni Moyano aprecía entre líneas. Sí se vio una versión algo más alegre de Alemão, que se convirtió en la principal fuente de oxígeno cuando el Oviedo veía las cosas negras. Carrión pareció verlo así también porque tras un par de pérdidas de Dubasin saltó desde la banda para pedirles a los suyos más calma con el balón.

El único conato de peligro carbayón en una primera mitad alejado del área rival fue un envío de Dubasin a la carrera de Seoane en el que Calero y Joan casi se arman un lío. Tampoco desde la esquina daba miedo el ataque azul, así que quedaba pendiente la asignatura del juego ofensivo. Se echaba de menos algún “uy” que llevarse a la boca. Por lo demás, la tarde parecía más plácida de lo que uno podría imaginarse de antemano.

Pero el Espanyol tiene estas cosas: no es un equipo que te machaque con un juego arrollador, pero puede mandarte a la lona en un chispazo. Y así, desgraciadamente para el Oviedo, sucedió. Entre el 43 y el 46 mostró la esencia de su ambiciosa plantilla, con Puado como nuevo villano para la historia azul.

El primer guantazo encontró demasiadas facilidades para un partido de esta envergadura. Se marchó a la carrera de Seoane y tocó con la pierna, en el área pequeña, para batir a Leo Román. Estalló Cornellá y, entonces sí, se achicó el Oviedo, que veía el descanso como la pausa más necesaria de la temporada. Pero no hubo tiempo para el asueto, porque el Espanyol volvió a golpear. Milla ingresó por sorpresa y tocó hacia dentro, donde apareció, otra vez él, Puado, para batir a Román.

Ahí sí llegó el silbido que clausuraba el primer acto, y con él la agria sensación en la parroquia carbayona de que se podía haber echado por tierra el gran sueño antes de tiempo.

Reaccionó de inmediato Carrión moviendo sus fichas. Bretones y Borja al césped para renovar la banda zurda. Mejoró de inmediato el Oviedo, más o menos el tiempo que tardó Borja en tocar el primer balón e iniciar una cabalgada marca de la casa. Fue el canterano el que inauguró el nuevo Oviedo con un golpeo alto tras cabalgada de Viti. Pero estaba claro que el guion había cambiado. Se creó, de paso, una sensación menos positiva: ¿por qué los de Carrión no habían mostrado ese temple en la primera mitad?

El paso obligado adelante también traía riesgos, algo lógico. Y el Espanyol no estaba incómodo cediendo la pelota a su rival. Una falta cerrada de Colombatto sin rematador y un zurdazo de Braithwaite tras pérdida azul mostraban las cartas de uno y otro de cara al nuevo partido que había nacido.

Trató Carrión de acelerar aún más las cosas. Entró Masca y, sobre todo, Cazorla. Un centro raso de Bretones a los 66 minutos no encontró rematador por centímetros. Otro demasiado cerrado del zurdo le siguió de inmediato. Se rodaba todo cada vez más cera del área espanyolista.

Ya con Bastón, los minutos pasaban con la sensación de dominio ya comentada pero sin grandes ocasiones que llevarse a la boca. Faltaba ese chispazo final, ese algo tan difícil de lograr en la igualada Segunda.

Nada que reprochar a un equipo, el de Carrión, que siguió insistiendo hasta el final, llevando el balón a banda e intentándolo con todo tipo de centros. Destacó la cilindrada de Bretones en el segundo acto. La defensa del Espanyol fue granítica. Ni siquiera se veía a Joan, hasta que ya en el añadido Borja Sánchez le probó con un disparo algo centrado.

Pero no era el día. Por lo que sea. Pero no lo era. Se cayó el sueño en el último momento. Ya tan cerca de la meta… Esos dos minutos de Puado son ya historia negra del Real Oviedo. 

Suscríbete para seguir leyendo