canta y no llores

Lecciones de un bajonazo: análisis de la campaña del Oviedo y el futuro de Carrión

Carrión, que también ha tenido errores, firmó una magnífica temporada, pero si no sigue tampoco será un drama si el proyecto está bien construido

Jesús Martínez, a su llegada al aeropuerto de Asturias tras el partido en Barcelona frente al Espanyol. | Ricardo Solís

Jesús Martínez, a su llegada al aeropuerto de Asturias tras el partido en Barcelona frente al Espanyol. | Ricardo Solís

Ayer, pasadas las dos y media de la tarde, Luis Carrión salió del hotel de La Reconquista después de dos horas y media de reunión con la directiva del Oviedo. El técnico se paró a atender a los periodistas y lo que sucedía mientras tanto define muy bien lo vivido estos días en la ciudad y en la región. Alrededor del entrenador empezaron a poner la oreja de forma espontánea varios aficionados, la mayoría niños acompañados de sus padres.

Uno de ellos se acercó por detrás, para no perderse palabra de lo que dijese el hombre más buscado. Su hermana estaba más alejada y le preguntó a lo lejos: "¿Sigue o no sigue?". Y él, impávido, le contestó con el inconfundible gesto universal, con la mano extendida y un suave balanceo, como diciendo, "no sé, no sé, así, así…". Carrión subió la calle caminando poco después, parándose con este y con aquel. Una niña se asomó a la ventana: "¡Quédate, Luis!". Tres señoras le aplaudieron desde una terraza: "Gracias, entrenador, gracias".

La escena es ilustrativa de la fiebre azul de estos días, que sin duda no se apagará. Hay semillas plantadas. Los que dicen que sólo es fútbol no entienden nada, cuando el fútbol es realmente lo de menos. La demostración de músculo oviedista de este mes es sin duda lo mejor de esta etapa en Segunda. Oviedo está muerto, se oye a veces por ahí. Ja. Hay que reírse. Pocas ciudades, casi ninguna, pueden movilizarse así por algo propio. Eso es identidad, porque el oviedismo sobrepasa al deporte y explica parte del carácter local, en la capital y fuera, porque Asturias entera estuvo pendiente y la mayoría apoyó hasta el final.

El globo de la ilusión generado es inmensamente proporcional al chasco de la caída final por lo cerca que tuvo el Oviedo la gloria. En tres minutos se pasó del sueño a la pesadilla. Ay, el fútbol, tan raro, tan irracional, tan inexplicable y tan cruel, sobre todo tan cruel. Costará cerrar la herida y no vamos a mentir: que tire la primera piedra quien no se viese ya con la purpurina de Primera. Es normal. También sano: hay que soñar. ¿Qué nos queda si nos quitan eso? Con las pulsaciones bajas, todo lo frío que se pueda estar, con la ciudad secándose las lágrimas, pensando lo que podría haber sido y no fue, ahora es tiempo de reflexionar, de reconstruir. El impulso debe ser este, pero ahora toca mejorarlo. Hay mucho trabajo por delante.

El caso de Carrión. Carrión parece (insisto, parece) un tipo sincero y directo. Si su decisión firme fuese irse del Oviedo, lo normal hubiese sido decirlo ayer, tras la larga reunión que mantuvo con la directiva. No fue así. Si tuviese tan clara su marcha, sus palabras no tendrían sentido, a menos que todo sea un teatro para buscar un relato convincente de cara al exterior. Aunque Carrión parece un paisano, en el fútbol, nido de piratas, siempre es mejor no poner la mano en el fuego por nadie. Veremos qué sucede, pero la gestión comunicativa es muy mejorable.

Sea como sea, la sensacional temporada del entrenador está fuera de toda duda. Los números son irrebatibles: cogió a un equipo en descenso y lo llevó hasta la orilla de Primera, aunque no fue capaz de desembarcarlo. Normal que el Oviedo persiga con ahínco su continuidad. Ahora bien, lecciones han dejado anteriores técnicos. También jugadores. Si Carrión se va no es ningún drama. Nunca se sabe. El catalán, por cierto, no fue de las primeras opciones cuando el despido de Cervera y ahora es el técnico de moda. En el Oviedo debe estar quien lo tenga claro. Y sino, gracias y todos amigos.

La campaña del técnico, se ha dicho, ha sido de aúpa. Pero entre todas las luces también ha habido ciertas sombras, que siempre se tapan más al calor de los buenos resultados. En el play-off extrañó la ausencia de Bretones, sin duda un factor diferencial para el Oviedo, que tuvo influencia en dos de los tres goles logrados en la promoción. El plan de reservarlo para la segunda parte salió bien en Eibar, pero no en Cornellá. Por poner contexto: el lateral solo coincidió un par de ratos este curso con Borja Sánchez. Raro. Otro gran olvidado ha sido Lucas, un puñal por la derecha hace no tanto. En esa banda que era suya jugó Dubasin, nervioso y fuera de forma. ¿Quiere decir todo esto que la temporada de Carrión no es sensacional? Para nada, pero no es oro todo lo que reluce. Repetición: el catalán llegó en descenso y finalizó en la final por el ascenso, pero conviene tener todas las piezas de puzle claras, para no elevar demasiado por si acaso luego vienen mal dadas.

Luego está la gestión de su futuro, con la participación de terceras personas que sin duda están haciendo más mal que bien. Un dato que explica mucho: ayer Carrión se sentó con el club sin intermediarios de por medio, a pecho descubierto.

Falta de carácter. El Oviedo fue un flan cuando tenía que ser de hormigón. En Cornellá los nervios pasaron factura. Hay una jugada que explica la tensión: Alemão dando un pelotazo y provocando un saque de esquina para el Espanyol. Tampoco es que el estadio perico fuese una caldera, ni mucho menos, pero a muchos jugadores azules el partido les quedó demasiado grande. Nota para el futuro: aunque sea inevitable, aunque en parte explique la ilusión del fútbol, conviene no endiosar más de la cuenta a fulano o a mengano. Si algo queda claro de lo vivido estas semanas es que lo mejor del Oviedo es el oviedismo, un sentimiento mágico, que traspasa con mucho las fronteras de Asturias. Estos días las muestras de cariño de fuera de la región con un club histórico como el azul fueron impagables y para tomar nota. Una ola de simpatía causada por la admiración del Oviedo como motor social de Asturias. Por ahí se crece.

Jesús Martínez ya está a los mandos. Si por algo puede estar tranquila la afición es por los gestores del club, porque Jesús Martínez, máximo accionista, director general, director deportivo, director de comunicación y un todo en una persona, sabe lo que quiere y ya está planificando la siguiente temporada. El mexicano transmite la pasión y la locura por su trabajo a sus colaboradores y ahí está el secreto de su éxito fuera, que ahora quiere trasladar aquí, en una ciudad que le tiene encandilado. Además, él y su gente ya tienen más experiencia en esta categoría tan exigente. No son unos novatos en España. Que habrá un proyecto hecho con cabeza y planificación es seguro y solo con eso ya hay bastante avanzado, luego falta que entre la pelota. Como Carrión como con la plantilla, aunque faltase la guinda, si algo ha hecho Pachuca en el club es cambiar la mentalidad. Eso es impagable.

En el Oviedo tiene que imperar la normalidad, como la que tuvieron ayer Carrión y el propio Martínez para atender a los periodistas, algo que hace no mucho hubiese supuesto un cataclismo. Para subir a Primera hay que ser de Primera en el día a día. La etapa de Tercera sirvió para unir, fue una lección de cómo hacer revivir al club, siempre se recordará, pero ya es pasado y a veces es una losa. Hay que pasar de pantalla, porque ahora el reto es subir y ya se vio este año: se puede hacer. Que tomen nota los que todavía no se enteraron.

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