Opinión
El goleador olvidado por España: la (injustamente) corta historia de Carlos Muñoz con la selección
Sobre el paso del delantero de Jaén por el combinado nacional en los 90

Carlos, con la selección / LNE
Se cumplen treinta y cinco años desde que el delantero del Real Oviedo, Carlos Muñoz, irrumpió en la selección española con una voracidad goleadora nunca antes vista, para desaparecer después en medio de la polémica. Su balance: seis partidos y seis goles. Un promedio de un tanto por encuentro que debería haberlo catapultado a la titularidad. En cambio, se convirtió en el epítome del talento desperdiciado por las convulsiones del banquillo nacional.
La historia de Carlos con la camiseta de España es un fogonazo de efectividad enmarcado en una de las fases de clasificación más humillantes que se recuerdan: la ruta hacia la Eurocopa de 1992. Ese escandaloso batacazo de "la peor España de toda la historia", como la calificó la prensa italiana.
La fecha clave es el 14 de noviembre de 1990. En el estadio de Praga, España se enfrentaba a Checoslovaquia en el segundo partido clasificatorio. Carlos ya había jugado dos partidos con anterioridad: un amistoso frente a Brasil y el primero de la fase clasificatoria ante Islandia, ambas victorias españolas con goles del "9" carbayón.
En Praga, la tarde parecía seguir sonriéndole al oviedista. En el minuto 54, Carlos firmó el 1-2 provisional con un cabezazo, situando a España por delante. Luis Suárez, apenas unos minutos después, lo retiró para dar entrada al centrocampista Bakero, en un evidente intento de blindar el resultado. La estrategia defensiva salió mal. España terminó perdiendo 3-2 y la prensa deportiva no tardó en cargar contra Suárez, señalando el cambio como el error capital. Arrinconado, el seleccionador desvió la responsabilidad, alegando que el propio Carlos había solicitado la sustitución por "molestias". La respuesta del delantero azul fue inmediata y tajante a su llegada a España: desmintió categóricamente la versión del míster, abriendo una grieta.
A pesar del ruido, el instinto goleador de Carlos era imparable. Un mes después, el 19 de diciembre de 1990, la selección goleaba 9-0 a Albania en Sevilla, con Carlos en la punta y firmando dos goles más como titular.
Su racha continuó en los amistosos. Jugó ante Portugal y Hungría, y en este último volvió a marcar, cerrando su breve pero demoledora estadística: seis partidos, seis goles.
Ese fue el fin. Para el crucial cuarto partido clasificatorio ante Francia, Carlos, por primera vez desde su debut, no jugó ni un solo minuto. España perdió, y el mal juego, unido a los resultados previos y a la tensión federativa, acabaron con el cese de Luis Suárez en abril de 1991.
El relevo en el banquillo fue Vicente Miera, viejo conocido y mentor de Carlos, con quien había logrado el histórico ascenso del Real Oviedo a Primera División y el Pichichi en la categoría de plata. El delantero de Úbeda albergaba la esperanza de recuperar el sitio con un técnico que confiaba en él, pero la historia se torció de nuevo.
Miera debutó en septiembre de 1991, curiosamente en Oviedo. El resultado fue una victoria por 2-1 ante Uruguay, en el debut de otro oviedista, Berto. Sin embargo, en la convocatoria, el nombre de Carlos estaba ausente. El técnico cántabro se decantó por Manolo (Atlético de Madrid), excusando la ausencia del oviedista en una supuesta falta de ritmo tras una lesión, a pesar de que Carlos ya estaba recuperado.
La "nueva España" de Miera no duró mucho. El empate final ante Islandia, un equipo mayoritariamente amateur, selló la peor fase de clasificación que se recuerda. La utopía de la Eurocopa de 1992 se hizo cenizas, y Miera fue cesado.
La era de Carlos Muñoz en la selección española había acabado. A pesar de los nombres ilustres que le siguieron, la historia recuerda al delantero del Real Oviedo como el único capaz de mantener un promedio de un gol por partido, un récord que, lejos de asegurarle una larga trayectoria, lo condenó al olvido por las turbulencias de los despachos y los egos del banquillo.
El golpe final llegó con Javier Clemente. Tras Miera, el nuevo seleccionador jamás contó con Carlos, ni siquiera cuando su rendimiento en el Real Oviedo alcanzó la cumbre. En mayo de 1994, al facilitar la lista de convocados para el Mundial de Estados Unidos, el técnico bilbaíno omitió al máximo artillero español de la Liga no solo de esa temporada, sino también de la anterior, habiendo logrado 37 goles entre ambas campañas en un equipo de los denominados "modestos". La incomprensible decisión generó debate.
El brillante "9" azul, capaz de marcar en la selección en casi todas sus apariciones, vio cómo la política del banquillo y la mala suerte le arrebataban una carrera que su olfato goleador había labrado con méritos incuestionables.
Los oviedistas, al recordar aquellos días, no podemos evitar sentir rabia y orgullo a partes iguales. Rabia por ver cómo se le negó a Carlos lo que merecía por derecho: una carrera internacional a la altura de su talento. Y orgullo, porque ese talento lo disfrutamos cada domingo en el Tartiere dejando huella en nuestra historia. En Oviedo, su nombre sigue siendo sinónimo de gol.
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