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Inicio con brotes verdes: los datos que dicen que Almada dejó su firma en el estreno

Ante el Celta, el Oviedo batió su récord de pases en el último tercio y dio registros muy altos en centros y posesión con Almada, pero volvió a fallar la pólvora arriba

Chaira chuta a puerta. | MIKI LÓPEZ

Chaira chuta a puerta. | MIKI LÓPEZ

Nacho Azparren

Nacho Azparren

Oviedo

A pesar de que las circunstancias no ayudaban, por el poco tiempo de preparación y el ambiente enrarecido en torno al equipo, el Oviedo de Almada dejó ante el Celta un regusto dulce en cuanto a las prestaciones, aunque sin la guinda, sin la recompensa anhelada en forma de tres puntos. Cuando el equipo marcha en una posición tan peligrosa, todo lo que no sea un triunfo parece insuficiente. Pero lo cierto es que en apenas cuatro días de entrenamientos —intensos— en El Requexón, Almada ya logró introducir algunas mejoras en el equipo.

Sorprendió la apuesta del entrenador en cuanto a los nombres, con una pequeña revolución en busca de más energía pero que también envía un mensaje al vestuario: ahora, todos parten de cero. Así, futbolistas invisibles para Carrión como Bailly, Sibo y Brekalo pasaron al primer plano. Lo hicieron, además, para cuajar una actuación más que aceptable.

A pesar de que el equipo sigue adoleciendo de pegada, de que la gigantesca sequía sigue alimentándose (ya son seis choques seguidos sin anotar) y de que del 0-0 no saca al Oviedo de pobre, el análisis en frío deja algunos motivos para el optimismo.

Algunos datos lo corroboran. Por ejemplo, ante el Celta fue el partido en el que los azules más pases completaron en el último tercio del campo, uno de los síntomas del fútbol ofensivo que quiere poner en práctica Almada. Contra los de Giráldez, se hicieron 62 pases en esa zona decisiva. Superaron los envíos completados ante el Elche (54) y contra el Sevilla (51) el día del despido de Carrión.

Más síntomas de por dónde pueden ir los tiros con el nuevo jefe de la caseta. El Oviedo tuvo la posesión el 55,6 % del tiempo, la cuarta marca más alta de la campaña, y acertó en el 84,5 % de los envíos, también cuarta cifra del curso. Más: puso 28 centros al área, solo por detrás de los 34 ante el Mallorca y los 30 frente al Levante.

Aunque el estilo tuvo similitudes con la propuesta que, sin éxito, quiso integrar Carrión, también se observaron algunos cambios. Por ejemplo, cuando tocaba, el Oviedo jugó más directo. No fue un juego tan denso en la construcción como se dio con el técnico catalán. Los datos lo certifican, pues el Oviedo dio 61 pases en largo, solo por detrás de los 66 vistos en San Mamés.

No valió todo el esfuerzo para dar trabajo a Radu, meta del Celta, que, a pesar de todo, no tuvo su tarde de máxima exigencia. De hecho, el Oviedo solo tiró tres veces a puerta, un poco por encima de la media de la temporada, un pobre 2,71 que explica gran parte de los males de este equipo.

El equipo que se espera

Fue solo una primera tentativa, el aperitivo de lo que viene. El propio Almada calificó de “buen punto de partido” el debut, pero reconoció que el equipo estaba “lejos” de lo que él esperaba. Entre los focos de mejora, el entrenador se refirió en varias ocasiones al “volumen” de juego. Ese parece ahora el punto fundamental a corregir si el Oviedo quiere pelear en condiciones por una permanencia que cada semana se complica un poco más.

Será misión de Almada encontrar esa chispa, ese desequilibrio que el equipo no ha mostrado en todo el curso, pero también parece una labor para la dirección deportiva y Pachuca. Los rectores azules preparan el plan para la segunda mitad del curso y, aunque el primero en llegar apunta al medio del campo, con Nico Fonseca de camino, la mayor parte de los refuerzos afectarán a la zona de ataque, con la búsqueda de delanteros y extremos que logren sacar al Oviedo de la llamativa crisis anotadora que tiene al equipo en el pozo de la tabla.

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