"Ninguno como Sánchez Lage"
Somos muchos los oviedistas a quienes desde muy pequeños nuestros padres o abuelos —esos que te convierten en el aficionado más acérrimo de tu equipo— nos repetían una frase lapidaria cada vez que glorificábamos a nuestro jugador extranjero favorito: "Fulanito es bueno, pero ninguno como Sánchez Lage…".
En mi caso, el encargado fue mi padre. Nacido en 1930 y asiduo a Buenavista —nunca dejó de llamar así al Tartiere—, cuando lo decía me sonaba a dogma papal.
Navidad de 1958. El recién ascendido Real Oviedo pierde el Día de los Santos Inocentes contra el FC Barcelona en casa. La goleada azulgrana coloca en puestos de promoción de descenso al club y a su entrenador, el argentino Abel Picabea, en la picota. Las esperanzas de salvación estaban puestas en la llegada de un jugador bonaerense que no había parado de sonar desde principios de temporada.
José María Sánchez Lage estaba apalabrado con el R. Oviedo desde hacía casi dos años. Jugaba entonces en River Plate, a donde llegó desde Banfield. Sánchez se hizo imprescindible en su nuevo equipo y las negociaciones quedaron interrumpidas. Así siguieron hasta el final de la temporada, cuando el argentino avisó al R. Oviedo de que ya se encontraba en condiciones de viajar a España. Sin embargo, como aquí faltaban pocos partidos para terminar la Liga 1957-58 y el R. Oviedo no tenía la seguridad del ascenso, la directiva le trasladó que su fichaje solo sería posible en Primera. Entonces, Sánchez Lage suscribió un contrato con el Atlanta bajo una condición: en caso de ascenso ovetense, le darían la carta de libertad.
Los argentinos, que con la incorporación de Lage aspiraban al título, empezaron a dar largas para retener al gran jugador. En octubre de 1958, ante el temor carbayón de que la Federación Española dictase la prohibición de fichar extranjeros (aun siendo hijos de españoles; su padre era de Vigo y su madre de Ourense), el R. Oviedo firmó el contrato y lo presentó junto con la carta de nacionalidad. La Federación pidió el pase internacional a su homóloga argentina y esta al Atlanta, que se negó. Finalmente, el interés del jugador por venir a España y las 100.000 pesetas que el club azul pagó por su libertad terminaron convenciendo al equipo argentino.
Su llegada estaba prevista para el 1 de enero, pero complicaciones con el vuelo le hicieron aterrizar en Dakar. Tras escala en Barajas y un viaje en tren expreso, llegó a Oviedo el 3 de enero de 1959 a las dos y media de la tarde, acompañado de su esposa e hija, a la edad de 28 años. Su fichaje se debió en gran medida a Julián Bayón Serrano, un inmigrante español residente en Buenos Aires y uno de los fundadores del Club Deportivo Español.
Tras la comida se desplazó a Salinas, donde se concentraba la expedición azul en vísperas del trascendental encuentro frente al Atlético de Madrid. Esa misma tarde volvió a Oviedo y entrenó en solitario para probarse.
Llegaba precedido de espléndidas referencias: todo facultades, gran "fuelle", extraordinaria intuición y capaz de armar el juego. Al día siguiente, su paisano Picabea le puso en el once titular y se impusieron a los madrileños por dos a uno.
Aunque en Argentina era conocido como Sánchez "El Loco" por su movilidad, en el R. Oviedo ya había un Manuel Sánchez, así que nuestro protagonista se convirtió en Sánchez Lage.
Su estancia en el R. Oviedo fue magnífica. Actuando como interior derecho, se convirtió pronto en la gran estrella. Esa primera temporada, con Sánchez Lage como líder indiscutible, se consiguió la salvación. Tras pasar apuros en las campañas siguientes, la dinámica cambió en la 62-63: el R. Oviedo fue el equipo revelación y acabó tercero, logrando una de sus mejores clasificaciones históricas. Sánchez Lage y Paquito eran los puntales de una plantilla con nombres como Alarcia, Toni, Datzira, Iguarán o José María. Pero, como de costumbre, duró poco la alegría en casa del pobre: terminada esa exitosa campaña, y con 32 años, fue traspasado al Valencia junto a Paquito.
Durante sus cinco campañas en el R. Oviedo disputó 134 partidos (119 de Liga y 15 de Copa) y marcó 47 goles. Uno de ellos fue el gol número 800 del club en Primera.
Su última visita a Oviedo fue en 1993, durante el VIII Trofeo "Ciudad de Oviedo", donde se reunieron cien figuras históricas del club. Fue de los últimos en abandonar la ciudad, alargando su visita varios días. Falleció el 31 de diciembre de 2004.
P.D.: Papá, volvimos, pero ninguno es como Sánchez Lage… n
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