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Hicks se abre, cuenta una anécdota sobre el "pasado azul" de David Villa y canta con LA NUEVA ESPAÑA: "Quiero morirme en Asturias, es mi casa"

"La gente se reía porque nos tenían miedo a Carlos, a Keith Thompson y a mí: éramos un indio, un negro y un gitano", dice la leyenda azul

Ramón Hicks "Chapacú", la leyenda del Real Oviedo que canta por su sangre azul: "Asturias es mi casa, estoy muy feliz"

VÍDEO: Joaquín Alonso / FOTO: Irma Collín

Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Oviedo

"He soñado con tu tierra mucho antes de llegar, ya me lo había contado un amigo en Paraguay. El cariño de tu gente, nadie puede discutir. Oh, Asturias". No es la letra de ninguna canción de Víctor Manuel. Ni de Melendi. Es de Ramón Hicks (Asunción, Paraguay, 1959), exdelantero del Oviedo y leyenda azul, que está pasando unos días por la capital del Principado con motivo de su participación en el partido de las leyendas organizado por el Fondo Norte y la Aparo. "Chapacú", como se le conoce por tierras carbayonas debido a su procedencia, rememora junto a LA NUEVA ESPAÑA su etapa como jugador del Oviedo y se emociona pensando en uno de sus últimos sueños, "morir en Asturias", mientras toca acordes de una guitarra sobre la mesa del bar "Cafetus", en Oviedo, rodeado de sus amigos de la peña Olivares.

¿Qué tal están siendo estos días por Oviedo? Hacía mucho que no venía.

Como dice Carlos Muñoz: llevo la fiesta encima. "Vas con la guitarrina y los ganas a todos", me dice. Estoy muy bien, feliz y tranquilo. Es mi casa. Si bien jugué un Mundial, jugué Copa América… Pero aquí marcamos una época muy importante que la gente recuerda. Por la vida hay que pasar dejando huellas.

¿Qué tal en el partido de las Leyendas?

Cuando entré en el campo, todos los abuelos, los padres, empezaron a gritar "Chapacú, Chapacú". Se acuerdan de mí los más mayores, pero eso contagió a los jóvenes y yo me quería morir de la emoción.

El otro día había muchos guajes que alucinaron con la calidad de "Chapacú".

Sigo pegándome a la banda (ríe). El oviedismo se transmite del abuelo al padre. Es la mística de un pueblo y de todas las ciudades que habitan. Porque es sangre, sudor y lágrimas (se emociona). La gente piensa que solamente es del Oviedo quien es de Oviedo. Yo nombraría todos los concejos que hacen el esfuerzo y tienen sus peñas. Y respetando también a Gijón, claro. Siempre se habla de madreñas y capitalinos, pero yo he visto grandes jugadores en el Sporting. Me saco el sombrero también con ellos y ojalá también puedan subir. Sé que mucha gente, por el fanatismo, dice otra cosa. Pero yo amo Asturias en general.

Creo que se lleva muy bien con David Villa.

Conocí a su padre porque era muy fanático del Oviedo. Traía al guaje al Tartiere. Y cuando fue a jugar el mundial Sudáfrica y metió gol a Paragüay… Mis amigos me decían: "mira ahora, tu ahijado" (risas). En una entrevista en mi país, Villa dijo que su padre le llevaba a ver a Ramón Hicks de pequeño.

¿Por qué no se quedó aquí en España?

Irureta no me quería. Él había tenido malas experiencias en Logroño y parece que los jugadores de mi perfil no le gustaban. Pero no quiero tocar ese tema porque es triste. Siempre se dice que los jugadores pueden elegir, pero no es cierto, yo me quería quedar. Es más: estaba buscando un "prao" porque yo soy muy de campo. No me gustaba mucho la ciudad, la discoteca… Nada. Me gustaba pegar hostias y hacer goles para el Oviedo.

Jugó junto a muchos futbolistas locales.

Es lo que marca la diferencia. Traer dos, tres jugadores mundialistas, y el resto, de la casa. Si bajas, los de la casa te vuelven a subir porque sienten vergüenza. En cualquier empresa, el que es de la casa va a dar todo. Hoy en día se juega más por dinero, y me parece bien, porque nosotros no ganamos nada. Si los jugadores se empapan nuevamente de la historia y respetan esa camiseta, podemos salir adelante.

¿Qué tal es su relación con el club?

Bien. Ya le dije al presidente que tenemos que dejarlo todo ahora en Primera.

Su época era bien distinta.

Es que nosotros nos pegábamos. No había fair play. Venía Goikoechea, Arteche... Había gente que pegaba. El central siempre te pegaba. Entonces nosotros pegábamos primero. La gente se reía porque nos tenían miedo a Carlos, a Keith Thompson y a mí: éramos un indio, un negro y un gitano. Y después se fue Keith y quedó Juliá; entonces éramos los mosqueteros. Cuando llegué me pidieron la permanencia y les di un ascenso. Miera me había prometido una estatua en el Campo San Francisco, pero sigo esperando por ella (risas).

¿Estará en Vitoria?

No voy a poder. Quería entrar al campo a hacer unos regates y pegarme a la banda. Pero, espiritualmente, veo todos los partidos. Hay que creer.

¿Volverá?

(Llora). Mire. Quiero morir aquí. Asturias es mi casa. Quiero comprarme un "prao" y hacerme una pequeña casa. Me gusta Morcín, Felechosa, Luanco… Pero tengo claro que mis últimos años los quiero pasar aquí, junto a la que considero mi familia.

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