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Aleluya, fin a la otra gran sequía

El Real Oviedo puso fin en Vitoria a la segunda racha más larga de su historia sin marcar: 745 minutos consecutivos

A la izquierda, Viñas, en el partido contra el Alavés, con Carlos Vicente al fondo. En el detalle,  Paraschiv, con su nueva camiseta. | FC9 / RAPID DE BUCAREST

A la izquierda, Viñas, en el partido contra el Alavés, con Carlos Vicente al fondo. En el detalle, Paraschiv, con su nueva camiseta. | FC9 / RAPID DE BUCAREST

Jorge Valverde

Jorge Valverde

Oviedo

Retocando proverbios, los de nacer con un gol bajo el brazo o aprender a golear antes que a caminar son aplicables al Real Oviedo. En sus tres primeros compromisos oficiales, hace 99 otoños, ya había celebrado 24 goles, a un ritmo tan exacto y bruto –8 por partido– que hasta le pusieron apodo: "La Tasa".

En contraposición a ese desenfreno, su momento de mayor antítesis goleadora lo padeció 45 años después, cuando transcurrían las primeras semanas de la década de los 70. El equipo, que afrontaba su sexta temporada consecutiva en 2ª División, tras el descenso de 1965, ya había dejado muy malas impresiones en la pretemporada 1970-1971 y el entrenador, Horacio De Leiva, después de tres derrotas en las tres primeras jornadas, era fulminado y sustituido por José María García de Andoin, que venía de ser asistente de Ronnie Allen en Bilbao.

Mientras se trataba de ir corrigiendo la situación, otra circunstancia extradeportiva alegraba más a todos los oviedistas, excepto los vendedores de paraguas: la cubrición de la grada de General del Carlos Tartiere. Pero los malos resultados volverían a minar la moral del presidente, Rubio Sañudo, que se manifestaba categórico: "Nunca volveré a ser presidente; quedo vacunado contra el fútbol".

Tal era la sequía de la delantera azul que se prolongaba durante 14 horas y media de juego, es decir, 859 minutos consecutivos, equivalentes a 8 partidos completos, más los parciales del anterior y posterior. Y eso que el Real Oviedo no iba mal servido con atacantes como Javier Álvarez, Miguel Montes, Enrique Galán, Toñín Gento, Javier Uría o José Manuel Prieto.

La racha más funesta de la historia azul comenzaba el 13 de marzo de 1971, a partir del gol estéril que Miguel Montes, en el minuto 18, marcaba al Pontevedra. El tortuoso recorrido por media España, desde Córdoba a Logroño, pasando por Ferrol, Palma y Madrid, por fin se extinguía en Logroño, gracias al oportunismo de Galán, atento al rechace del guardameta logroñesista, Enrique Larrañaga. El alivio de Las Gaunas coincidía con el primer partido del tercer entrenador de la temporada, Toni Cuervo, que volvía a ejercer de apagafuegos y llegaba a tiempo de salvar al equipo en la promoción de permanencia contra el Palencia.

El tramo de inefectividad oviedista más parecido al de la primavera de 1971 es el que empezó el pasado 28 de octubre, en el partido de Copa del Rey disputado en Orense. Eran 60 minutos, prórroga incluida, que se alargaron hasta los 745, cumplidos el pasado domingo en Vitoria. Si la RAE acaba de elegir "arancel" como palabra del año, a la que solo otorga dos acepciones, bien podría asignarle una tercera: "Tasa que los rivales aplicaron al Real Oviedo y el equipo carbayón no abonó durante dos meses del otoño-invierno 25/26, plazo durante el cual la fábrica oviedista no fue capaz de colocar ni un solo balón al otro lado de la frontera o línea de gol".

Había conciencia de la dificultad que entrañaba una de las ligas más exigentes del mundo, pero tampoco tanta como para esperar la segunda racha de nulidad goleadora más larga de la historia azul. Ilyas Chaira le propuso a Fede Viñas que acabara de una vez por todas con esa abstinencia de casi 13 horas, el uruguayo asintió, enfiló el fondo Cervantes del Mendizorroza y todo el oviedismo, a coro, acabó emulando a Haendel, que para eso es Navidad: "¡Aleluya!".

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