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Anatomía de un instante: los emotivos recuerdos del 21 de junio de Toño Bernardo

El ascenso del Oviedo.

El ascenso del Oviedo.

Es el 21 de junio de 2025. Casi ya el 22. Miles de personas sufren, cada uno a su manera, la agonía de una prórroga en el Carlos Tartiere. Corre el minuto 103, un balón rebotado le cae a Francisco Portillo y el oviedismo contiene la respiración. Por fin, ven la luz al final de un interminable túnel.

Hugo Regal no se encuentra bien. Le duele la barriga y no puede parar de llorar. Tiene 8 años y en el minuto 65 le pidió a su padre abandonar la grada. Llevan tres cuartos de hora dando paseos por los pasillos interiores del Tartiere. Para tranquilizarle, su padre le cuenta un montón de historias sobre el Oviedo que a él le encantan. Le parece imposible que tuvieran que ver y animar al equipo desde ese mismo pasillo, en un partido disputado en el campo aledaño frente al ACF. Se siente mal. En ocasiones se asoma al vomitorio para ver un poco el partido. La prórroga se hace eterna y su padre le anima a irse para casa, donde estará más tranquilo.

Él no quiere. Sueña todas las noches con el ascenso y se siente fatal porque se lo están perdiendo. Cuando ya se deciden a abandonar el campo, el Tartiere se viene abajo. Hugo corre hacia la grada y se abraza muy fuerte a su padre. Portillo ha metido gol, el Oviedo se va para Primera y a él ya le ha pasado la barriga. Varito sonríe emocionado. ¿Quién le iba a decir que lo iba a pasar peor por los nervios de su hijo que por un ascenso del Oviedo?

Miguel Serrano no se lo puede creer. Es imposible tener más mala suerte. Final por el play-off y él trabajando en Los Ángeles. Sigue el partido desde una pequeña tablet, rodeado por el “Cholo” Simeone y el resto de su staff técnico. Todos conocen la pasión de Miguelín por el Oviedo. Le lanzan bromas, pero hoy no es el día. No está de humor. Los nervios y la rabia por no poder acudir al Tartiere le consumen. De repente, no, no puede ser. ¡Gol, gol de Portillo, gol! Se levanta y grita como un loco. Los demás sonríen. Saben perfectamente lo que significa para él el Real Oviedo y no estar hoy en su ciudad. No lo puede evitar.

Llora con ganas. Lo hemos conseguido. Todos sus acompañantes le abrazan y le tranquilizan. Ser el nieto del socio número uno del Real Oviedo es un orgullo que muy pocos más pueden comprender. Concluye el partido y coge el teléfono. No le salen las palabras. Su madre también llora de emoción al otro lado. ¡Somos de primera!

Francisco Portillo conoce a la perfección su rol en el Oviedo. Ha venido en enero, tras unos meses sin equipo, y se ha encontrado a un Santi Cazorla adorado por su gente y en plena forma, que le ha relegado al banquillo. En el minuto 82, Paunovic lo mete en el campo por Colombatto. La consigna es clara y se le da bien: manejo del partido, control, sacrificio y merodear el área rival. No lo duda, hoy se va con todo. Acompaña a Alemão en una jugada de ataque que concluye con un despeje rival. Calvo, atento, devuelve el balón al área rojilla, Alemão desequilibra al defensa y el balón le llega de rebote a Portillo, que controla con el muslo y se permite el lujo de dejar que el balón bote en el suelo, pues su marca no acude a acecharle. Se da media vuelta y golpea con toda su alma.

No necesita mirar al balón. Sabe que va dentro. Sabe que el balón va directo a la escuadra, inalcanzable para el portero, y les da el ascenso. Corre gritando, con los brazos abiertos hacia el córner. Es la locura. Un sueño hecho realidad. La gente enloquece y todo el equipo se tira encima de él.

No puede parar de llorar. Sus amigos Aaron y Lucía le dicen que ya no le pueden quedar más lágrimas. Entre los nervios del partido y el recuerdo de su hermano Marcos del Agua, fallecido en 2014 en un accidente marítimo, Mely no lo está disfrutando. Tiene a sus padres cerca, emocionados como ella. Es más, su padre se ha convertido en un espejo de su hermano, bengala en mano, recibiendo al bus del equipo. ¡Qué orgullosa se siente de ellos! Ha sido incapaz de mirar al césped mientras Cazorla anotaba el gol de penalti.

No puede parar de pensar en su hermano. Está feliz porque acaricia el ascenso con sus manos, pero a la vez se siente fatal porque él se merecía disfrutar más que nadie de un momento como ese. Marcos empuja, no le cabe duda. Ahí arriba es uno más. Ella se lo pide continuamente. “Hermano, ayúdanos, por favor”. Portillo se gira y chuta. ¡Conseguido, Marcos! ¡Esto va por ti y por todos los que ya no lo podéis disfrutar en persona! Sube las escaleras y se abraza largamente con Blanca y Balta.

No osen jamás despreciar nuestra ilusión.

Disculpe el atrevimiento, Señor Cercas.

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