Marco Rodríguez sirve bocadillos y fe azul desde Gascona: "El Real Oviedo tiene posibilidades de salvarse"
"No lo estamos haciendo mal con este entrenador, pero nos falta el gol y luego pecamos de hacer algún regalín como contra el Barcelona", dice un sufrido hostelero aficionado al equipo azul a la espera del partido ante el Girona

VIDEO: J.Alonso / FOTO: Mario Canteli

Marco Rodríguez atiende a LA NUEVA ESPAÑA en plena jornada de trabajo en la sidrería que regenta en la calle Gascona. Todo ello, cuando arranca la hora punta. Aparecen sus amigos, con los que comparte el día a día mientras trabaja, y uno de ellos, con mucha guasa (o mala baba), le suelta: "¿La entrevista es para la revista Mens Health?". Risas. Marco se lo toma con humor y sigue hablando del Oviedo. Del Real Oviedo. Porque es del Oviedo. De los de toda la vida.
Esto no debería sorprender a nadie porque Marco Rodríguez nació en Ables, en Llanera, a pocos kilómetros de El Requexón. Sus padres, José Antonio y María Azucena, le llevaron al fútbol desde niño. "De Llanera salimos los mejores, como Santi Cazorla o Juan Mata. El Requexón queda relativamente cerca de mi casa y cuando era pequeño iba a ver los partidos de entrenamiento. También iba al viejo Tartiere. Mi padre era socio y empezó a llevarnos al campo. Fue ahí como empezó esta locura azul", dice Marco mientras se afana en preparar un par de pinchos de pollo, puede que muy parecidos a los que devorarán miles de aficionados azules en las próximas horas en la previa ante el vital partido ante el Girona en el Tartiere.
Se desenvuelve ante la cámara con soltura. Tertuliano habitual de la radio, parece un profesional. Pero no siempre fue así. Antes estuvo en el mundo del taxi. "Fui representante sindical del taxi durante 23 años", explica. "La primera vez que tuve que negociar una tarifa vomité, luego ya aprendí a hablar". Veintitrés años defendiendo a los taxistas. De ahí le viene el desparpajo.
Lo que le da pena es no poder ir al partido en el que el Oviedo se juega la vida ante el Girona en el Tartiere (14 horas). No le hace ninguna gracia. "Los horarios para la hostelería son matadores. Lógicamente, tengo que trabajar, tengo un negocio y para nosotros es el horario de las comidas". Eso sí, desde El Pigüeña, su sidrería, saldrán muchos bocadillos rumbo al Tartiere. "Básicamente es lo que lleva la gente, botellines de agua y pinchos para comer algo allí", comenta. Vende bocadillos a mansalva los días de partido. El negocio funciona, pero Marco preferiría poder ir al campo.
A pesar de todo, Marco no pierde la fe en su equipo. "Todavía hay posibilidades de salvarse, no lo estamos haciendo mal con este entrenador, pero nos falta el gol y luego pecamos de hacer algún regalín, como contra el Barcelona. Encima, los arbitrajes son nefastos. Es muy fácil pitar al Oviedo", lamenta mientras pide unidad. "No debemos de silbar al equipo. El Tartiere debe ser una caldera y aplaudir. Cuando matemáticamente no seamos capaces de salvarnos, ya criticaremos a quien tengamos que criticar, a la dirección deportiva sobre todo", indica. "En los próximos cuatro partidos vamos a sacar ocho puntos". Ocho puntos de doce. Dos victorias y dos empates. Un milagro. Pero Marco cree. Mientras vende bocadillos y vasos de sidra, sigue creyendo. "Ya lo verás, no bajamos", sentencia.
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