La pasión azul de la familia Sánchez Lima: tienen "las mejores vistas de Oviedo" e hicieron llorar a Diego Cervero
La familia saldrá a ver el estadio antes del partido frente al Girona, aunque luego acudirá al campo a la espera de una victoria de los de Almada

VÍDEO: J. Alonso / FOTO: Mario Canteli

Hay familias que eligen piso por el tamaño. Otras, por la ubicación. Los Sánchez-Lima lo eligieron por las vistas. "Nos lo compramos a posta porque desde la terraza se ve el Tartiere de maravilla", cuenta Francisco Sánchez, el padre y culpable de toda esta "locura azul". Desde su amplia terraza en La Florida, el Carlos Tartiere se ve imponente. Las noches de partido, la familia sale a la terraza y contempla el estadio iluminado cuando no pueden asistir al feudo carbayón. "Es una pasada", dice Blanca Lima, la madre.
En casa de los Sánchez-Lima, la pasión azul se lleva al extremo. El hijo pequeño se llama Diego. Diego Sánchez. Y no es casualidad. "Se llama Diego en honor a Diego Cervero", explica Francisco. El niño, además, es delantero. Igual que Cervero. Cuando se lo contaron al icono azul, ahora médico del Oviedo, Cervero se echó a llorar por el detallazo de los Sánchez-Lima. "Nos emocionamos todos", recuerda Blanca. "Ver a Diego Cervero llorar porque nuestro hijo lleva su nombre fue uno de los momentos más bonitos que hemos vivido como familia".
Además, esta familia de sangre azul es muy devota de la Santina. Por eso, cada semana, religiosamente, le ponen una vela para que el Oviedo gane. "Aunque este año no está funcionando mucho", asumen. "Pero seguimos haciéndolo igual porque creemos que hay posibilidades de salvarse. A lo mejor la Santina está ocupada con otras cosas, pero seguro que en algún momento nos echa un cable". "De momento nada, eh", sonríe con resignación Blanca. Pero la vela sigue ahí, encendida. La fe mueve montañas.
Lucía Sánchez, la benjamina de la familia, es del Oviedo desde su nacimiento. Literalmente. "Le hicimos el carné de socio en cuanto nació", cuenta Francisco. "No podía ser de otra manera". La niña acude al Tartiere con su padre siempre que puede. "Me encanta ir", dice Lucía, especialmente para ver a su ídolo, Santi Cazorla. "Es el mejor", afirma.
El padre es el responsable de esta pasión. Él les inculcó el amor por el fútbol. Y lo hizo a lo grande. "Estuve en el ascenso del Cádiz y en cinco finales de la Champions League", cuenta con orgullo mientras señala cada uno de los balones de las finales europeas que atesora en una habitación donde el azul es el color que manda. "He visto mucho fútbol, pero nada como ver al Oviedo con mis hijos". Las pelotas están en un cuarto dedicado al Real Oviedo. En él hay todo tipo de merchandising: camisetas, bufandas, banderines, fotos, recortes de periódico… Es todo un museo.
Desde su terraza, el Tartiere se contempla imponente. La familia saldrá a ver el estadio antes del partido frente al Girona, aunque luego acudirá al campo a la espera de una victoria de los de Almada. "Mientras haya posibilidades matemáticas, hay que creer. Y nosotros creemos. La Santina no nos puede fallar". Así de claro.
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