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La dignidad de la peor racha

Los quince partidos consecutivos sin ganar del Oviedo dejan atrás el negativo récord de 2007, que enfadó al oviedismo y que ya cumplía mayoría de edad

Cazorla, durante el partido ante el Girona.

Cazorla, durante el partido ante el Girona. / Miki López / LNE

Jorge Valverde

Jorge Valverde

Oviedo

"La tristeza es la espera que transcurre entre partido y partido". En el fútbol, fuera de sus catacumbas, nadie que no fuera del Bayer Leverkusen pronunció esas palabras durante más tiempo. Entre agosto de 2023 y mayo de 2024, el equipo de Renania encadenaba 51 partidos consecutivos sin perder, de ahí que al insaciable "werkself", hincha del Bayer, nada se le hacía más largo que la demora por el siguiente encuentro, por el siguiente regocijo.

Ese tiempo de espera entre partido y partido, a la inversa, fue casi lo mejor que le pudo pasar al actual fan carbayón durante los cuatro meses, o 119 días, que duró la broma. Entre el gol de rebote que Salomón Rondón marcaba en Valencia, en el lejanísimo septiembre, y el oportunismo que Ilyas Chaira puso en práctica el pasado sábado ante Marc-André Ter Stegen –otro renano, aunque de Moenchengladbach, enclave rival de Leverkusen–, el Real Oviedo estableció un nuevo récord negativo, al amontonar 15 partidos consecutivos sin ganar.

El desglose es diabólico (7 empates, 8 derrotas, 7 puntos de 42 posibles y la eliminación de la Copa ante un rival inferior en dos niveles), pero, si algo tiene de entrecomillada excusa, es que el Real Oviedo lo padeció inmerso en la élite, frente a estrellas internacionales como Nico Williams, Jan Oblak, Giovani Lo Celso o Lamine Yamal.

La que hasta ahora constaba como mayor racha sin ganar es bastante más dañina para el prestigio oviedista; de hecho, era coincidente con el peor momento competitivo de la historia, el del descenso a Tercera División por deméritos deportivos. En la intersección del invierno y la primavera de 2007, eran 12 partidos de incapacidad (4 empates y 8 derrotas) contra rivales como Lemona, Universidad Oviedo, Alfaro, Marino Luanco…, en escenarios como Arlonagusía, San Gregorio, Anexo Zorrilla…, ahora sustituidos por Athletic Bilbao, Atlético Madrid, Barcelona… y plazas como San Mamés, Metropolitano o Nou Camp. 

Además, aquella depresión de la 2006-2007, lejos de producirse en una fase intermedia de la temporada, con tiempo y posibilidades de corrección, se acentuaba justo en la recta final, cuando se hacía inevitable el desplome hasta el nivel 4 del fútbol nacional. Ni una entidad del peso del Real Oviedo podía librarse de aquello cuando la desorganización y el caos imperan así: duplicado de máximos accionistas (Celso González y Alberto González), cuadruplicado de presidentes (Juan Mesa, Toni Fidalgo, Miguel Cano y Dámaso Bances), triplicado de entrenadores (Toño Velázquez, Ramiro Solís e Ismael Díaz Galán), diversos cambios en puestos de responsabilidad técnica y hasta 24 nuevos jugadores, segundo mayor registro de debutantes, tras los 28 de la temporada 2003-2004, en Tercera División.

Aquel récord de la impotencia llegó a la mayoría de edad, 18 tacos, y ahora deja paso a otro que nadie quería, pero que, en cierta forma, da una pincelada de dignidad a la historia del club azul y, además, concede tiempo para enderezar.

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