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El viento acaba con el telón de acero de Paunovic: el Oviedo y el punto de vista de Marianín Román

Sobre los efectos del temporal, Pachuca y Louzán

Las lonas que Paunovic pidió instalar en El Requexón, destrozadas por el viento. | LNE

Las lonas que Paunovic pidió instalar en El Requexón, destrozadas por el viento. | LNE

marianín román

Esto va de "Lo que el viento se llevó", la película de Víctor Fleming, pero sin Scarlett O’Hara ni una plantación como Tara, aunque sí con El Requexón como protagonista, que es donde el Oviedo siembra su cosecha. Resulta que la desgastada ciudad deportiva azul, patria querida de la cantera, está hecha un adefesio. Paciencia: el año que viene habrá migración a La Belga, con permiso de la autoridad y si el oviedista Ángel García "Cepi", el alcalde de Siero, no lo impide. En menudo lío anda metido el regidor sierense por un partido. Político, no de fútbol, para esto bastante tiene ya el Oviedo con el Rayo.

A El Requexón se accede por una carretera que es más caleya o campo de minas. Que se lo digan a algún plumilla que dejó allí la delantera del coche, 2.000 euros en reparaciones y parte de su dignidad. Pero como no hay mal que por bien no venga, aguantar ese calamitoso acceso tiene una gran ventaja: desde uno de sus recodos se ve el campo de entrenamiento del primer equipo como si se estuviera en el mismísimo palco del Tartiere. Los periodistas aparcaban, bajaban la ventanilla y a fisgar ejercicios y alineaciones.

Esto no le hacía ni pizca de gracia a los entrenadores. Hasta que llegó él: Veljko Paunovic, Вељко Пауновић (nombre completo y en cirílico para darle la solemnidad que merece), el hombre que subió al Oviedo a Primera. Un tipo serio, cuadriculado. Pidió instalar una lona gigante para blindar la táctica de las miradas indiscretas. Lo suyo le costó al serbio y a buen seguro esta fue una muesca más en sus discrepancias con la directiva azul que acabó precipitando su salida.

El club se gastó ochenta mil euros en aquella muralla. En El Requexón, donde el viento sopla de lo lindo, cualquiera lo habría predicho: "Esto va a durar lo que un merengue en la puerta de un colegio, oyisti güey". El mismo día que instalaron la lona, ¡zas!, cesaron al míster. Imaginen: los operarios atan los últimos nudos para plantar el telón de acero de Paunovic, su último vestigio, mientras el técnico recogía sus cosas. Menudos giros de guion propicia la vida. Vinieron después Carrión y Almada, y ninguno reparó en aquel lienzo gigante. Ahí seguía, ondeando al viento como vela de velero bergantín, como un memorial a mayor gloria del héroe del ascenso.

Hasta la noche del miércoles. El temporal asturiano (o de los Balcanes) decidió hacer justicia poética. El viento sopló con rabia y la protección acabó hecha trizas, como los sueños de más de un oviedista cuando veía los partidos de Carrión. Que no tenga que venir tito Floren a reparar esto también, como en Vallecas. La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) tendría que dar la razón del Oviedo. No olviden que allí está María Suárez, apuesta de Pachuca y Louzán, el presidente, y diligente directiva azul que, cuenta un espía infiltrado, actúa de bisagra con la RFEF.

Mientras tanto, los periodistas ya pueden volver a aparcar en la caleya. Eso sí, que tengan cuidado con los bajos.

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