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El Oviedo firma media sentencia a Segunda: derrota en su final ante el Levante (4-2)

Los de Almada fueron arrollados en la primera mitad, pero igualaron con brío para caer después sin fútbol

El equipo fue incapaz de reaccionar en toda la segunda mitad

Valencia

Habrá razones futbolísticas que expliquen la derrota, pero la sensación general es que el Oviedo no se lo creyó. Que salió al campo sin ser muy consciente de lo que había en juego, por eso fue arrollado de primeras. Que se encontró después un atajo para volver al partido, sí, pero que ahí tampoco se lo creyó del todo. Ni reacción le quedó al equipo de Almada después del 3-2 para buscar un empate que no hubiera tenido este sabor a condena del 4-2 final. Perdió su final el Oviedo, esta sí que lo era, y solo la matemática permite no darle por muerto, pero los síntomas no dan mucho margen a la esperanza: solo un milagro salva a este equipo de una muerte más que anunciada.

Levante
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4 2
Real Oviedo
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1-0, min. 4: Espí. 2-0, min. 25: Espí. 2-1, min. 42: Chaira. 2-2, min. 45+3: Fede Viñas (penalti). 3-2, min. 52: Losada. 4-2, min. 92: Romero.

Alineación Levante

Ryan (1); Toljan (1), Dela (1), Maturro (2), Manu S. (1); Olasagasti (2), Rey (1); Víctor G. (2), Losada (1), Tunde (1); Espí (3).

CAMBIOS

P. Martínez (1) por Losada, min. 60. Cortés (1) por Tunde y Romero (2) por Espí, min. 76. Tay (1) por Víctor G., min. 84. Arriaga (s. c.) por Olasagasti y Raghouber (s.c.) por Rey, min, 89.

Alineación Real Oviedo

Aarón (1); Nacho Vidal (1), Bailly (1), Costas (0), Javi López (1); Sibo (0), Fonseca (0); Chaira (1), Reina (0), Thiago (0); Fede Viñas (1).

CAMBIOS

Hassan (0) por Thiago, Cazorla (1) por Fonseca y Rahim (0) por Javi López, min. 63. Colombatto (1) por Sibo, min. 70. Forés (1) por Reina, min. 80. Agudín (1) por Vidal, min. 84.


Gil Manzano (colegio extremeño). Amonestó a los locales Tunde y a los visitantes Bailly, Reina, Cazorla.

Ciutat de Valencia: 19.328 espectadores, con unos 200 oviedistas en la grada.

La victoria ante el Valencia permitió abrir una rendija a la ilusión que el propio Oviedo cerró de un portazo el día menos esperado, la tarde en la que tenía que dar la cara. Todos los males de la temporada, principalmente el de una plantilla que va más que justa en el escenario principal, se dieron la mano en el Ciutat de Valencia, todos ellos condimentados por una apatía inicial nunca vista con Almada, para dimitir desde el principio del partido y confirmar en la tarde más negra, que el sueño de Primera se desvanece mucho más pronto de lo que todos esperaban allá por junio.

El partido tuvo miga. La primera mitad es algo que solo podrán explicar los expertos en fenómenos paranormales. Resumiendo mucho las cosas, diremos que el Levante salió a la guerra y el Oviedo de paseo y, lógico, los locales noqueron al equipo de Almada que, con un 2-0 en contra y más llegadas granotas se agarraron a algo, no se sabe muy bien qué, para no desaparecer del partido y esperar la suya. Apareció cuando pocos lo esperaban, antes justo del pitido del descanso, en una doble acción que dejó el partido en el mismo lugar que antes de disputarse, en tablas. Pero vayamos por partes.

El Oviedo solo tardó 4 minutos en mostrar a todo el mundo que no había salido al campo precisamente como ante un final. Costas se relajó en una posesión inocua, una de esas para bajarle revoluciones al partido, y Espí, velocista en cuerpo de gigante, le robó la cartera y sorprendió a Aarón con un tiro con rosca.

Podría tratarse de una acción aislada, pensaría el oviedista que siempre ve la botella medio llena, pero no tardaría en concienciarse de que no. Es que e Levante había salido con un par de marchas más. Olasagasti se dio con el larguero tras una salida en falso de los azules -de rosa esta vez- y la defensa taponó un disparo de Toljan con destino a gol. Más clara fue la del minuto 21: otra acción de Aarón para el museo de los milagros que chafó el gol de Víctor.

Salvo un par de intentos de Chaira, no se sabía nada del Oviedo en ataque así que solo quedaba esperar al segundo mazazo, que no tardó en llegar. Fue otra vez Espí, aprovechando un balón sin dueño ante la tibieza azul en su área. A los 25 minutos, la sentencia estaba casi hecha.

Pudo cerrarse a los 42, en una de esas acciones que suenan a giro de guion en las tramas más retorcidas. Espí, el villano, volvió a recibir en e área y dejó tirado a su vigilante de un fenomenal recorte. Cuando iba a empujar a la red, algo inexplicable: le dio al aire. El perdón del 3-0 fue sucedido de cánticos de ánimo al delantero por la grada. Estaba la tarde para perdonarle cualquier desliz.

Ahí vino la parte menos explicable. Es cierto que ya Nacho Vidal había lanzado al larguero en una de las pocas aproximaciones del Oviedo, algo que parecía confirmar, sobre todo, que el Levante no iba sobrado atrás. A los 44, a Javi López le dio por explorar lo que había más allá de la línea divisoria y sumó a su curiosidad un centro exacto al que Chaira solo tuvo que poner la cabeza para amortiguar a la red. El 2-1 sonaba a vida extra para el Oviedo. Vaya sí la tenía.

Porque de inmediato, y antes del descanso, un balón al aire se convirtió en una pugna entre Dela y Viñas. El primero agarró del brazo al charrúa y Gil Manzano lo vio: penalti. Viñas ejecutó con más convicción que precisión y aunque Ryan tocó la pelota se fue a la red para confirmar que el fútbol es un deporte que nadie es capaz de explicar.

A pesar de todo, ese 2-2 había mostrado las mayores debilidades del Oviedo en la era Almada. Corregidas con orgullo, sí, pero debilidades al fin y al cabo. Así que tras el descanso, intentó el equipo serenarse con la posesión. Pero otra vez se fue al suelo a la primera. No había cruzado el centro del campo el Levante cuando a Losada le llegó una pelota franca en la frontal. Ajustó el golpeo cerca del poste, imposible para Aarón: el 3-2 volvía a poner al Oviedo contra las cuerdas.

Pareció asumir entonces un papel de víctima el Levante de forma voluntaria, como si la experiencia del primer tiempo le pesara y ahora prefiriera darle el balón al rival. La posesión fue carbayona, y ante el nuevo panorama Almada reordenó sus tropas: dentro Cazorla, Hassan y Rahim.

Viñas pudo sacar petróleo de una escapada en el área rival, pero se vio demasiado solo. El Oviedo era cada vez más dominador pero todo se rodaba a cámara lenta, con el equipo local cortando el ritmo, con los de Almada incapaces de acelerar.

Ni siquiera tuvo que aparecer Ryan en escena, solo en un balón colgado, lo que suma la sensación ya comentada al principio: el Oviedo nunca se lo llegó a creer.

La sentencia se adelantó sobre el final, con el cuarto, este de Romero, que volvió a evidenciar la sangría defensiva de los de Almada. Dio la sensación de que daba igual ters que cuatro, que el Oviedo tampoco hubiera sido capaz de inquietar a su rival en los minutos que quedaban. El día D tampoco fue el del Oviedo. Los males de la temporada, todos reunidos, en una tarde para el olvido, la que sirve para comprar medio billete a Segunda.

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