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Del orgullo por ser el primer equipo asturiano en Primera a la explosión tras el gol de Portillo: las siete veces en las que el oviedismo sacó el champán

Los momentos álgidos en la historia azul llegaron con los ascensos

El autobús del Oviedo en la celebración del último ascenso.

MIKI LÓPEZ

Nacho Azparren

Nacho Azparren

En una sala de trofeos carente de títulos, más allá de la Copa de la Liga de Segunda y de historias de superación sin traducción física, nada como los ascensos a Primera para detectar los puntos álgidos en la escala Richter emocional del oviedismo. Subir a Primera es la fiesta mayor. El San Mateo más épico. Lo tiene bien reciente la afición azul que el 21 de junio de 2025 se echó a la calle no solo en Oviedo, sino en toda Asturias, para un grito de liberación, también reivindicativo, con una traducción directa: "Hemos vuelto". Esa explosión de júbilo que tomó las calles de la capital, y al día siguiente la plaza del Ayuntamiento, fue el séptimo capítulo de ascensos a Primera del Real Oviedo.

Todo se inicia en 1933, con una marca asignada al primer ascenso: el Oviedo se convertía en el primer equipo asturiano en jugar en Primera. Lo logró a su quinto intento y fue el colofón a una temporada impecable, líderes los de Tonijuán, por delante del Athletic de Madrid, al que batieron 5-1 en el choque que dio el ascenso. Isidro Lángara era la estrella, había costado 9.000 pesetas, y sus 23 goles así lo avalan. Encabezaba el cañonero un ataque de época, que daría poco después paso a la "Delantera Eléctrica", solo quedaba por encajar Emilín. El primer partido en la élite también es historia: victoria 7-3 frente al Barcelona. Nacía la época más próxima a los títulos del Real Oviedo.

La segunda gran fiesta tardó en llegar porque los 30 y los 40 fueron gloriosos para el Oviedo. Bajó en el 50, pero volvió dos años después. Otra ver campeón, por delante del Logroñés. Los de Urquiri eran una roca y solo encajaron 29 goles en 30 partidos. Aunque el regreso no fue tan glorioso como en la primera etapa, solo dos años en Primera.

En el 58 tocó celebrar de nuevo. Los de Picabea, adivinen, sí, fueron campeones, aunque igualados a puntos con el Sabadell. Lalo, 21 años, se salió con 19 goles, perfectamente orquestado con Artabe, 12 dianas. Ahí se pusieron los cimientos del último gran Oviedo capaz de desafiar al poder, ese que en la 62/63 acabaría tercero al son de Iguarán, Paquito, José María y el irrepetible Sánchez Lage.

Aquel ataque de éxito no le sentó bien al Oviedo -o a sus directivos que deshicieron el equipo– y se volvió a Segunda en el 65. Y costó volver.

La cuarta fiesta no llegó hasta el 72, con otro Oviedo, el de Toba, campeón por delante del Castellón. 23 goles anotó Galán aquel año con una defensa granítica de los Juan Manuel, Tensi y Carrete que encajó solo 19 goles en 38 partidos.

Otro paso efímero precedió al ascenso del 75, el de Miera a los mandos con Marianín, que ya había sido Pichichi en Primera, devorando redes. Pocos se imaginaban que sería la última alegría en mucho tiempo.

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F. Vallina / Real Oviedo

Porque sufrió de lo lindo el Oviedo en la segunda mitad de los 70 y gran parte de los 80. Tanto que tocó Segunda B. Pero en el 88 volvió a tocar descorchar el champán. Fue el segundo éxito de Miera, con un equipo guerrero, apañado, que sorprendió a todos, hasta al favorito Mallorca en la promoción. Carlos ponía la pólvora. La fiesta de aquel 22 y 23 de mayo de 1988 fue la más salvaje que se recordaba. El autobús que llevaba a la expedición del aeropuerto de Asturias a Oviedo avanzó a trompicones por la cantidad de gente que se aglomeró.

Llegaron años en el escenario principal. Los 90 fueron de orgullo y confeti. Pero la caída fue brutal, dejando al Oviedo al borde del abismo. Más de dos décadas alejados de Primera son demasiada espera hasta para la afición más fiel.

Hasta el 21 de junio de 2025. Otra fecha para el recuerdo. Pocos recuerdan qué pasó después de que Portillo, un suplente habitual fichado en el mercado de invierno por recomendación de Cazorla, diera paso a las lágrimas más eufóricas en el Tartiere. Su gol en la segunda parte de la promoción de ascenso ante el Mirandés evitó minutos de agonía final y confirmó que el Oviedo estaba de vuelta.

Mucho se había hablado de cómo sería la fiesta del regreso, pero cualquier predicción se quedó corta al ver Oviedo con sus calles abarrotadas.

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