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Claro que se puede

Manolo Lafuente, en LA NUEVA ESPAÑA: "Me habría gustado ser presidente del Real Oviedo con medios para obrar"

El exmandatario azul cree que ganar los dos próximos compromisos es clave: "De ser así, creeremos"

Manolo Lafuente, expresidente del Oviedo, ayer, en LA NUEVA ESPAÑA. | FERNANDO RODRÍGUEZ

Manolo Lafuente, expresidente del Oviedo, ayer, en LA NUEVA ESPAÑA. | FERNANDO RODRÍGUEZ

Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Oviedo

Manuel Lafuente (Grátila, Nava, 1949) sabe lo que es capear una crisis. El expresidente del Oviedo entre 2002 y 2005, época en el que el cuadro azul batalló por no desaparecer, cree en la salvación del Oviedo, aunque todo pasa por hacer un buen papel "en los próximos dos partidos".

La situación deportiva ha cambiado mucho en pocas semanas. ¿Cómo lo ve?

Yo no creo que sea tan distinta a la de hace unas semanas. Sí es verdad que hemos ganado un par de partidos que tampoco dábamos por seguros, pero necesitábamos que ocurriera. Eso, lógicamente, levanta el ánimo, aunque todavía queda mucho camino por delante. Ahora tenemos dos partidos seguidos en casa y, si somos capaces de sacarlos adelante, entonces sí podremos empezar a creer de verdad que las posibilidades están ahí.

Da la sensación de que todo pasa por esos dos partidos.

Sí, porque llevamos tiempo diciendo lo mismo: que si ganamos este, que si ganamos el otro... Incluso en algunos partidos que perdimos pensábamos que, si no los sacábamos, lo íbamos a tener casi imposible. Y, sin embargo, seguimos con opciones.

¿Cree que al Oviedo también le ha faltado un poco de suerte?

La suerte influye en el fútbol, como influye en todos los juegos. No lo es todo, pero influye. Un balón al poste que entra o sale, una decisión por centímetros, un fuera de juego... Todo eso cuenta. Y nosotros, en ese sentido, hemos sido un poco pupas. También hubo fortuna para subir. Llegar al play-off ya fue un golpe favorable, ganarle al Almería también tuvo su parte de fortuna y después la final fue increíble. Son esos detalles que unas veces caen de tu lado y otras, no.

Este año hubo tres entrenadores.

Yo creo que a estas alturas ya nadie deja de reconocer que destituir a Paunovic fue un error importante. Además, las explicaciones que se dieron entonces tampoco fueron las más acertadas. Luego llegó Carrión en un ambiente muy malo, y eso en el fútbol pesa mucho. Y después, en cambio, yo creo que han acertado con el entrenador actual.

¿Y cómo valora la gestión del Grupo Pachuca?

Lo primero que hay que decir es que antes ya hubo un trabajo enorme de Toni Fidalgo para salvar la situación del club, y eso no se puede olvidar. Luego llega Carso, se implica, y más adelante Pachuca asume el proyecto. Y lo que hizo Pachuca hasta conseguir el ascenso no admite discusión, porque el objetivo era subir y se consiguió. Otra cosa es que, una vez logrado el ascenso, no supieron gestionar bien ese nuevo escenario. Da la impresión de que pensaron que ya estaban en una situación cómoda, y el fútbol español exige mucho más.

¿Y en lo extradeportivo?

Tienen un problema con la afición y deben resolverlo. Tienen que acercarse más, escucharla y tratar de reconducir la situación. El Oviedo, para seguir siendo un club grande, necesita contar con todos, también con su gente. Sin la afición van a tener dificultades.

No se le vio en la celebración institucional del centenario.

A mí no me invitaron. Sí estuve en la celebración organizada por la afición, donde me hicieron un homenaje. No digo que todos los expresidentes tengan que estar en todo, pero sí da la sensación de que no se está gestionando bien esa relación con nosotros. Especialmente con Toni Fidalgo.

Es la segunda vez que lo menciona.

Sí, porque creo que no se le está reconociendo como merece. A mí mucha gente me atribuye todo el mérito por lo que sucedió en 2003, pero lo de 2012 fue también algo extraordinario, y Toni tuvo un papel decisivo. Son dos momentos muy importantes en la historia del club y ambos deberían ser reconocidos.

Es cierto que usted sigue siendo una figura muy querida por la afición.

Lo vivo con mucha emoción. Pero al mismo tiempo también da pena que desde el propio club no siempre se entienda o se acompañe ese sentimiento. Y vuelvo a decir lo mismo: no se trata solo de mí, se trata también de otras personas que han sido importantes en momentos muy difíciles del Oviedo.

Usted cogió un club en una situación límite.

Sí. Cuando asumí la presidencia me encontré una situación prácticamente imposible: todos los ingresos embargados y, al mismo tiempo, una plantilla profesional con unos costes enormes. Era inviable. En aquel momento solo había dos opciones: salir corriendo o decirle a la gente la verdad y aguantar. Y eso fue lo que hicimos. Aquel año fue imposible y, además, el equipo tampoco respondió como debía. Pero la realidad es que la situación de partida era tremenda.

De aquella época todavía quedan heridas abiertas con algunos jugadores.

Sí, y es un asunto muy difícil. Hay una parte de justicia y otra de injusticia. Cada uno hizo lo que consideró oportuno en aquel momento, pero han pasado ya muchos años y yo creo que habría que intentar arreglar ciertas cosas. ¿Denunciar sabiendo que puede cerrar la empresa? No creo que eso esté bien hecho. El caso de Berto, por ejemplo. Estamos hablando de un jugador muy importante en la historia del Oviedo y sería bueno normalizar algunas situaciones. Pero eso ya depende de muchas partes y no me corresponde a mí resolverlo, faltaría más.

¿Le han vuelto a proponer ser presidente?

Respuesta. Sí, en su día me lo plantearon. En su día me llamó Joe Aboumrad (peso pesado de Carso). Le expliqué que no me parecía adecuado por mi situación personal, con demandas todavía abiertas por cuestiones derivadas de aquella etapa. Les dije que podía ayudar en lo que hiciera falta, pero que no veía lógico asumir la presidencia en esas circunstancias. Y ahí quedó. Me ofrecí para asesorar, pero no me volvieron a llamar.

¿Le habría gustado?

Me habría gustado ser presidente con medios, claro. Yo nunca los tuve. Viví una etapa completamente distinta, con unas limitaciones enormes. Pero eso ya pasó. Esa oportunidad, si alguna vez existió de verdad, ya no tiene sentido planteársela ahora.

¿Se puede?

Sí, poder se puede. Mientras los números lo permitan, se puede. La situación ha mejorado respecto a hace tres partidos, y eso significa que había margen de mejora. Otra cosa es que llegue o no llegue. Pero si el equipo sigue mejorando y gana los dos próximos partidos, claro que nos lo vamos a creer. Está muy difícil, muy difícil, pero hay que pelear hasta el final y, al menos, dejar la sensación de que se hizo todo lo posible.

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