De descartado por Marcelino a abrazado por el Tartiere: la intrahistoria y la trayectoria de Thiago Fernánez, el nuevo ídolo del Real Oviedo
El extremo argentino, que recaló en el Oviedo tras no convencer al técnico asturiano del Villarreal, es la revelación del mercado invernal del cuadro azul y ya suma cinco asistencias

Thiago Fernández celebra emocionado la victoria del Oviedo ante el Girona en el Tartiere. | MIKI LÓPEZ

Hay fichajes que se explican con cifras y otros que solo se entienden con paciencia. El de Thiago Cruz Fernández pertenece al segundo grupo. El extremo argentino, llegado al Oviedo en los últimos coletazos del mercado invernal, se ha convertido en la gran revelación del equipo azul: cinco asistencias en apenas 463 minutos y cinco titularidades le bastan para ser, a día de hoy, el mayor asistente del plantel. Un rendimiento difícil de entender sin recorrer primero el camino que lo ha traído hasta el Tartiere.
La historia empieza en Villarreal. El extremo argentino, de 21 años, fue el primer movimiento del conjunto groguet en el pasado mercado invernal. Un fichaje de club, firmado gratis tras finalizar contrato en el Vélez Sarsfield argentino, sobre un futbolista al que en el submarino amarillo consideraban llamado a ser una promesa del fútbol europeo. Venía avalado por un 2024 brillante (campeón de la Liga argentina y segundo máximo asistente del torneo) y por el interés previo de varios clubes europeos de primer nivel, antes de que una grave lesión de rodilla lo frenase en diciembre de aquel año.
Pero había un matiz. "La golosina", como se le apoda en Argentina, aterrizaba en Villarreal tras trece meses sin disputar un partido oficial, y ese detalle lo cambió todo. A Marcelino García Toral, el técnico asturiano del submarino amarillo, no le convenció su punto físico para incorporarlo de inmediato a la rotación. Lo veía verde y pidió su cesión. Desde el entorno del club insistían en su potencial y en lo que podía llegar a aportar, pero el cuerpo técnico, más pendiente del corto plazo y de una plantilla en plena pelea europea, no quiso esperar. Se optó por reforzar la banda con Alfon Rodríguez, tras la marcha de Solomon a la Fiorentina, y por buscarle acomodo al argentino en un equipo donde pudiera sumar minutos y ritmo de competición. La decisión, tomada en los últimos compases del mercado, abría una vía de salida: una cesión sin letra pequeña que enturbiara la operación. En el contrato que lo trajo al Oviedo no se incluyó opción a compra alguna, ni la conocida como cláusula del miedo, ni se fijó ningún pago para que pueda disputar los encuentros contra el Villarreal, como sí ocurrió en su día con Etta Eyong. Es decir, Thiago podrá jugar ante el club que posee sus derechos sin condiciones añadidas el próximo jueves. Un detalle menor en enero, pero que adquiere otra dimensión con la perspectiva de estos tres meses teniendo en cuenta la importancia del fichaje.
Ese equipo fue el Oviedo, colista y necesitado de un chispazo. Y el chispazo lo dio desde el primer día. El 31 de enero, en el duelo contra el Girona, Thiago debutó en Primera. Entró en el minuto 64 y bastaron diez minutos para ganarse al Tartiere: se metió en el área rival y dejó el gol hecho a Chaira. El Oviedo rompía catorce jornadas sin ganar y encontraba, sin saberlo, al jugador al que agarrarse.
Lo que vino después confirmó que no era una casualidad. Entró como revulsivo en los cuatro partidos siguientes y, en su primera titularidad ante el Espanyol, asistió a Reina con un gran golpeo. Otra llegó frente al Valencia y una más en la goleada al Celta. El gol aún se le resiste, pero su capacidad para generar en la zona de tres cuartos y su desequilibrio en el uno contra uno son ya señas reconocibles. En un Oviedo que juega cada jornada por su vida en Primera, el argentino se ha convertido en uno de los nombres a los que el Tartiere mira primero cuando el balón llega a campo contrario. Frescura, descaro y lectura de las últimas acciones en un equipo que llevaba meses sin encontrar a un futbolista capaz de aportar las tres cosas a la vez.
Y, mientras tanto, en Villarreal observan. Cada partido, cada asistencia, cada acción del argentino en el Tartiere se sigue de cerca desde la dirección deportiva del Villarreal, donde el rendimiento del jugador al que Marcelino no vio claro en enero está causando una excelente impresión. El plan, al término de la cesión, pasa por que Thiago regrese para pelear por ser el extremo izquierdo titular del cuadro groguet la próxima temporada. Es decir, por ocupar en Villarreal el puesto que en enero se le negó.
Pero antes, queda un capítulo pendiente. En una semana, el argentino se enfrentará en el Tartiere a su propio equipo con libertad total para jugar y con la posibilidad de responder sobre el césped a la decisión que lo mandó al norte.
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