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De equipo hundido a rival incómodo: la radiografía de un Real Oviedo que cree en la permanencia tras su gran reacción

Los azules han experimentado una notable transformación en las últimas diez jornadas, sumando más puntos y goles que en los dos tercios iniciales del campeonato

EN IMÁGENES: El Real Oviedo se impone al Celta de Vigo en Balaídos

EN IMÁGENES: El Real Oviedo se impone al Celta de Vigo en Balaídos / Carlos Gil-Roig / FC9

Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

El Oviedo que se enfrenta a las últimas jornadas de Primera División no es el mismo que arrancó la temporada. No lo dicen las sensaciones, lo dicen los números. En los primeros 21 partidos de campeonato, el equipo azul sumó 13 puntos. En los diez siguientes, 14. Es decir, en un tercio del recorrido ha hecho más que en los dos tercios anteriores. Y el salto no es solo de puntos: es también de goles, de producción ofensiva y de una manera distinta de plantarse en el campo.

La foto de toda la temporada sigue siendo dura. Con 31 jornadas disputadas, el Oviedo acumula 27 puntos, 24 goles a favor y 48 en contra. Un promedio de 0,87 puntos por partido, 0,77 goles marcados y 1,55 encajados. Números de equipo que pelea por no descender. Pero si se aísla el último tramo, el de los diez partidos más recientes, aparece otro Oviedo: 1,40 puntos por encuentro, 1,30 goles a favor y 1,40 en contra. La mejora defensiva es pequeña, sí, pero el salto en ataque es evidente. En diez partidos, los azules han marcado más goles (13) que en los 21 primeros (11).

El contraste es aún más claro si se cruzan los dos tramos. En los 21 primeros partidos, el Oviedo promedió 0,62 puntos, 0,52 goles a favor y 1,62 en contra. En los diez últimos, 1,40 puntos, 1,30 goles marcados y 1,40 encajados. Ha pasado de no marcar ni un gol por partido a rozar el gol y medio. De los 0,62 puntos de media a más del doble. Y todo ello sin haber mejorado mucho el equipo en el mercado invernal, sin haber corregido del todo sus agujeros.

Lo interesante, sin embargo, no es solo la mejora. Es cómo ha cambiado la forma de esa mejora. Porque el Oviedo sigue teniendo dos caras, una en casa y otra fuera, pero ya no son las mismas de antes.

En el Tartiere, la primera parte de la temporada fue sencillamente anémica. En los primeros diez partidos como local, los azules sumaron 8 puntos, marcaron 3 goles y encajaron 11. Un promedio de 0,30 goles a favor por partido. Es decir, necesitaban más de tres encuentros en casa para marcar un solo gol. El Oviedo competía, aguantaba a ratos, arañaba resultados cortos, pero no remataba. El recurso al empate era casi una manera de sobrevivir.

En los últimos cinco partidos como local, el panorama cambia. 9 puntos de 15, 4 goles a favor y 3 en contra. 1,80 puntos de media y 0,80 goles marcados. Siguen sin ser cifras de equipo goleador, pero sí de equipo rentable en su estadio. El Tartiere ha aprendido a ganar partidos cerrados, ajustados, con marcadores mínimos pero suficientes: el 1-0 al Girona, el 1-0 al Valencia, el 1-0 al Sevilla. Partidos que a principio de temporada se le escapaban con un empate sin goles y que ahora termina convirtiendo en victorias.

Fuera de casa, la evolución es distinta, pero igual de relevante. En los once primeros partidos como visitante, el Oviedo sumó 5 puntos, marcó 8 goles y recibió 23. Un promedio de 0,45 puntos por salida, 0,73 goles a favor y más de dos en contra. Era un equipo inofensivo y desprotegido a partes iguales. Apenas producía ofensivamente y, cuando lo hacía, normalmente llegaba tarde.

En los cinco partidos más recientes como visitante, la fotografía cambia de registro. 5 puntos, 9 goles a favor y 11 en contra. 1,00 punto de media, 1,80 goles marcados por partido y 2,20 encajados. Es decir, el Oviedo ha pasado de no generar ocasiones a ser una amenaza real lejos de su estadio: tres goles en San Sebastián, dos ante el Levante, tres en Balaídos. Ya no es un equipo al que le baste con no perder por mucho; ahora va a por el partido, se atreve a rematar. El problema es que esa valentía ofensiva convive con una fragilidad defensiva que incluso se ha acentuado. Fuera de casa, el Oviedo encaja más de dos goles por partido en las últimas cinco salidas, una cifra difícilmente sostenible si se pretende ganar con frecuencia.

La doble cara del Oviedo en el tramo decisivo

De ahí que la lectura de estas 31 jornadas sea la de un equipo que ha cambiado, sí, pero que no ha resuelto del todo su doble personalidad. El Oviedo de la primera parte del campeonato era un equipo mudo fuera y romo en casa. El de ahora es más resolutivo en el Tartiere y mucho más valiente lejos de Oviedo, aunque todavía demasiado expuesto atrás cuando sale del Tartiere. La mejora no ha borrado la doble cara, la ha transformado.

Queda la pregunta de siempre, la única que de verdad importa a estas alturas: si todo esto llegará a tiempo. A ocho jornadas del final, el Oviedo sigue en el vigésimo puesto, con 27 puntos y con la permanencia a tiro, pero cuesta arriba. Lo que no ofrece dudas es que el equipo que parecía resignado hace tres meses ya no se parece al de ahora. En diez partidos ha hecho más puntos que en los 21 anteriores, ha marcado más goles, ha ganado en casa partidos que antes se le escapaban y ha empezado a ser peligroso fuera. No es una metamorfosis completa, pero sí es real. Y eso, aunque no garantice nada, ya cambia el relato con el que los azules afrontan el tramo decisivo.

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