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Laurina, capitana del Real Oviedo, cuelga las botas tras una década de éxitos: "A mi yo de pequeña le diría que lo conseguimos"

La centrocampista ofensiva de Luanco, que este 18 de abril acaba de cumplir 26 años, se retira tras una trayectoria de una década en la que llegó a debutar en la élite con solo quince

Laurina, en el puerto de Luanco

Laurina, en el puerto de Luanco / R. O.

Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Laura Gutiérrez Sáenz de Santamaría, Laurina (Luanco, 18-4-2000), una de las jugadoras con mayor identidad del fútbol femenino asturiano, ha decidido poner fin a su carrera deportiva. La centrocampista del Real Oviedo se retirará cuando finalice la temporada tras una década en torno al balón, llegando a debutar en Primera División con solo 15 años, en las filas del Oviedo Moderno. Tras pasar por el Betis y el Deportivo, dirá adiós en casa, como capitana del conjunto azul. Deja huérfano al vestuario de una de sus futbolistas más queridas y con más recorrido a sus espaldas. «La vida son etapas, todo tiene un final, y es el momento de ponerle el final a esta», afirma.

Antes que Oviedo, Liga F (máxima categoría) o selección asturiana, está Luanco. Allí nació, allí creció y allí se enamoró del fútbol. «Luanco me lo ha dado todo. Es mi entorno, mi hogar. No sería la persona que soy hoy si no hubiera nacido aquí», reconoce. De aquella niña que se llevaba el balón a todas partes recuerda sobre todo «la pasión y la ilusión» con la que jugaba con sus amigos del pueblo, antes incluso de imaginar que el fútbol acabaría siendo su profesión. Con 10 años llegó a la selección asturiana, un primer salto que vivió «con incertidumbre y nervios, pero con mucha ilusión», y que le dejó amistades que conserva hoy en día.

La carrera de Laurina arrancó como futbolista federada en el Oviedo Moderno, el club precursor del actual Real Oviedo Femenino, en el que debutó en la máxima categoría del fútbol español. Allí permaneció entre 2015 y 2021, disputando más de 60 partidos y firmando 17 goles en una primera etapa en la que se convirtió en una de las jugadoras más importantes del proyecto y en protagonista directa de la transición del club hacia la estructura del Oviedo. «En el Oviedo Moderno encontré personas muy profesionales, muy humildes, muy trabajadoras, cuyo único objetivo era hacer crecer el fútbol femenino. Comparto vestuario con gente que termina siendo referente. Es una época que marca mi vida para bien y le estoy muy agradecida», recuerda.

Ya en esa primera etapa dejó escrito su nombre en la historia del oviedismo al ser la primera jugadora en marcar en un partido oficial en el Tartiere con el equipo femenino. En 2021 volvió a la máxima categoría de la mano del Real Betis Féminas, donde pasó dos temporadas y disputó 45 partidos con 2 goles anotados. Tras el paso por Sevilla, recaló en 2023 en el Deportivo de La Coruña, con el que vivió una temporada especial: contribuyó con 15 partidos y 2 goles al ascenso del conjunto gallego a Primera, un logro colectivo que supuso uno de los capítulos más bonitos de su carrera, aunque también uno de los más duros. «Con Coruña tengo un sentimiento agridulce. Fue un año bastante complicado a nivel personal. El mayor aprendizaje que me dejó fue que la autoexigencia mal gestionada puede ser tu peor enemigo, y que si la cabeza no va bien, el resto de cosas tampoco», comparte.

En 2024 regresó a casa. El Oviedo Femenino recuperó a una de las suyas para reforzar el proyecto y Laurina respondió con una temporada determinante: 7 goles y 4 asistencias la convirtieron en uno de los referentes ofensivos del equipo, logrando el ascenso a Primera Federación. «Volver a casa me hizo volver a sentirme futbolista. Había perdido un poco esa ilusión, ese disfrute, me sentía un poco perdida. Sentí orgullo, tranquilidad y mucha ilusión, porque sabía que el club había crecido y se había apostado por él», relata.

Llegada la hora del adiós, Laurina prefiere quedarse con las personas antes que con los títulos. «De lo que más orgullosa me siento es de la gente que he ido conociendo en el camino, de las amistades que he hecho». Y a aquella niña de Luanco que soñaba con ser futbolista profesional, ya solo le queda un mensaje: «Le diría que lo conseguimos. Que el sueño se cumplió, que ha sido muy bonito, pero que la vida va mucho más allá del fútbol, y que esa vida es la que nos toca vivir ahora".

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