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El Oviedo elige no pelear: goleada ante un Betis que se aprovechó de los errores azules (3-0)

Los azules, tibios en ataque y que solo hicieron 4 faltas en todo el partido, conceden atrás para olvidarse de la lucha por la salvación, solo pendiente ahora de certificar matemáticamente

Nacho Azparren

Nacho Azparren

Sevilla

Todos los síntomas que colecciona el Oviedo durante la temporada son los de un colista de manual. Y muchos de ellos se dieron la mano en La Cartuja para tumbar la propuesta azul de un soplido, no hizo falta un gran vendaval ni mucho menos, y acercar un poco más a los de Almada a Segunda. Ahora solo queda certificar lo que se lleva intuyendo durante meses y que solo la doble victoria contra Sevilla y Celta permitió dudar por un instante. Pero superada esa cima, todo ha vuelto al curso normal. El Oviedo es colista y se irá de Primera, solo queda certificarlo matemáticamente, sin siquiera haber peleado hasta el último aliento. Lo de La Cartuja, un 3-0 en el que por ejemplo solo cometió 4 faltas en todo el partido, es un caso más del expediente azul en el curso. Uno muy sintomático.

Betis
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3 0
Real Oviedo
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1-0, min. 23: Cucho. 2-0, min. 45: Abde. 3-0, min. 58: Cucho.

Alineación Betis

Vallés (1); Bellerín (1), Llorente (2), Natan (1), Ricardo R. (1); Amrabat (1), Fornals (2); Antony (1), Lo Celso (1), Abde (2); Cucho (3).

CAMBIOS

Riquelme (1) por Antony y Roca (1) por Fornals, min. 62. Isco (1) por Lo Celso y De Ossa (1) por Amrabat, min. 71. Ávila (1) por Cucho, min. 81.

Alineación Real Oviedo

Aarón (1); Nacho Vidal (0), Costas (1), Calvo (1), Javi López (1); Fonseca (0), Colombatto (0); Chaira (0), Reina (1), Thiago F. (1); Fede Viñas (1).

CAMBIOS

Cazorla (1) por Fonseca, min. 56. Sibo (1) por Colombatto y Hassan (1) por Thiago, min. 64. Lucas (1) por Vidal y Borbas (1) por Viñas, min. 80.


Adrián Cordero (colegio cántabro). Sin amarillas.

La Cartuja: 57.578 espectadores, con unos 100 oviedistas en la grada.

Lo de los síntomas va por lo visto ante el Betis. Primero, dominio y llegadas sin premio. Sin inquietar la meta rival, incluso. Después, los errores atrás. Esas concesiones que ante rivales de envergadura cuestan tan caro. Y, de fondo, el nivel de una plantilla que no le da. La comparación puesto por puesto, salvo excepciones como la meta y el nueve, deja la planificación de este Oviedo a la altura de lo que dice la tabla. Hasta las decisiones arbitrales son las clásicas de un colista. Pase lo que pase, siempre caen del otro lado. Cuando los árbitros hablan de jugadas grises, al Oviedo siempre le toca el color equivocado.

En líneas generales, sin entrar en los detalles, el Oviedo no fue mucho peor que el Betis en la primera mitad pero se fue con un 2-0 al descanso. ¿Por qué? Porque fue a la guerra con un tirachinas contra los tanques béticos. La candidez de este equipo ya se ha constatado a lo largo del curso y enlaza directamente con uno de los argumentos más repetidos de este año: a la plantilla no le da por nivel. Pero centrémonos en este capítulo en concreto. El que dice que el Oviedo salió bien plantado, nada apurado y coleccionó las primeras llegadas. Hasta que sus errores le facilitaron el trabajo a los locales.

Optó esta vez Almada por un doble pivote sin Sibo, con Fonseca y Colombatto turnándose en la construcción y como el Betis no mordía parecía una apuesta que al menos ofrecía frescura. Pero esa imagen tenía truco. Se verá más adelante.

No sospechaba nada raro por el momento los azules que solo tardaron 20 segundos en presentarse en el área rival (Chaira) y 3 minutos en probar los guantes de Vallés (Thiago). A los 9 repitió avance, pero Reina, tras una genial maniobra, lanzó centrado. Una falta lanzada por Colombatto que se fue cerca de la escuadra al cuarto de hora dio paso a un ligero nerviosismo de La Cartuja, expresado en silbidos más de advertencia que de enfado real. Espabiló a los de Pellegrini.

Calvo tapó a Cucho en la primera llegada local, justo antes de que el Betis acertara de pleno. Vidal perdió un balón sencillo cuando el Oviedo ordenaba su contra y los locales sonrieron porque eso era justo lo que habían estado esperando. El contrataque verdiblanco llevó el balón por el costado que Vidal había dejado libre para que Cucho, escondido en el área, se hiciera con el rechace y batiera a Aarón. El primer error azul en 23 minutos había llevado el balón al fondo de su portería. Lo dicho sobre los síntomas de un colista, en su máxima expresión.

Con el gol del Betis, dio un paso adelante más el Oviedo, en lo que parecía una reacción briosa. Lo que no me da el fútbol que al menos me lo dé el orgullo. En realidad era también lo que quería el Betis, que empezó a encontrar más vías para correr. A cada error azul, le siguió una estampida verdiblanca. Así Chaira abortó en el último momento la acción en la que Abde se relamía. A continuación, fue Aarón, con una mano firme, el que evitó el intento de Cucho. No necesitaba el Betis entretenerse mucho en la construcción porque lo suyo era el ataque directo, sin escalas.

Así llegó el segundo. La perdió Colombatto y el Betis echó a correr. Abde, esta vez sí, libre, empujó sin oposición. Antes de esa acción, la del segundo mazazo, el VAR se había pensado con detenimiento si una patada sobre el tobillo de Thiago en el área era merecedora de penalti. Llegó el teatrillo habitual con Adrián Cordero, el colegiado, llevándose la mano a la oreja hasta que, enérgico él, indicó la esquina. Hubo un tiempo, alguno lo recordará, en el que los árbitros eran un accesorio y pasaban desapercibidos. La jugada gris (la cuestión, parece, era si se había producido dentro o fuera), por supuesto, salió en contra.

Así que se fue al descanso el Oviedo con 2-0 en contra y la sensación de que el Betis no necesitaba gran cosa para mandarle a la lona.

No parecía el equipo con muchas ideas renovadas pero pudo encontrar un atajo a la reacción. Un centro magnífico de Thiago fue rematado al mismo nivel por Viñas. Cordero Vega mandó parar, los focos sobre él, para transmitir que desde el VAR habían detectado al uruguayo en posición adelantada.

Tiró entonces Almada de Cazorla (presentado por todo lo alto por la megafonía) y La Cartuja reaccionó con una ovación de las que solo se dan a los héroes. Pero lo siguiente fue la sentencia. Córner a favor de los azules y contra de los béticos que aprovecharon la candidez azul para, por medio de Cucho, machacar al colista.

A partir de ahí, el partido se quedó sin historia. Se vio obligado el Oviedo a intentar responder, y se juntó a Cazorla para tener algún argumento. Pero el Betis cerró bien. Sacó además Pellegrini a Isco como rehabilitación futbolística para confirmar que al choque le quedaba poca chicha.

Murió el duelo sin más, porque hacía mucho que el Oviedo lo había perdido. Sus errores allanaron un camino escrito desde hace meses y la falta de reacción, ese puñetazo encima de la mesa desde el orgullo, tampoco llegó. La pelea por la salvación ya es cosa del pasado. Ahora queda esperar el acta de defunción. Es solo una cuestión de tiempo, pero el Oviedo ya sabe que el año que viene volverá a Segunda. Fue breve y no muy disfrutable, la verdad, pero habrá tiempo de hablar sobre ello.

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