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Horarios imposibles, mucho tren y un mapa con chinchetas: La eterna peregrinación azul de Sid Lowe

El inglés, que viaja con su hijo a "una docena de estadios al año", disfruta a pesar de todo del regreso a Primera: "De todo, me quedo con el trato que los futbolistas han dado a Charlie"

Cervero, Sid Lowe y Charlie, en Anduva.

Cervero, Sid Lowe y Charlie, en Anduva.

Nacho Azparren

Nacho Azparren

Oviedo

El momento más importante de la semana para Sid Lowe es cuando La Liga hace oficiales los horarios del fin de semana. Es ahí cuando sabe si podrá ver a su Real Oviedo en directo. Sus obligaciones como corresponsal de The Guardian y sus colaboraciones en diversos medios no le dejan mucho espacio de maniobra, pero siempre trata de arreglárselas. Como en el choque reciente ante el Villarreal en el Carlos Tartiere: llegó a Asturias a las 20.00 en tren desde Madrid junto a su hijo Charlie y volvió a la 1.30 de la madrugada en bus a la capital por obligaciones laborales y lectivas. Nada nuevo en la agenda del británico, uno de los símbolos más reconocibles del oviedismo desde que en 2012 fuera decisivo en la ampliación de capital que salvó al club. Lowe, nombrado embajador del club, ha asistido a innumerables partidos del Oviedo, en el Tartiere y fuera de casa, acompañado siempre que puede de su hijo Charlie, que ha heredado la misma pasión.

"El horario del Oviedo-Villarreal no lo puso sencillo, pero no puedo desaprovechar la oportunidad porque quedan pocos partidos esta temporada", cuenta el británico, con un punto de resignación por un devenir que parece devolver al Oviedo a Segunda División.

El flechazo del británico con el conjunto asturiano se remonta a 1996, cuando aterrizó en Oviedo con una beca Erasmus. No le costó enamorarse de aquel equipo dirigido por Juan Manuel Lillo y que contaba con Onopko, Paulo Bento y Dubovsky como estrellas.

Luego tocó seguir en la distancia y, en los últimos años, en un rol mucho más activo, reconocida su labor para salvar al Oviedo en 2012 y nombrado después embajador azul. También es un ilustre viajero.

"No llevo la cuenta de en cuántos campos he estado, pero lo normal es una docena al año", relata. El plus de los últimos años es que lo hace acompañado de su hijo Charlie, que "pasa de ver al Real Madrid o al Barça, pero se vuelve loco con el Oviedo". "Hemos comprado un mapa para poner una chincheta de los estadios que hemos visitado", cuenta.

Cuando se le pregunta por la mayor odisea por ver al Oviedo, a Lowe le vienen a la mente las dificultades para llegar a Andorra en un partido que se jugó un lunes. Pero hay otro más llamativo. "Estaba en Alemania cubriendo la Eurocopa y encontré un vuelo para llegar a Barcelona a la final del playoff contra el Espanyol. Fue un viaje de un día, porque al siguiente volví a Alemania".

La mayor alegría es obvia: "el ascenso a Primera División". Para elegir la mayor decepción en directo le cuesta más por su carácter: "Hasta los malos días me parecen experiencias de las que aprender. Puede ser la eliminatoria contra el Espanyol, pero como subimos al año siguiente y pude verlo con mi hijo al lado, salió mejor".

Por último, se le pide a Sid Lowe el jugador más especial que haya visto en el Oviedo. Y no duda. "¡El Doc!", dice en referencia a Diego Cervero, ídolo en la etapa del barro y ahora médico del primer equipo. Pero añade: "De los viajes que he hecho a lo largo de estos años me quedo con el trato que los futbolistas han dado a Charlie. Michu, Linares, Toché, Mossa... Todos han sido un encanto con él. Ha sido muy especial y me ha conmovido".

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